Emigrar es la única opción para muchos españoles

Vuelve a pasar; podía parecer algo remoto, cantado en coplas y contado en historias por nuestros abuelos, pero no. Somos de nuevo un país de emigrantes. ¿O será que siempre lo hemos sido y lo de estos años atrás no es más que una anomalía histórica y económica? Desde el año 2000 hasta la fecha hemos tenido una de las mayores tasas de inmigración de la Unión Europea, y la población residente de nacionalidad extranjera en España superaba en 2011 el 12 por ciento de la población total. Ahora, como consecuencia de la crisis, se perderá en nuestra nación un millón de habitantes antes del año 2020, porque la emigración en lo que queda de década será mayor que la llegada de inmigrantes.

La principal causa por la que se ha invertido el fenómeno es que aquí no hay trabajo, y no parece que lo vaya a haber en tiempo. Los informes elaborados por expertos de distintos ámbitos dicen que la situación empeorará, aumentando el paro y la exclusión. A mi me dan vértigo las cifras:  hay 12,7 millones de españoles que no tienen ingresos suficientes para una vida digna; el 40 por ciento de la población cordobesa esté en riesgo real de pobreza. Nuestro sistema se aleja del bienestar y la justicia.

Hay algo que diferencia esta nueva emigración de la que se dió en el pasado: ahora se van personas con mucha cualificación profesional. Se van ingenieros superiores, profesionales de la sanidad, expertos de la construcción,..., que hablan idiomas, que tienen experiencia. Y que hacen las maletas para buscarse la vida fuera de aquí, por que aquí no tienen futuro, ni presente.  Esta semana, el Director gerente de Fundecor, Pedro Montero ha dicho que el presente de los titulados ya está en el extranjero. Desgraciadamente tiene razón. Somos, cada vez más, una fábrica de profesionales para el exilio.  Leía hace poco que Arabia Saudí pedía 100.000 enfermeras a España, nada menos que diez promociones de egresados (si no me equivoco en nuestro país se titulan al año entre 8.000 y 10.000 profesionales de la enfermería). Leía también que en los próximos años unos 10.000 ingenieros superiores abandonarán España para trabajar fuera. Y, esta misma semana, Austria ha ofrecido trabajo a 5.000 españoles en su sector turístico. Seguramente muchos de los que emigren no se van a ir fuera porque sea su mejor opción, se van a ir porque es la única opción que tienen. En noviembre de 2011, visitando las ruinas de una ciudad Inca en Ecuador, el guía que me hablaba del pasado de aquel lugar, me decía totalmente convencido que no pasaría mucho tiempo para que los europeos, y particularmente los españoles, por aquello de la facilidad que da tener la misma lengua, emigráramos a su país. Igual que lo habían hecho sus bisabuelos, que eran gallegos.

Hay quien se consuela pensando que esta emigración permitirá aliviar las tensiones en el mercado de trabajo español y ahorrar en prestaciones por desempleo y en pensiones, al mismo tiempo que permitirá el crecimiento de nuestra economía gracias al estímulo que para el consumo interno supondrá el dinero que manden a sus familiares. Para mi es un drama humano y social. Y una tragedia para España. Esta emigración forzosa es una huida, justificada individualmente por razones vitales, que va a acelerar el desastre al quedarse nuestro sistema sin una parte importante de los más cualificados, de los mejores.

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21 de octubre de 2012 - 08:00 h
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