El Centro
Con la llegada de las primeras elecciones democráticas de la Transición, la ilusión por el solo hecho de poder votar nos condicionó mucho el análisis de la realidad política. El hecho de que hubiera acabado una dictadura y presenciado el suicidio político del franquismo, al menos eso creímos muchos, nos llevó a la conclusión de que las fuerzas políticas de la izquierda, que habían luchado por acabar con el régimen, llegarían a gobernar. Pero realmente solo se trataba de una adaptación del Poder de siempre a las exigencias de los tiempos y a una estrategia que garantizaba estabilidad en los momentos convulsos que se producían por un cambio del sistema. El disfraz que usaron fue el de fuerza política de centro, con lo que se creó un conglomerado de diversas tendencias, liberales, democristianas y socialdemócratas, para formar un partido, Unión de Centro Democrático, ni de los unos ni de los otros. Por un lado, el franquismo sin el dictador no tenía futuro, y el miedo de mucha gente a que un triunfo de la izquierda provocara otro golpe de estado, hizo que la imagen moderada se impusiera.
Desde entonces se instaló la idea de que para poder gobernar en la naciente democracia había que dominar lo que se llamó el centro político, es decir había que moderar los discursos y las propuestas. Todo un reto en una situación de cambio político, unido a una profunda crisis económica. La fuerzas políticas, en su mayoría, tuvieron una actitud de Estado y participaron en la solución de la compleja realidad que se atravesaba, lo que conllevó realizar importantes renuncias a algunos de sus principios, especialmente la izquierda. La Constitución y los Pactos de Toledo fueron ejemplos de esa sensatez política.
Ahora, medio siglo después y visto desde el panorama actual parece política ficción.
La esperada crisis y desaparición de la UCD dejó un espacio político que aprovecho un joven Aznar para refundar el partido creado por el franquista Fraga, lo hizo con la vocación de ser un partido de centro-derecha, al menos eso dijo. Ese fue el nacimiento del actual Partido Popular. El centro político seguía siendo el que había que tener en cuenta para conseguir llegar al poder.
Esto llevó también a los socialistas a disputarle a la derecha ese espacio, primero renunció al marxismo, después suavizó sus propuestas y por último incorporó a sus filas a antiguos militantes del ala socialdemócrata de la desaparecida UCD. Este giro hacia el centro convenció al electorado y consiguió el Gobierno, pero le costó que los sindicatos le montaran dos huelgas generales por sus renuncias a aplicar las políticas progresistas que se esperaban de una fuerza socialista. Así se fue conformando un centro-derecha y un centro-izquierda. He conocido a votantes que me han confesado que votaron indistintamente a uno u otro partido.
No obstante en la etapas en las que el PP no ha estado en el gobierno, ha ido creando un estado de crispación para contentar al ala franquista que llevaba en su interior radicalmente contraria a que la izquierda gobernase. Pero el huevo de la serpiente eclosionó, se desgajó del partido nodriza y cobró fuerza propia. Esto ha condicionado totalmente la política actual, el PP en lugar de afianzar su apuesta por el el centro, intenta que el engendro nacido de sus entrañas, no le robe el espacio a su derecha, y se ha entregado hasta el extremo de que gobiernan juntos en ayuntamientos y comunidades autónomas. Y lo hará en el Gobierno si gana las próximas elecciones, con lo que el franquismo volverá a gobernar.
Por otro lado, el PSOE, sin abandonar totalmente su perfil moderado, se ha visto obligado a tener que pactar con las fuerzas políticas a su izquierda para conseguir el Gobierno, lo que le ha supuesto que haya Ministros comunistas, menos mal que el comunismo ha demostrado no ser el monstruo que nos habían dicho, y desde su parcela de responsabilidad se han limitado a poner en práctica las políticas que han abandonado los socialistas.
La consecuencia de esta estrategia de la derecha de abandonar la moderación y su descarada inclinación hacia las políticas de corte fascista ha sido poner en una marcha enloquecida la movilización frenética de su sector político, judicial y mediático contra el Gobierno y su Presidente, llegando a extremos nunca vistos en la democracia, con el uso de mentiras, descalificaciones personales e insultos. Esto ha traído como consecuencia, la radicalización de la sociedad y la práctica desaparición de ese centro-derecha. Un problema que también ha afectado a los votantes de centro- izquierda, aunque más moderado debido a las medidas políticas que ha puesto en marcha el Gobierno de coalición.
La perspectiva en el escenario europeo y mundial no invita al optimismo. La realidad es que la democracia corre un serio peligro. Lo único que puede salvarla es que los partidos liberales, democristianos, socialdemócratas... es decir, los que dicen defender un sistema de libertades y derechos, se enfrenten a ese neofascismo y recuperen el espacio político que están perdiendo con propuestas y medidas políticas que combatan a los radicalismos, xenofobia y antieuropeismo, en una ofensiva que no puede esperar y destacando la importancia de los valores que han hecho de nuestras sociedades crecer en un estado de libertad y bienestar inigualables.
En esta situación la socialdemocracia tiene la responsabilidad de continuar garantizando una atmósfera política de entendimiento en la defensa de los valores de la democracia y el estado de bienestar. También las fuerzas políticas de izquierda deben analizar seriamente que lo que importa en estos momentos es salvar un estado de derecho amenazado y dejar para más adelante la reivindicación de un programa de máximos. Es lo que se hizo en la transición política. Y es lo que no se hizo durante la República, con las trágicas consecuencias que tuvo una actitud de confrontación suicida frente a la amenaza fascista.
Puesto que nos obligan a volver a tiempos pasados, aprendamos de la historia para no repetir los errores que en estos casos conducen a retrocesos de conquistas en derechos y libertades que costaron mucho alcanzar y que se pierden en un momento. Es lo que tiene la democracia, es frágil y requiere que la defendamos constantemente.
Sobre este blog
¿Tienes algo que decir y lo quieres escribir? Pues éste es tu sitio en Blogópolis. Escribe un pequeño post de entre cuatro y seis párrafos a cordopolis@cordopolis.es y nuestro equipo lo seleccionará y lo publicará. No olvides adjuntar tu fotocopia del DNI y tu foto carnet para confirmar tu identidad. Blogópolis es contigo.
0