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Sobre este blog

Desde muy pequeña he sentido que mi mundo lo dirigían como en “El Show de Truman”, pero con Fofito. Me esforzaba en tener una vida seria y, desde arriba, alguien iba soltando “extras” y guiones absurdos que me hacían perder la dignidad a base de risa. Llegó un momento en que mientras protagonizaba esas historias, mi mente solo pensaba -para sobrevivir- en cómo iba a escribirlo. Por lo que ya no puedo seguir siendo testigo en silencio. Necesito vaciar mi cerebro y madurar.

Rakel Winchester

El misterio de los W.C de los bares en Pascua - Parte 3470367367567

Baño de un bar

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Un año más, representando al colectivo de trabajadores de bares que circundan las calles por donde van los pasos de Semana Santa y comitivas acompañantes, quisiera abogar por la "PIEDAD" y hacer los recordatorios pertinentes de cada año puesto que los W.C. de los bares pasan a ser públicos.

1. Los W.C. no se limpian solos al día siguiente. Ni viene el Arcángel San Gabriel a hacerlo, ni el mayordomo del algodón. Cuanto menos lo limpiará alguien que puede ser tu madre/padre, herman@ o abuel@.

2. Aun sabiendo que, en el caso femenino, ante la imposibidad de sentarse -por higiene- y que nuestro chorrito es traicionero (no podemos dirigirlo; a veces sale recto, a veces pa la derecha, a veces en modo difusor...), es probable que te lo hagas un poco fuera, pero SÍ PODEMOS echar nuestras cositas en las papeleras monísimas con las que cuentan dichos habitáculos.

3. En el caso masculino, aun pareciéndome increíble que una manguerita dirigida y una diana enorme, que es el urinario, imposibilite la puntería, na más pedimos que el espíritu del "hombre con regadera que como un poseso ha de eliminar pizcos, pelos, cenizas y manchas de los alrededores" abandone vuestros cuerpos. Más que nada porque se sale fuera to, maricarmen.

4. Que alguien me explique en qué página de la Biblia pone que hay que desenrollar el rollito de papel higiénico y tirarlo al suelo.

  4a. O meterlo en el w.c.

  4b. O, en el caso de los hombres, que en tu vida has visto que se limpien, de repente en semana santa tos se limpian mu formales y lo petan de celulosa hasta el ahogo.

5. Las pipas dan cagaleras. No permitamos que Churruca haga público ese humilde y personal acto de cagar. Eso se hace en la casa de uno de toa la vida de dios.

6. Es muy común encontrar en Semana Santa en las paredes de los w.c. de los bares huellas de suela de zapato. Pero no a la distancia de apoyarse en la pared de espaldas mientras esperas. Es muy común encontrar cacho de huellas a la altura de mi mano levantada. O me perdí un capítulo santo o el hombre araña es fan del Cristo de las Tres caídas.

7. No he visto más pelos en forma de espiral o de interrogación en mi vida -colocados a puñaos en lavabo y w.c- que cuando las masas usan los baños de los bares. O la Semana Santa produce alopecia genital o habrá que plantearse si las pipas debilitan el folículo.

8. Anoche cuando me puse el pijama me saqué del chirri una cáscara de pipa. Y juro que no comí ni una. Y juro que no me senté en el w.c. Y juro que no paseé en modo caracol por las calles al volver a casa. Hay algo en las pipas con cáscara que me resulta, cuanto menos, milagroso.

9. ¿Sería mucho pedir que tanto si la cisterna es de cadenita como si es de botón, os lavéis las manos antes de utilizarlo? La capa de masa que se crea un jueves santo sobre ell@s serviría pa hacer croquetas pa una familia numerosa!!

10. Si la gente disfrutara de las procesiones con la humildad que promueve la Biblia, si no pasara tres meses sin comer ni beber para guardarse las ganas ese día -que no he visto más carrillos inflados que los de los amantes de la semana santa- quizás los trabajadores de los bares no tendríamos que pasar por semejante suplicio. Yo no me meto con los gustos personales de cada cual. Pero cuando yo escucho al Drogas y a Rosendo no OBLIGO al mundo a cantar ni a llorar conmigo.

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Desde muy pequeña he sentido que mi mundo lo dirigían como en “El Show de Truman”, pero con Fofito. Me esforzaba en tener una vida seria y, desde arriba, alguien iba soltando “extras” y guiones absurdos que me hacían perder la dignidad a base de risa. Llegó un momento en que mientras protagonizaba esas historias, mi mente solo pensaba -para sobrevivir- en cómo iba a escribirlo. Por lo que ya no puedo seguir siendo testigo en silencio. Necesito vaciar mi cerebro y madurar.

Rakel Winchester

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Publicado el
5 de abril de 2021 - 06:01 h