48 horas en Granada

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Granada es uno de esos lugares tan a mano para un cordobita que pasan los años y te olvidas de su existencia. Algo sumamente injusto, a mi entender. Esta ciudad ofrece cultura, ocio y buen comer como ninguna otra por estos lares sureños. No voy a descubrir qué es la Alhambra ni a describir lo básico, pero sí voy a detenerme en ciertos puntos merecidos...

Bordear el Sacromonte. A pesar de tópicos, el Sacromonte (tiene museo a manera de centro de interpretación) es indispensable para dar un buen paseo y digo paseo porque aunque hay un buen servicio de minibuses desde el centro, lo suyo es ser un buen senderista urbano. La propuesta, acceder desde el paseo de los Tristes, posiblemente la más bella calle/balcón de Andalucía (aquí puedes visitarla virtualmente), solo seguida y no muy cerca por la calle Betis de Sevilla. A partir de este punto y sin dejar nunca de ver la mole de la Alhambra y el Generalife no hay más que subir por la antigua carretera de Murcia que bordea el barrio, las cuevas y el propio río Darro, metido en un profundo barranco. Lo mejor, hacer el paseo fuera de horas de turismo masivo (a primera hora de la mañana es perfecto).

Explorar los jardines de La Alhambra. Cuando subimos a La Alhambra lo hacemos para acceder al recinto, por eso el enorme parque que lo rodea queda como un simple lugar de paso. Gran error. Este parque/bosque es un maravilloso paraje lleno de agua, verdor y calma. Tiene sorpresas como una bella fuente renacentista, junto a la puerta de La Justicia.

Ver Granada desde la Torre de la Vela. También suena a tópico pero si se sube hasta La Alhambra es pecado mortal no acceder a su parte más vieja, la Alcazaba, para subir a este prisma de piedra casi perfecto, con una azotea desde la que se ve Granada, la Vega y Sierra Nevada. De abrir boca y ojos por asombro. Una curiosidad: cada 2 de enero se permite el toque de la campana, tan famosa por la copla Ojos Verdes. Eso sí: tienes que ser soltera, en teoría.

Entrar en la Capilla Real. Ver la tumba de Isabel de Castilla. Resulta curioso y algo morboso eso de ver a personajes tan históricos y cinematográficos como la reina Isabel, el rey Fernando o Juana La Loca,en sus sepulturas respectivas, bajo un impresionante mausoleo renacentista. Por cierto, en la sala contigua hay una pequeña pero bonita muestra de pintura religiosa del Cuatrocientos, con piezas españolas y flamencas de interés. ¡Ojo!, aunque es una capilla de la Catedral tiene accesos y entradas separadas.

Arte contemporáneo en José Guerrero. Frente a la Catedral se levanta este centro expositivo de cuidada arquitectura y una fantástica sala con ventanal que reúne obras de Guerrero. El resto del Centro siempre alberga muestras de interés, como una de las últimas, dedicada al fotógrafo estadounidense, William Christenberry.

El Realejo. Con tanto barrio famoso, como el aledaño Albayzin y sus cármenes, El Realejo es la gran olvidada y como me gustan los olvidados cito a este enclave densamente poblado. Era la judería en la Granada nazarí. No tiene la monumentalidad del resto del centro pero guarda bonitas plazas, vistas desconocidas a la Alhambra y joyas como el templo de Santo Domingo, de un precioso Renacimiento. Es un sitio genial para escaparse de las hordas turísticas y vivir una Granada más real. También para copetear por la noche. Y todo sin moverse del centro.

Comer bien

. Soy fan del esmero de la hostelería granadina en ofrecer locales agradables, modernos y con buenos ajustes de calidad y precio. Cito dos sitios muy recomendables:

El Tragaluz. En El Realejo, en la calle Nevot, 26. Decoración "casa de la abuela" con sala de exposiciones incluida. Grandes platos donde se mezcla cocina andaluza con mexicana y asiática. Ambientillo alternativo sin tonterías.

El Deseo. En un local moderno y cómodo en plena plaza de La Romanilla, junto a la Catedral. Ofrece platos de inspiración italiana, mediterráneo-granadina y atmósfera "relax cup of cofee in Granada centre".

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22 de enero de 2014 - 01:00 h
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