Miedo, tengo miedo...

Algún veteran@, nostálgic@ copler@ ha podido asociar el título del artículo a la mítica canción interpretada magistralmente por legendarias folclóricas. Desafortunadamente no es así. Desgraciadamente es el mantra que regularmente se repiten miles de empleados cada día cuando acuden a su puesto de trabajo.

La cuestión a plantear sería: ¿a qué o a quién tienen miedo?. Responder a esta pregunta, nos daría para escribir un libro y no un artículo que es lo que nos ocupa.

Si es cierto, parece sorprendente, que en pleno siglo SXXI haya Organizaciones que aún permitan aplicar un estilo de liderazgo basado en el miedo: amenazas, castigos, en algunos casos insultos, sumisión, obediencia absoluta, ausencia de libertad en la toma de decisiones, opacidad en la comunicación, generación de incertidumbre e inseguridad, se convierten en el pan nuestro de cada día.

Si se me permite la reflexión, y aunque parezca incongruente, podría entender la aplicación de un estilo de liderazgo así PERO bajo las siguientes condiciones: competencia previsible, los clientes cautivos, mercados estable, tareas repetitivas, empleados siempre obedientes. Reto a cualquiera que éste leyendo este artículo para que mencione una Organización, sólo una (del mundo desarrollado claro) que se maneje bajo este paradigma.  Bajo mi experiencia nos encontramos con todo lo contrario: competencia imprevisible, clientes con libertad de decisión, mercados inestables (por no decir locos), y esto provoca que las empresas necesiten empleados que fomenten la creatividad y la innovación, que estén al máximo de su potencial.

El miedo, es una de las emociones básicas de ser humano, que literalmente cortocircuita nuestro cerebro. Los estudios neuromédicos constatan que la inteligencia de un individuo no depende del número de neuronas que tenga, sino de las conexiones que se establecen entre ellas. El axioma es por consiguiente, tremendamente simple:

Miedo=Menos conexiones=menor rendimiento=menor resultado=problemas para la Organización

Desde esta humilde tribuna quiero hacer un llamamiento a todos los jefes, directores, mandos intermedios, y demás responsables que todavía gestionan sus equipos a través del miedo. ¡Nunca es tarde para cambiar!. ¡Deshaceros del palo que tenéis encima de la mesa! ¡aunque lo empleen con vosotros, no seáis correa de transmisión! ¡Salid de la mediocridad! ¡Rebelaros! Y si no sabéis cómo ¡pedid ayuda! Solicitar ayuda no es un síntoma de debilidad sino todo lo contrario es un ejercicio de responsabilidad, de alturas de miras, de coherencia, en definitiva de SER grande. En los momentos de mayor dificultad, en los momentos más duros que puedan afectar a una Organización, vuestros equipos necesitan que generéis confianza(y no dudas), que los ayudéis a crecer (y a no hundirlos), que estéis a su servicio (y no os sirváis de ellos),  que les deis las herramientas para que desarrollen todo su potencial (y no los dejéis indefensos ante clientes y situaciones comprometidas).

Creo profundamente en este estilo de Liderazgo, porque lo he visto funcionando y sé de lo que es capaz. La supervivencia a largo plazo de las Organizaciones depende de su implantación.

Lao Tse identificaba 4 grandes estilos de Liderazgo: el admirado, el respetado, el temido y el invisible. Este último es el que transciende a la Organización, garantiza su sostenibilidad y lo inmuniza de las personas, por consiguiente, cuando un equipo funciona sin su líder en unos estándares elevados de excelencia, éste puede afirmar sin reservas: MISIÓN CUMPLIDA.

Por un liderazgo invisible que cree tantos líderes como personas existan en la Organización. BE TIM.

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24 de abril de 2014 - 20:34 h
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