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Diferente, divertido

Luis Medina

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Corren tiempos freak. Y nada más a propósito para demostrarlo que la pesadísima “gracia” de Halloween. La estupidez contemporánea tiene dos grandes obsesiones: la pretensión de ser “diferente” (sin tener muy claro a qué o a quién) y ser “divertido”. Ambas características participan en los carnavales de turno. Y Halloween es un carnaval temático de otoño. El enésimo juego de rol colectivo, esa manera coral e impostada de entender el ocio. Esa manera, curiosamente, de ser diferentes asegurándonos de actuar todos de la misma manera. Así, ya tenemos el por qué del éxito de este bien de interés comercial (aunque sea a base de vender calabazas de plástico con agujeros por ojos y boca), que hasta hace quince años era extraño a nosotros. Pero Disney Channel, en particular, y la industria audiovisual, en general, se han encargado de reescribirnos las costumbres, como si de un episodio del 1984 de Orwell se tratase.

Volvamos a la pretensión de ser “diferente”. Tenemos diversas opciones. Podemos pertenecer a una tribu urbana (me troncho con esta manera), tunear el coche o el móvil, personalizar el escritorio de nuestro ordenador, hacernos fotos para una red social en la que no se nos vea claramente, o sencillamente en la que no salgamos, o saltarnos normas de convivencia, que es algo que en nuestro país está muy bien visto. Por eso Spain is different. Por otro lado, si solapamos la diferencia con lo divertido, tenemos entonces la exaltación de lo frívolo. Esto es especialmente importante para salir del paso en una conversación sesuda (si es que quedan) que nos supere, o para diseminar por el aire las cenizas del último ejercicio de análisis de la realidad.

Lo divertido sí que es divertido, aunque no tenga ninguna gracia. Por ejemplo, para los actores y actrices contemporáneos, siempre es muy divertido trabajar con el director de turno. Y a mucha gente le resulta muy divertido su trabajo, sobre todo cuando le preguntan a alguien con cierta notoriedad de cuarta categoría. La moda lleva años buscando ser divertida, y los diseños más osados de las nuevas tecnologías, más allá de ser amigables, consiguen la tierra prometida de la diversión. Se me olvidaba que El hormiguero es un programa muy divertido. Divertidísimo. En especial su presentador, otra estrella mediática contemporánea de gran calado. La gente es poco feliz, en general, pero parece que se divierte mucho. Probablemente porque hamos bajado el listón a niveles infantil-adolescente, por otro lado algo coherente a los que hoy son fundamentales destinatarios de casi todos los mensajes colectivos. Y los demás los asumimos como un mantra buenrrollista, por si alguien (o lo peor, nosotros mismos) pudiéramos pensar que ya no somos jóvenes de espíritu.

Por eso, desde aquí no puedo más que sorprenderme de la juventud de espíritu del presidente del Córdoba, Carlos González, que en la semana de Halloween nos ha regalado una vez más la notoriedad, la diferencia y lo divertido del Córdoba CF a nivel nacional. Desde Sandokán no habíamos logrado tanto. Y lo peor es que pensará que fue un éxito, dada la entrada en el partido de Copa. Si es que no me entero. Yo, esclavo de la razón, que pensaba que el éxito de convocatoria se debió a un horario decente (7 de la tarde) en día festivo, precios muy populares, buen tiempo, rival de primera división y expectativa de enfrentarnos al Barça en la siguiente ronda. Yo, que no he sido capaz de ver lo divertido del video de marras. He visto lo friki, eso sí. Y ya sabemos que lo friki es tan gracioso...

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