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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Dylan en la Feria de Córdoba

Dylan. Filosofía de la canción moderna

Juan José Fernández Palomo

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Reconocemos que esto que les vamos a contar es una historia un pelín rocambolesca; pero nadie la ha negado hasta ahora.

Resulta, que hace unos años, se planteó la posibilidad de que Bob Dylan, cantautor de Minnesota (EE.UU) y Premio Nobel de Literatura en 2016, acudiese a Córdoba para intervenir en una de las ediciones de Cosmopoética. La “percha” era fantástica: Bob podría cantar o no, leer sus textos o no, comer bolitas de flamenquín o no, con una fecha tan emblemática como la de 2016 como leit motiv (por la que nació años antes “Cosmopoética”) y en la que las aspiraciones de esta ciudad, Córdoba, sufrió un duro varapalo en su autoestima. La cosa pintaba bien, melancólicamente bien, porque la épica de Bob está plagada de perdedores, de sueños rotos y de aspiraciones que se quedan chapoteando en una orilla incierta.

Las empresas de “gestión cultural” que aspiraban a coordinar el festival poético se enfrascaron entre mails cruzados, rifirrafes de procedimiento, intermediarios rarunos y cosas así. Y, mientras, al Ayuntamiento (con una corporación recién estrenada) se la sudaba un poco todo esto pensando que Bob Dylan era un veterano recordman afroamericano de salto de longitud al que, en todo caso, debía invitar el Instituto Municipal de Deportes para hacer una exhibición en El Fontanar.

En fin; otro pequeño desatino. Nada extraño por aquí.

Pero el caso es que un pequeño grupo de peñistas, “Los amigos de Menphis blues again” consiguieron contactar con el músico, tras un concierto a las afueras de Coimbra, para que buscase un hueco en su “Neverending Tour” y pudiese pasarse por Córdoba en Mayo, para una comida de hermandad y un encuentro en su caseta (efímera) de Feria.

Bob llegó en un “suv” de cristales tintados al aparcamiento de El Arenal. Nadie lo reconoció en su trayecto a pie desde la furgo a la caseta porque Bob va siempre vestido de sí mismo; es decir, de incógnito.

Como dice Calamaro: “Bob lo sabe todo, pero es un hombre muy discreto y no dice nada; será mejor así”. Sin embargo al bardo de Minnesota le sorprendió la música que sonaba por los altavoces de la Feria. “Es tradicional y suena ahora un poco más bajito”, le explicaron sus anfitriones de la peña.

“¿Tradicional?” repreguntó Bob con voz queda. “¿Y dónde están Hank Williams, Nina Simone, John Trudell, Allen Tussain, Johnny Cash…?”

Dijo eso muy bajito. Y siguió caminando mirando al suelo.

(En este momento hay que recordar que el Premio Nobel escribió el magnífico “Filosofía de la canción moderna” publicado aquí en la editorial Anagrama y que me regaló mi amigo Luis)

Sonaba una rumbita rociera del grupo “Siempre Así” mientras Bob arrastraba sus botas de cuero español por el albero.

“Yo con mis botas a 40 grados y estos aquí con esos zapatos castellanos sin calcetines; es curioso” susurró Bob con su voz de arena.

“Gente peculiar”. Esa, me dicen, fue la última frase que le escucharon a Dylan en su discreta visita a la Feria de Córdoba hace unos años. Luego lo llevaron a su furgo y dos días después tocó en San Sebastián. Empezó su concierto en el Kursaal de Donosti con una versión de quince minutos de “Menphis Blues again” porque le dio la gana.

“Peculiar” se dice en inglés “peculiar”.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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