‘Tenemos que hablar’ y otra serie de catastróficas desdichas

Por mucho que trate de evitarlo y me esfuerce en abstraerme del ruido circundante haciendo uso de mi amplia capacidad de distracción y mi audición selectiva (cuando la peña baje de decibelios en su habla volveré a prestar atención, lo prometo), demasiado a menudo capto frases sueltas de conversaciones callejeras con las que me entretengo pensando de qué estarán hablando esas personas para ir por la calle voceando "y coge Rita y se termina el flan".

Este juego cotilla y absurdo mola muchísimo (estaréis locos tratando de saber el desenlace tras la ingesta de ese postre que bien podría ser de huevo o de vainilla) excepto cuando incluye una frase sentenciosa tras la cual, casi al cien por cien podemos ser conocedores de la resolución de la historia.

Si resulta que Rita, antes o después de tomarse el maldito flan, ha expresado o ha sido receptora de un ‘tenemos que hablar’… Ya está todo el pescado vendido. Ahí tenemos un anuncio de un cierre de relación o de un drama in extremis. Suerte Rita.

Siempre es recomendable hacer uso de esta frase en una franja horaria adecuada, por aquello de no joderle el día entero a esa persona con la que se tiene que hablar, aunque, ya puestos a programar una situación incómoda llena de reproches, despedidas y/o puesta en común de pajas mentales ajenas al receptor, hazlo cuando quieras.

También puede derivar en aclarar algo y retomar el trayecto hacia el país de la piruleta, que no digo que no, pero el caso es que ante un ‘tenemos que hablar’, sabemos que la catástrofe está servida.

La situación de tener que hablar generalmente además deriva en otras tantas sentencias conocidas por todos. Por si acaso no, os animo a completar las frases con su final:

Podemos ser…          soy yo’ (añado vídeo explicativo)

Te mereces….            amigos

No eres tú…               algo mejor

Hay muchas otras frases que sabemos perfectamente hacia donde conducen o, cuanto menos, que la cosa va mal. Entre mis preferidas está el trágico ‘haz lo que quieras’. Aquí, ninguna de las palabras utilizadas tiene su significado real. Una técnica de despiste y aturdimiento magistralmente usada por los padres y madres del mundo sobre sus hijos. Toma manipulación.

Asumámoslo, tras esta sentencia jamás se hace lo que quieras. Y es que NO es una opción, es una amenaza que mella tu psique para que obedezcas al deseo ajeno. Sigas adelante o no con la idea original, ya eres demasiado consciente de que a alguien le parece un horror que lo hagas.

¿Y qué me decís de ‘promete que no te vas a enfadar’? Complicada respuesta cuando ya te están anunciando que la información te va a poner fino de mala hostia. Es más, desde el mismo momento en el que lo prometes ya estás cabreado. Gracias.

Parecidas a esta última son el ‘no te asustes pero…’ o la clásica ‘mejor no mires pero…’ que avecina que se va a producir, en escasos segundos, una situación humillante y desagradable. Inevitable tensionarnos y, por descontado, queda asegurado el giro de cuello a lo niña de El Exorcista buscando a toda leche aquello que no debías ver.

No sabía si decírtelo’. Tócate los coѾ¥÷nes Mari Loli (necesitaba usar esta expresión). Cuando alguien no está seguro de dar una información, créanme, lo mejor es que no la de. Estas cosas de soltar historias se hacen a lo loco, no vale meditarlas hombre ya.

En situaciones ociosas se dan muy a menudo dos grandes como ‘la última y nos vamos’, que digo yo que si ciertamente no quieres más, no lo anuncias, sin más dejas de beber y te retiras sin hacer partícipes a tus interlocutores, o la de ‘yo hambre no tengo’. Bien, entonces haz el favor de soltar ese tenedor que ha trinchado por descuido la mitad de MI ración.

Y otras que son auténticos truquis como ‘uy, sólo tengo billetaco’. Pues CAMBIALO darling. Recuerdo una anécdota relacionada con un billete de 50 euros y una persona incapacitada (por causas aún desconocidas a día de hoy) para cambiar ese dinero en una cantidad más pequeña y poder pagar ALGO sin tener que dejarse invitar infinitamente (ah sí, la causa se conoce como jeta).

Tengo una amiga/prima/vecina a la que le pasó lo mismo que a ti’. Ya estamos. El listo que todo lo sabe. Lo peor es que esta frase casi nunca va seguida de algo estupendo. Más bien si te pica el codo el aconsejador lo relacionará al momento con ese herpes traído del Congo que derivó en amputación del brazo izquierdo de su, pongamos, amiga (que en verdad ni amiga ni nada, esto será una anécdota que escuchó a alguien por la calle y que probablemente sea falsa, y de serlo seguramente en realidad tuvo lugar en Matalascañas, o un capítulo de House e incluso, si me apuráis, de La Doctora Quinn).

En fin. Palabras que asustan, alertan y, por qué no decirlo, que, normalmente, sobran.

Pero ¡eh!, ‘lo importante es que tu estés bien’.

https://www.youtube.com/watch?v=FONRvDsRXGg

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8 de abril de 2014 - 09:00 h