Señas de identidad

Me decía el otro día mi amigo Pablo lo difícil que es describirse a uno mismo. No es que estuviese el muchacho escribiendo su autobiografía ni poniendo a prueba mis conocimientos sobre su persona (quiero decir, que no era una solicitud indirecta de halagos), era porque tenía que redactar una especie de videocurrículum hablando de él y estaba algo perdido en el tema (aunque lo solventó de tal manera que chapó querido).

Y es que no es sencillo. Ni sencillo ni sincero.

Ejemplo gráfico (aunque parezca ya de otra época porque insisto en mi teoría de que Infojobs son los padres) al que todos nos hemos expuesto: una entrevista de trabajo.

Pregunta (ahí te he pillado): Una virtud de tu persona

Respuesta tipo: Soy muy trabajadora, una curranta (siempre con esta imagen en mente)

Pregunta (venga, gracias)- ¿Tu peor defecto?

Respuesta tipo (TROLA MÁXIMER) Soy demasiado perfeccionista

Por más que vayamos de frente (que, por cierto, dice mi monitor del gimnasio que si andamos al revés ejercitamos más no se qué movida, no lo intenten con el poder de Mahou, en serio) nadie contestaría la verdad:

Pregunta: Una virtud de tu persona

Respuesta (no hay huevos): Tengo una tolerancia increíble a la cerveza, soy capaz de dormir 12 horas sin problema, es más, casi que lo necesito, me encanta invertir HORAS de mi vida en la búsqueda de gifs e imágenes WTF por la red de redes, se me da genial fingir que me duele algo y... ¡Ah perdón! Qué era sólo una.

Pregunta- ¿Tu peor defecto?

Respuesta (ve recogiendo tu chaqueta): Suelo tener muy mal humor por las mañanas, mis picos de ira derivan en intensas ganas de matar y por lo general siento desprecio absoluto por gente con un tono de voz tan crispante como el suyo.

Por la paz mundial, supongo que mejor seguir contestando lo que quieren oír.

Esto me lleva a plantearme si conocemos realmente cuáles son nuestras señas de identidad (me lo planteo así por encima, entre qué como mañana y qué ponen luego en la tele, no esperen una tesis o estudio ahí brutal, esto es a lo loco). Me refiero a aquellas pequeñas cosas que hacen que al mencionarlas cualquiera sepa que se habla de nosotros.

Mi Teoría del día es que más bien no.

Quizás de nosotros no, pero si que somos capaces de reconocer a la gente (la genialidad está en que lo podemos hacer tanto con los que conocemos y amamos como con una infinidad de personajes públicos e históricos - ¿Me entiendes?) por esos rasgos identitarios.

En esta crisis de los 29 que tengo, mi inconsciente parece estar buscando generar nuevas señas de identidad en torno a mi persona. Así, en mis últimos dos viajes (no superiores a 500 kilómetros, que no soy yo Carmen Sandiego) me he olvidado las bragas. Como si de la Z de El Zorro se tratase, de la siguiente carta de El Asesino de la baraja (juraría que nos quedamos en el cinco de copas, por dios aclárenme si me equivoco) o de la cabeza de caballo junto a la almohada, parece que mi ropa interior se queda como mi nueva firma de visita.

Así es como me reconocerán, muahahahahaha. Bah, sublime absurdez porque además de que acabo de recuperar unas de ellas, me imagino que tengo otras muchas normales y comunes que ayudan a saber qué soy yo (no voy a ser yo).

Las hay normalitas como las de esas personas que no saben apagar los pitis (mamá, cuando seas mayor y vuelvas a fumar tenemos que hablar muy en serio sobre este tema porque te lo tienes que hacer mirar), la gente que levanta el meñique al beber ya sea de una taza de porcelana o de un vaso de Snoopy, o todas esas mujeres que entirabuzonanentirabuzonan (RAE, ¡venid a por mí!) el pelo en bucles mientras hablan sin ningún fin más que engrasarse a tope los mechones seleccionados.

Y hay señas de identidad intensas y cuquis (que, por cierto, AMO) como la gente a la que reconocemos sin mirar sólo por su olor, su risa, su tono de voz o el sonido de sus pisadas.

Me chiflan también algunas como los hipos o soniditos mágicos inesperados y siempre espontáneos que muy poquitos seres son capaces de reproducir. ¿Y qué me decís de los estornudos? Los hay tan divertidos y sonoramente increíbles que me haría una playlist. Jo, algunas personas de verdad que moláis mucho.

Alucinantes me siguen pareciendo los silbidos paternomaternales (¡aquí estoy académicos!). ¿Realmente cada padre o madre es capaz de desarrollar un silbido diferente a cualquier otro y que sólo lo reconozcan sus hijos? Ahí lanzo la pregunta (así como todo mi apoyo a aquellas personas a las que hayan llamado, y llaman, con estos ultrasonidos como si de mascotas se tratase).

Luego están las frases míticas. porque hay personas que han sido capaces de hacer de unas palabras su seña de identidad: desde el Me llena de orgullo y satisfacción pasando por el Hola Corazones o el difícil de olvidar, por cansino e inmortal, Hasta luego Lucas.

Desconozco si estas señas de cada cual y cada uno son compartidas o las llevamos en nuestra cabeza. Sólo sé que sin saber, ya sabía que eras tú.

https://www.youtube.com/watch?v=1s3BIX0duKs

Y por si alguien ha aguantado, dejo la que me vino de primeras.

Os quiero, mil.

https://www.youtube.com/watch?v=4FkvBfchOUg

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Publicado el
17 de junio de 2014 - 09:00 h
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