Simplemente Viernes

Es viernes. Hace por fin un frío para curar jamones. Es una media mañana muy agradable en las calles del barrio, Brooklyn-Santa Rosa. Me acerco a la frutería: mandarinas, acelgas, un par de granadas, todo de temporada, comercio cercano, bolsa de papel.

Coincido con Anna en la esquina, nos saludamos, ve los libros que llevo bajo el brazo: "La Merde", de Ginés Liébana y "Alegría", de Manuel Vilas. Mucho hombre, dice Anna al ver mis libros. Parece censurarme. Me gusta encontrarme con mi vecina Anna, es necesaria, es española. Fresca, como esta mañana.

Del ser español habla, una vez más, la última novela de Manuel Vilas. Me acuerdo de otro amigo del barrio que recuerda las palabras de su padre historiador: "se debería hablar más de los españoles que de España" –o algo así-.

Mi amigo y su padre historiador se apellidan García y son del Real Madrid. Españoles, pues.

Como yo; que no soy del Real Madrid.

Me gustaría escribir como Manuel Vilas, pero es muy difícil. En un alarde, me gustaría escribir mejor que Vilas, pero es directamente imposible. Creo que esto se debe a que me gustaría escribir de España y no puedo. Tal vez es que no tengo claro el concepto.

Mis padres están muertos y no tengo hijos. Tal vez por eso no sé escribir de España, porque soy un eslabón suelto de alguna cadena, si eso pudiera explicarlo un topicazo así.

Hay que tener muchos huevos para titular una novela "Alegría".

Vilas los tiene.

Y él me recuerda que tal vez yo pueda encontrar esa suerte de epifanía simplemente paseando por el barrio, cruzándome con Anna, comprando en la frutería o acordándome de mis muertos en un viernes fresco cualquiera.

Decir también patria. O matria. Sin rechinar de dientes. Con alegría.

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16 de noviembre de 2019 - 23:31 h