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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

El palco del Bernabeu

Palco Vip Estadio Bernabeu

Juan José Fernández Palomo

16 de mayo de 2026 19:47 h

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Estuve hace un par de días caminando por el mercadillo “de las setas”.

En el “mercata” hay un gran tenderete de camisetas “truchas” de equipos y selecciones de fútbol. A muy buen precio, además: Una, diez euros; dos, quince.

Tejido chungo, eso sí. Camisetas llegadas desde allí donde nunca hubo Cristo y que han debido pasar por el Estrecho de Ormuz en mejores momentos.

Pensaba en geopolítica mientras me debatía entre comprarle una camiseta de Mbappé del PSG o de Mbappé del Real Madrid a mi sobrino. O de Vinny Jr. O de César o nada.

No compré nada; pero me recordó a aquella vez en la que estuve en el Palco del Bernabeu. Qué guapo todo…

No voy a explicar aquí por qué yo estuve invitado al Palco porque ni yo mismo lo recuerdo, pero soy un tipo agradecido.

Eso era maravilloso. Estaba muy alto, sobre el cielo de Madrid. Había barra libre, obviamente. Todo elegante y perfumado. Recuerdo que había camareras y camareros uniformados como personal de vuelo de Fly Emirates sirviendo canapés y cuenquitos de pistachos a cascoporro.

En una pared, junto a los extintores, había también un desfibrilador. Y había un rinoceronte metálico (réplica de uno que hay de Dalí en una rotonda de Marbella) cuyo cuerno era el grifo desde el que brotaba la cerveza (de marca blanca, claro, no Mahou, porque la mahou es del Atleti).

También había allí narcopantallas enormes que reproducían imágenes en alta velocidad de cómo iban las nuevas obras en el Canal de Panamá (sin sonido). Siempre estamos de obras en el Canal de Panamá, es como la parcela de un cuñao, no tiene fin.

Alguien me dijo que el Palco tenía un sistema de defensa en el que se blindaba por si había un ataque de drones o helicópteros como aquel que hizo Don Altobello. Poco probable.

Todo eso me contaron. Pero vi poco fútbol. Eso era otra cosa que estaba muy abajo.

De hecho, el palco está tan arriba, tan lejos de la cancha, tan ajeno a lo que pasa en el césped, al chasquido de los tacos, al crujido del tobillo, al olor de la hierba segada, que ni una volea perpetrada por un central asustado llegaría a su cristalera blindada.

“Hemos venido a otra cosa, el resultado nos da igual”.

Y sin embargo yo solo quiero comprarle una camiseta a mi sobrino. Que me la pagará con un beso. Eso es el mercado.

Empata ahora, presidente; si puedes.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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