Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Sobre este blog

¿Tienes algo que decir y lo quieres escribir? Pues éste es tu sitio en Blogópolis. Escribe un pequeño post de entre cuatro y seis párrafos a cordopolis@cordopolis.es y nuestro equipo lo seleccionará y lo publicará. No olvides adjuntar tu fotocopia del DNI y tu foto carnet para confirmar tu identidad. Blogópolis es contigo.

Sobre Adamuz, una carta sobre el cuidado

Estado en el que ha quedado parte del tren Iryo tras el accidente

Blogópolis Opinión / Enrique Adamuz

0

En un país se nota la tragedia por detalles mínimos: cuando hay más termos en la mesa, más mantas dobladas en los brazos, más puertas abiertas sin preguntas.

Nadie sabe qué decir del todo. Pero casi todo el mundo sabe qué hacer. Como si la vida hubiera tirado al suelo nuestros nombres propios y ahora nos tocara agacharnos, sin hacer ruido, para recogerlos.

Porque hay un momento en el que una noticia deja de ser cifra o titular y acaba siendo nombres. Tantos como personas. Y entonces pasa algo bonito, aunque duela decirlo: el pueblo se vuelve más pueblo.

En días así, la bondad no hace ruido. No posa. No escribe hilos. Casi no deja fotos. Solo se nota: en un coche ofrecido, en un “cuando puedas, dime”, en una silla apartada, en un “ven conmigo” a tiempo.

Y uno aprende —a la fuerza— una lección sencilla: la vida no nos pide que lo entendamos todo, nos pide que estemos. Hay cosas que no dependen de nosotros; lo que sí depende es no endurecernos, no convertir el dolor en espectáculo, no usar la herida como excusa para odiar más. Mantener el pulso sereno, la palabra justa, la mano cerca.

Todas las tragedias dejan dolor, sí, y también una verdad incómoda: vivimos demasiado como si no fuéramos a perder nada. Por eso, en estas horas, lo único decente es el cuidado: el duelo sin espectáculo, la información sin ruido, la empatía sin propaganda. Que el dolor no se convierta en costumbre.

Como escribió Benjamín Prado, “aparten sus oscuras banderas de las víctimas”. Y yo añado: que a nadie se le olvide qué era hacer política cuando de verdad importaba—buscar un suelo común, bajar el tono, cuidar el consenso—y no convertir el dolor en un campo de batalla.

Quizá lo mejor que pueda hacer cualquiera —también quien gobierna— es eso: no abandonar. No opinar. Y recordar —con respeto— que la vida no se merece nuestra prisa, sino nuestra atención (y luchar por que sea así). Con eso, el país se parecería un poco más a un nosotros.

Sobre este blog

¿Tienes algo que decir y lo quieres escribir? Pues éste es tu sitio en Blogópolis. Escribe un pequeño post de entre cuatro y seis párrafos a cordopolis@cordopolis.es y nuestro equipo lo seleccionará y lo publicará. No olvides adjuntar tu fotocopia del DNI y tu foto carnet para confirmar tu identidad. Blogópolis es contigo.

Etiquetas
stats