Una academia para aprender fútbol de la calle

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La Escuela Ciudad de Córdoba utiliza los métodos más modernos y personalizados manteniendo la esencia del juego libre en los niños

Un grupo de niños llega corriendo al recinto, como corresponde a su edad y a sus niveles de ilusión. Van con una sonrisa en la cara, un bocadillo en la mochila y la certeza de que van a pasar un buen rato. Cuando uno cree que irán directamente a coger los balones y a inventarse jugadas imposibles, detecta un comportamiento curioso. Todos se dirigen hacia la carpeta del entrenador, la abren, cogen un bolígrafo y ponen su firma al lado del nombre. "Es el parte de entrenamiento", dice Rafael Ruiz "Coco", el jefe en cuestión. Los chavales tienen nueve o diez años. Su orden sorprende. "Lo hacen estos y todos, hasta los más pequeños", indica Ruiz, con orgullo. Ha conseguido hacer divertida la disciplina. Una meta cumplida entre las muchas que se marca la Escuela de Fútbol Ciudad de Córdoba, una organización que arrancó en 2010 con un puñado de ex futbolistas detrás (Rícar, Copado, Jesús...) y que a día de hoy ha alcanzado un merecido prestigio. ¿Y cuál es su estilo? El de toda la vida, adaptado a los nuevos tiempos. Ahora, en una nueva etapa con Rafael Ruiz al frente de la coordinación deportiva, y con el respaldo de la firma cordobesa Papiro, cuenta con medio centenar de chicos bajo su tutela.

"Queremos mantener el espíritu del futbolista de la calle, de esos desafíos que se jugaban en La Fuensanta, en Fátima... Utilizando los árboles de portería, o las carteras del cole. Jugar sin presión, intentando cosas, con pillería y diversión por encima de todo", cuenta Ruiz, al que todos siguen llamando Coco, como cuando era -lo sigue siendo, nadie deja de serlo- futbolista del Córdoba. Con llegar al equipo blanquiverde o a cualquiera de los clubes más poderosos del país sueñan los chicos que están apuntados este curso a la Escuela de Fútbol. Sus edades oscilan entre los 4 y los 12 años. Aprenden sobre el césped, siempre con la pelota en los pies. Los movimientos son importantes, pero aún más es saber por qué se hacen. Coco quiere que los chavales jueguen al fútbol entendiéndolo, conociendo el motivo de cada acción sobre el campo. Eso es lo que les da seguridad para intentar lo que marca las diferencias, tanto en el fútbol como en la vida: el factor humano. "Queremos que los chavales se arrieguen, intenten cosas, que se expresen en el campo de juego", apunta Coco. Para eso, todos saben que el balón nunca es un problema, sino un amigo.

Los padres observan los movimientos de sus niños en silencio o hablando en tono bajo, sin alterar la paz de un entorno en el que sólo se escuchan la potente voz del entrenador, las respuestas de los chavales y los golpes al balón. La instalación, situada en las afueras de la capital, resulta ideal para que no haya distracciones. Alrededor del rectángulo verde está el mundo real; dentro de él, un escenario casi mágico. "Para los niños es una experiencia entrenar en una instalación así. Los tenemos de diferentes edades y niveles. Se trata de que todos sean mejores, que se perfeccionen y progresen en la medida de sus capacidades", explica el director de la Escuela, que reconoce que "hay algunos chicos con mucho talento y posibilidades, que están siendo seguidos por los clubes más fuertes de Córdoba y algunos otros de fuera".

La Escuela tiene un equipo federado en la liga benjamín, el EF Ciudad de Córdoba Papiro, y sus resultados hablan bien de su capacidad. "No buscamos el resultado como tal. Éste debe ser una consecuencia del trabajo que lleva detrás", indica Coco, reforzando el ideario. La cuestión es que el equipo va líder de su categoría y cada partido es una catarata de goles y jugadas espectaculares. Los chicos hacen cosas asombrosas sobre un campo. Su forma de desenvolverse es llamativa. No es extraño que muchos de los alumnos terminan enrolándose en clubes federados. Coco asume que ha de ser así porque "es lógico que pase; salen de aquí muy bien formados y se acoplan a las exigencias de los equipos más poderosos de Córdoba". Pero no sólo se dedican al seguimiento de los chavales con el balón en los pies. También se presta atención al rendimiento que ofrecen con el libro entre las manos. El seguimiento académico es "una de las cosas que nos distingue", dice Coco, quien asegura que "quienes no llevan bien las notas, no juegan; mientras mejor formado esté el niño, mejor va a rendir en el campo. Se trata de llevar a cabo una formación integral con deporte, educación y valores".

La enseñanza del fútbol se complemente en la Escuela de Fútbol Ciudad de Córdoba con la organización de distintas actividades. Durante el verano ha montado una original iniciativa, el Mundialito Alevín y Benjamín, que reunió en su primera edición en el Hotel Los Abetos a 32 equipos de las provincias de Córdoba, Jaén y Granada. Se congreraron unos 500 niños de entre 8 y 10 años. Para Coco, que fue secretario técnico del Córdoba CF, además de coordinador de la cantera en el Levante y el Hércules, este tipo de experiencias resulta "muy gratificante" porque "es donde se ve el fútbol más puro, el de verdad, el que se hace por pura ilusión". Coco confiesa que siempre ha sido "un hombre del fútbol base", que aterrizó en el mundo profesional "porque así vinieron las cosas; me dieron la oportunidad y uno dice: ¿por qué no? Te metes y lo haces". Ahora, su dedicación a las labores formativas la ve como una especie de retorno a los orígenes. Disfruta con ello y se le nota. "Mira como la toca aquel chaval. ¿Y qué me dices de las salidas de balón?", explica con el brillo en la mirada de quienes sienten su trabajo como un regalo.

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20 de noviembre de 2013 - 01:18 h
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