Febrícula

He sufrido un pequeño proceso catarral que parecía el anticipo de una gripe inminente.

Los motivos han sido varios y combinados. Por un lado, las recomendaciones de la Consejería de Salud para que nos vacunemos y no tener claro si soy población de riesgo o no. Por otro, las informaciones conspiranoides sobre lo fatal que son las vacunas que nos hacen vivir a merced del lobby farmacéutico. Por otro, tanto hablar de la ola de frío y, por último, el bombardeo de anuncios en la tele de productos para combatir el resfriado donde aparecen conceptos inquietantes como "mucolítico", "broncodilatador", "antitusivo", "expectorante", "tos improductiva", "irritación"…

En fin, que al parecer somatizo las informaciones.

Así que, tras ingerir un combinado de drogas legales, me metí en la cama con la bolsa de agua caliente forrada de paño de cuadritos que me han regalado por Reyes Magos y me quedé dormido.

Debí hacerlo con la radio puesta porque he soñado con Manuel Valls.

Sí, el que fue alcalde de pueblo francés, ministro de la Republique, primer ministro de la misma Republique, aspirante a presidirla que fracasó en el intento, socialista que se pasó a las filas de Macron tras el petardazo y autoproclamado alcaldable de Barcelona, en mi sueño, también presentaba una candidatura alternativa para presidir el Barça con el argumento irrebatible de que su primo, Manuel Valls i Gorina, era el compositor del himno del equipo. ¡Y ahí sí que ganaba!

Con la imagen de Valls en el palco del Camp Nou flanqueado por Quim Torra y Florentino Pérez me desperté sobresaltado y sudoroso: debí tener algo de febrícula durante la noche.

Estoy mejor del catarro, bien es cierto. Pero lo de Valls no lo entiendo.

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13 de enero de 2019 - 02:00 h