Feminismo homicida

 

La ideología de género destroza a la familia

(Demetrio Fernández. Obispo de Córdoba)

Ignoramos si por descuido o por mercadotecnia pura y dura, el obispo de la Diócesis de Córdoba se suele adentrar en jardines mediáticos como el que hoy traemos aquí. En cualquiera de los casos, el señor Demetrio consigue su propósito: salir en el escaparate y llenarse los mocasines de barro. Desde el punto de vista semántico, la frase no hay por dónde cogerla. Tanto si se lee de atrás hacia adelante como si se hace al contrario, no hay Dios (con perdón) que interprete una secuencia lógica.

¿Qué ha querido decir el señor prelado con el entrecomillado? Por muchas vueltas que le damos, no tenemos la menor idea. ¿Que no es conveniente que las mujeres salgan de la cocina? ¿Que es una insensatez que los hombres lleven a sus niños al colegio? ¿Que no deberían cambiarles los pañales? ¿Que resulta ridículo que frieguen los platos? ¿Que las mujeres no deberían trabajar fuera de casa? ¿Que es aconsejable que no fumen en público? ¿Que los niños deben llevar rebeca de punto azul y las niñas de color rosa? ¿Que es una frivolidad que compartan aula? ¿Que las muchachas no deben salir más tarde de las diez? ¿Que no deben entrar en las tabernas? ¿Que deben llevar el pelo recogido para no ir provocando con descaro? ¿Que los hombres deben sentarse a leer el periódico mientras las esposas les traen las zapatillas de paño? Quién sabe.

Debería aclararnos el señor obispo si es todo este conjunto de interrogantes que ponemos sobre la mesa lo que destroza a la familia. Sería muy útil saber si lo que nos propone es desandar todo lo andado en el último siglo hasta regresar a ese estadio natural que precedió al cataclismo de lo que él denomina ideología de género. Aquel mundo idílico en que cada cosa estaba en su sitio. Como Dios (con perdón) manda.

De su carta pastoral no se extraen aclaraciones concluyentes. Todo lo contrario. Empieza uno a leerla y el discurso se pierde en un huerto de cambios de sexo y feminismo, ley natural y sobrehumana, churras y merinas, que acaba por hacer más ilegible, si cabe, el portentoso titular de arriba. Con todo, estimado contribuyente, manténgase en guardia con la ideología de género. En cualquier momento puede dinamitar su domicilio.

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Publicado el
5 de enero de 2013 - 01:10 h
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