Foto finish

El fin del mundo plantea algo positivo. Más allá de que se cumpla o no, el presunto Apocalipsis facilita una fecha perfecta para hacer balance. Sin embargar el pasado, el último día de la vida se perfila como la jornada perfecta para hacer acopio de lo que ha acontecido desde tiempos inmemoriales y hasta la actualidad.

El ocaso planteado por la cultura maya, que hay quien lo cree a pies juntillas y quien lo añade a las ciento ochenta y tres predicciones fallidas de la historia del fin de la Humanidad, ofrece la posibilidad de reflexionar sin tapujos sobre lo reciente.

Dicho ejercicio retrospectivo se resume en una instantánea de ambiente donde aparecen un guión, unos actores, un contexto y un desenlace. La película que engulle a semejantes activos de filmación lleva el nombre de Foto finish.

En el ámbito deportivo, dicha fotografía hace alusión al último instante de una carrera donde gracias al disparo de una cámara se detalla y precisa quién ha traspasado antes que el resto el límite que marca el éxito o la derrota.

Trasmutando la propia vida al papel, la Foto finish de Córdoba viene a plasmar con claridad el panorama de una ciudad –la capital- y una provincia con evidentes síntomas de derrota.

En la secuencia existencial de Córdoba se manifiesta una decadencia progresiva y desmesurada a lo largo de la historia. La también conocida como Ciudad de Los Califas ha vivido épocas de esplendor ejerciendo en ocasiones y a través de la medina el liderazgo mundial en el ámbito del progreso social y cultural.

En los presentes días, en los últimos años, en los pasados siglos, Córdoba ha ralentizado su evolución convirtiéndose en una ciudad estanca donde, a pesar de contar con todos los recursos humanos, materiales e inmateriales apenas se ha sabido sacar el máximo rendimiento.

Pocas alegrías –la última, los Patios- y múltiples decepciones. Córdoba ha perdido peso, ha dejado de poseer tono muscular para llegar a la meta con opciones de estar a la cabeza. Los actores sociales han malinterpretado su papel para escribir una historia que, de acabar aquí tal día como hoy, representa la imagen de la derrota.

No obstante, hay algo bueno. Tiene arreglo. El fin del mundo plantea el comienzo de uno nuevo tiempo. Evítese pensar en el final porque, pese a llegar los últimos, tras la meta hay otra carrera. Y esa no se puede volver a perder.

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21 de diciembre de 2012 - 11:36 h