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ENTREVISTA

Sergio de Lope: “El género más impuro que hay en el mundo es el flamenco”

Entrevista N&B a Sergio de Lope

Juan Velasco / Fotos y Vídeo: Madero Cubero

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Cuando Vicente Amigo publicó De mi corazón al aire (1991), el protagonista de esta entrevista tenía seis años. Y tardaría otros seis años más en encontrar en ese disco el sonido que activó en su corazón y en su pecho la llave de paso del flamenco. Curiosamente, Vicente Amigo incluyó en ese primer trabajo de estudio en solitario dos composiciones dedicadas a Enrique Morente y Paco de Lucía. Y Enrique y Paco son los dos músicos con los que se le llena la boca a Sergio de Lope (Priego de Córdoba, 1985) cuando habla de los referentes que enhebran espiritual y presencialmente su primer disco de estudio, esa fuente de jazz y flamenco titulada Ser de luz (disco del año 2021 para este periódico).

Un LP que marca un antes y un después para todo un grupo de músicos surgidos en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba que aspira a escribir una nueva página en la fusión de flamenco y jazz a partir de nuevas herramientas creativas como la música electrónica, y cuyo liderazgo está dispuesto a asumir este premiado instrumentista autodidacta (Filón Minero de La Unión y Músico Emergente del Mediterráneo por el Berklee School of Music), que hoy se pasea por Granada buscando encontrarse con el fantasma de un cantaor que perjuraba ser rockero, con quien confiesa, además, tener una deuda no saldada.

“El flamenco es mi estado natural”, dirá Sergio de Lope en esta entrevista, realizada a mediados de marzo, aprovechando una fugaz visita a Córdoba para participar en la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Córdoba, y que servirá para saldar también un encuentro entre el músico y el periodista, postergado durante meses por la pandemia y algunos compromisos ineludibles.

Amenaza con llover en la ciudad y hay calma chicha en el hotel donde está alojado el compositor prieguense cuando se enciende la grabadora. Todo recuerda a aquellos tangos (“Romperemos las nubes negras. Que nos engañan, que nos acechan”) que cantaba el maestro.

PREGUNTA. No sabía que al preguntarte por tu pueblo me ibas a salir por Semana Santa.

RESPUESTA. Yo veo la Semana Santa como un trozo de la memoria de mi familia y de mi pueblo. Y la intento vivir sin prejuicios, como casi todo en mi vida.

P. Muchas veces nos damos cuenta de que hemos vivido una huida hacia adelante de nuestras tradiciones, para luego caer en la cuenta de que eso está ahí por mucho que corras.

R. Y ya no es eso. Es cómo te lo tomes. Todo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Y hay que intentar coger lo mejor de cada cosa. Y los momentos que se viven en Semana Santa de fraternidad, de familia, de casas de puertas abiertas y entrar a coger empanadillas y ensaladilla rusa, eso es inigualable. Después, cada uno que crea en dios de la manera que quiera. ¿Yo quien soy para juzgar a nadie y nadie para juzgarme a mí?

P. ¿Tú eres religioso? 

R. Yo es que intento tener una visión muy amplia. ¿Para qué le vamos a poner puertas al campo con lo grande que es esto y con to lo que hay que aprender? 

Soy muy joven para hacer un disco continuista

P. El flamenco es un arte muy conectado con Dios y con la religiosidad.

R. Porque al final el flamenco es una manifestación social. El flamenco no es ajeno a lo social, igual que lo es la religión o el creer en Dios o el no creer en Dios. Por eso digo que cada uno lo puede sentir como quiera. La cuestión, creo yo, está en ser capaz de encontrar tu sitio aquí ¿no? (Se toca el pecho) Y sentirlo. ¿Para qué has venido? ¿Qué has venido tú a hacer a esta vida? 

P. Y si yo te pregunto dónde está tu sitio.

R. Aquí, contigo. Porque lo de antes ya no existe y lo de mañana tampoco.

P. El pasado y el futuro son una construcción.

R. Totalmente (Se ríe). Yo siento que he venido aquí a hacer música. Y, antes de eso, antes de hacer música, siento que he venido a hacer muchas cosas y a vivir muchas cosas que he tenido que vivir, y que he tenido que trascender para evolucionar como persona y como alma.

P. ¿Tu música es un reflejo de lo que has vivido? ¿De lo que sientes? ¿De lo que eres?

R. Me encanta que me hagas esa pregunta. Es curioso porque antes, cuando venía para Córdoba, lo he estado hablando con un colega en el coche. Estoy haciendo un proyecto nuevo, que voy a estrenar este año, y ahora me estoy metiendo en una atmósfera totalmente diferente al primer disco y al segundo. Al final, soy alguien inquieto que considera que hay que ir dando pasos. Soy muy joven para hacer un disco continuista. 

P. Ese es un buen titular.

R. Ahora mismo tengo la energía para decir: ¡Venga, vamos a apretar, vamos a apretar! Y se lo decía a mi amigo: Sergio de Lope no es un flautista, aunque eso es lo primero que se ve. Tú ves un gachó que toca la flauta flamenca, ¿no? Eso es lo primero que ves. Pero, si tú escuchas mi música e intentas ahondar un poco más dentro, Sergio de Lope es un concepto. Y una manera de sentir y de ver la vida y la música. Y eso es lo que vendo. Uy, la palabra vender queda fea...

P. No te creas. Haríamos bien en considerar la cultura un producto de consumo, así no se regalaría. 

R. Bueno sí, es lo que estoy mostrando al mundo. Y es lo que yo quiero mostrar al mundo. Lo que pasa es que la obviedad es verme a mí, con mi acento flamenco, tocando la flauta. Eso es muy obvio, pero si te paras a analizar cómo planteo la música y cómo planteo los discos, al final planteo una forma de trabajar, una forma de enfrentarme al flamenco, una forma de relacionarme… Ahí está el hecho de conservar durante tanto tiempo el mismo grupo humano, la banda, que forma parte del concepto de cómo ve las cosas Sergio de Lope. Pero al final quien lidera esto soy yo, y quien echa la energía para mantenerlo y prolongarlo en el tiempo he sido yo. Y así es como me veo y cómo creo que es la música para mí: es un concepto y una manera de ver y de sentir la música. Y no busco que sea más acertado o menos acertado. Lo que sí busco es que le llegue a la gente, porque ¿pa mí, pa qué? Al final, todos estamos para los demás. Tú estás aquí para comunicar. Yo estoy aquí para comunicar. 

La cultura es formación social y nos hace competitivos como pueblo en un mundo globalizado

P. La flauta y el saxofón son un medio, ¿no?

R. Nosotros somos un medio. Lo que pasa es que interiorizar eso, qué complicado es… Yo te hablo de una manera muy contundente. Y habrá quien diga, qué claro lo tiene; lo tengo claro, pero hay que sentirlo, que es lo complicado. Conceptualmente uno lee, estudia, se prepara, se trabaja a sí mismo, y luego dice: Bueno, ahora interiorízalo. Pues eso también pasa con la música. 

P. Eso te iba a decir.

R. Cuando te metes en otros estilos musicales y tienes que estudiar otras escalas que no forman parte de ti, en el momento en que lo interiorizas y te salen solas, dices: ¡Esto está aquí ya, esto ya forma parte de mis adentros! Pues lo mismo pasa con la educación emocional y cómo plantearte la vida. 

P.  Hoy estás aquí porque te van a sentar en una mesa a hablar de flamenco con Rosario La Tremendita, con Diego Guerrero y con Faustino Núñez. No está mal la juntera.

R. Para mí es peculiar cuanto menos. Y bastante interesante, porque somos tres jóvenes que representamos nuevas tendencias en el flamenco, pero tres caminos súper diferentes. Y eso mola también. El flamenco tiene mil caminos tradicionales, y dentro de las nuevas tendencias hay otros mil caminos. Y tengo ganas de ver lo que ocurre hoy. A ver si llega la magia de que se saquen cosas en claro y de compartir con los compañeros las inquietudes y las cosas que tenemos dentro de nosotros. 

P. Y con un moderador muy importante como es Faustino Núñez.

R. Yo qué voy a hablar de Faustino, si es mi maestro. Cuando yo estudié aquí Flamencología, fue mi referente, y además con el que me pegué unas cuantas. Es que tengo amistad con él, yo los veranos me iba a su casa, a Conil. Y nos pegábamos una comilona. Y para mí es un hombre con una experiencia tremenda. Y tenemos una gran suerte en el flamenco de tenerlo y de que le haya dado por estudiar flamenco. 

P. Y de que lo haya enseñado en Córdoba.

R. Y eso. Pero sobre todo, la suerte es tener a alguien que haya estudiado flamenco de la manera que lo estudia Faustino, con un método científico. Esto es súper interesante, porque el romanticismo en la música no deja de ser romanticismo y palabrería. Al final, la música es ciencia y el flamenco como tal es ciencia.

Sergio Mira el cielo. “Y va a llover”, dice. Caen goterones con barro (la entrevista se produce a mediados de marzo) y Sergio coge rápidamente la flauta y la guarda con sumo cuidado, mientras los demás recogemos las cosas y nos mudamos a la cafetería del hotel. 

La industria ha demostrado, al apostar por Israel Fernández, que el flamenco no es de minorías

P. Retomamos donde lo dejamos. ¿Qué crees que puedes aportar tú a una charla que se llama Otras formas de flamenco?

R. Yo sólo puedo aportar mi visión personal y vivencial del recorrido que llevo avanzado. Cómo me planteo la creación, de dónde parto, y la tendencia de disco a disco. Y me he dado cuenta de que me estoy quitando cada vez más las cadenas, y por cadenas me refiero a la tradición flamenca, que siempre está ahí. 

P. Alejarse de eso ¿qué entraña? No pasa nada, ¿no?

R. Nada. Al final, como decía Mercedes Sosa, todo cambia. Y tú eres una persona hoy y mañana eres otra. Y si no lo eres, igual tienes un problema. Porque todo está cambiando. El clima, nuestra piel, nuestro pelo… Y yo como músico y como persona también cambio. Yo recuerdo que al principio era un loco del flamenco que estaba todo el día escuchando flamenco. Y ahora cada vez escucho menos. Sí, escucho a los compañeros y las cosas que salen nuevas para ver por dónde van los tiros. Porque hay que estar al loro y se aprende mucho de ellos también.

P. Tu educación musical ahora mismo está en otro sitio. Una fase nueva.

R. Sí. Busco y lo que encuentro, al final, es lo que me apetece hacer. 

P. Venga, cuéntanos qué te apetece hacer ahora. 

R. Tengo un nuevo proyecto. Te voy a contar algunas cosas, las que puedes contar porque hay otras que no están anunciadas. El próximo proyecto se llama Ellas y están conmigo Ángeles Toledano, Mor Karbasi y Abir El Aved. Yo inicié en Torrox una residencia artística, que fue un primer encuentro con ellas, organizado por el Flamenco Festival de Nueva York y Londres, y luego hemos hecho una segunda semana de residencia artística con Abir en Marruecos. Ellas es la fiesta y la celebración de mi renacer. De hacer música y de dejar de sufrir. Al menos eso pretendo.

P. Hacer música y sufrir: parece una definición del flamenco.

R. Ellas es un espectáculo basado en la La fábula de los espejos. Cada persona que se cruza en nuestra vida es un pequeño reflejo nuestro. Y ellas tres son un reflejo mío espiritual y musical. Cada una de ellas representa un aspecto de mi vida que he alcanzado o que quiero que permanezca para siempre. Ángeles Toledano es la fuerza de la inocencia. La ilusión esa que yo recuerdo que tenía cuando dejé el conservatorio y le dije a mis padres que me iba a Sevilla a vivir con la flauta. 

P. ¿Esa ilusión se pierde?

R. Yo sigo teniendo ilusión, pero desde un punto de vista más maduro. La energía es totalmente diferente. Cada vez que veo a alguien joven que viene apretando y le veo la cara iluminá… 

Los hombres tenemos un 50% hombre y un 50% mujer

P. Ángeles aprieta tela.

R. Ya ves si aprieta. Y lo que le queda por apretar. Cuando le veo esa luz y esa fuerza que le da esa luz. Eso me gustaría tenerlo conmigo que hasta que me muera. Después, Mor Karbasi, que es de Israel, representa mi liberación con el pasado. Y Abir representa la alegría. Ahora que he estado una semana en Marruecos, que es una dictadura y pobreza hay a to lo que da, es sorprendente y no es normal el buen rollo que tienen todos los días. Con la que tienen encima. Que te vas allí y dices: vaya tela las facilidades que tengo yo. Aunque sí, que yo también tengo problemas, porque cada uno tiene su movida y su historia, pero… 

P. Cada uno tiene sus problemas, menos yo, que tengo los míos.

R. Claro. Pero allí es que ves una película distinta. 

P. Veo tres culturas en este proyecto del que me hablas ¿no?

R. Claro. Al final soy andaluz. Ahí están. Al final, la música tradicional sefardí y la música tradicional árabe son un reflejo del flamenco. Ahí está la fábula otra vez.

P. Para que luego hablen de apropiación cultural.

R. Ya ves.

P. No hay arte más bastardo que el flamenco, con la paradoja de que los flamencófilos van siempre pidiendo certificado de pureza.

R. El género más impuro que hay en el mundo es el flamenco. Y por eso trasciende tanto a nivel mundial y es tan potente. Por eso: porque hay mucha memoria. Hay tanta memoria en el flamenco, que hay un pedazo del ADN de cada persona de este mundo, que hace que se sienta reflejado. Está feo generalizar, pero yo te digo que mucha. 

El flamenco tiene mil caminos tradicionales, y dentro de las nuevas tendencias hay otros mil caminos

P. Tú eso lo has visto.

R. Yo lo he vivido. La gente se vuelve loca y se siente identificada. Y yo quiero llevar a la escena esto también. Trabajar el flamenco y la idea de las tres culturas pero hacerlo desde el presente. La banda la compone Javier Rabadán con la batería, Juanfe Pérez con el bajo, y José Carra con el piano. Ya ves que la formación no tiene nada que ver con la música de las tres culturas. Y yo con flauta y saxofón. Y ellas tres. Y luego quiero abordar musicalmente en el aspecto polifónico porque en estos tres géneros musicales la polifonía no se da. Y son tres voces que, a su vez, son un reflejo la una de la otra. Se asemejan mucho, tienen un cante muy barroco y melismático. Y quiero también llevar a la escena el por qué Marchena, la Niña de los Peines, Chacón o la propia Ángeles cantan de esa manera tan laína. Que es porque es una tradición que viene de las otras dos. Todo es un espejo y la vida es un espejo. Por eso, Ellas

P. Es su momento. El de ellas.

R. Sí. Yo me libero y renazco a través de la mujer. Los hombres tenemos un 50% hombre y un 50% mujer. Lo que pasa es que socialmente, no se puede ni llorar ni sentir. Y eso es algo que yo quiero romper también. La residencia artística de la que te he hablado la he titulado El viaje del mirlo, que ha sido el preámbulo de Ellas. Y Ellas se estrenará en Sevilla en septiembre.

P. Esto que me cuentas es algo que has llevado en parte a Marruecos. No sé si tú te sientes Marca España.

R. Claro. Y en todos los conciertos he dicho lo mismo: El Mirlo. Así es como llamaban a Ziryab. Ziryab era de Bagdad, de Bagdad llegó a Córdoba, y aquí en Córdoba revolucionó la corte cordobesa. Entre otras cosas, introdujo los cubiertos para comer, el vestir de blanco en verano y fundó el primer conservatorio de Europa. Así que, en honor a ese viaje que hizo Ziryab, he titulado esta fase El viaje del mirlo. Y en cada concierto que he dado en Marruecos he dicho lo mismo: este viaje que hacemos Abir y yo juntos es un viaje que está haciendo Marruecos y España juntos. Y es mejor viajar juntos que separados. Curiosamente, ahora ha pasado lo del Sáhara. Que es una cuestión que evidentemente tiene varias visiones.

P. Como todos los conflictos.

R. Claro. Ahí está la cuestión. Occidente -y yo me siento parte de Occidente- es que tiende a mirar los conflictos con paternalismo. 

P. En vez de entrar en los conflictos con el vecino, me interesa más que me digas tu opinión sobre cómo trata España a su Marca España, si asumimos que el flamenco es Marca España.

R. Pues yo puedo decir que muy bien. 

Lo que nosotros tenemos que aportar al mundo del jazz es nuestra flamencura

P. ¿Ah sí? 

R. ¿Fuera dices no? Fuera muy bien. Porque nos da plataformas para salir fuera. De hecho, muchos de los artistas emergentes hemos podido salir fuera gracias a que Exteriores apoya el flamenco y nos paga los viajes. Sino, no podríamos hacerlo. Mover a un grupo de cinco personas, a las que no nos conoce nadie o nos conoce el programador porque se pone un vídeo nuestro… Es que claro, yo mi nombre o el nombre de muchos compañeros, no llena un teatro fuera, porque no nos conoce nadie. Eso es una obviedad.

Como cuando yo fui al Festival Flamenco de Nueva York. A mí me programó Miguel Marín, que me conoce a mí, pero ¿en Nueva York quien me conoce? ¿O quién conoce a María Terremoto en Nueva York? Y a María deberían conocerla, porque María es María (Se ríe). Pero es que poco a poco ha habido empresarios y emprendedores españoles que han creado una plataforma con el apoyo de España. Y yo ahí veo conciencia en las embajadas de España en el mundo de que lo que la gente quiere es flamenco. 

P. ¿Y de puertas adentro? 

R. Eso es otra historia. Pero con el flamenco o con cualquier otro tipo de música. (Se frena al ver por el hotel a Diego Guerrero. Se levanta a saludarlo y se abrazan cariñosamente antes de volver a sentarse). 

P. Te preguntaba sobre qué pasaba con la Marca España de puertas adentro. 

R. Bueno, socialmente hay que cambiar la mentalidad en este país en el sentido en que ser artista o ser músico es una profesión como otra cualquiera. Que ya te pongan muchas veces en entredicho y te digan: “¿te dedicas a eso y a qué más?” ¿A qué más de qué? Si me faltan horas en el día y esto es una carrera de fondo. Eso es lo primero, cambiar esa idea. Pero es que yo creo que el problema radica en que la gente sólo tiene percepción de lo que ve. Lo que no ve parece que no existe. Y dentro de este mundo, están los mediáticos, que están todos los focos puestos en ellos, pero después están también la clase media, la clase media alta y la clase media baja… Claro, habrá quien tirará más, otros que compatibilicen lo de trabajar con lo de tocar, habrá de todo. Pero de lo que estoy seguro es que hace falta conciencia, igual que también hace falta conciencia en las instituciones.

P. Explícate.

R. La cultura no es un producto de ocio. La cultura es formación social y nos hace competitivos como pueblo en este mundo tan globalizado. La cultura nos hace diferentes. Eso es lo que quiere ver y vivir el turista cuando viene aquí. Y culturalmente necesitamos un sistema que no te obligue a darte de alta de autónomo sí o sí. Porque, por ejemplo, un artista que tiene 50 conciertos en un año, que son bolos a un nivel medio alto, al final de año, si no eres autónomo, tienes 50 días cotizados. Eso es una movida. Porque el resto del año, ese artista ha estado en su casa creando y estudiando. Y que luego están los viajes. ¿Qué pasa con eso? Todo esto no está contemplado en España. En Francia eso sí se contempla. En Francia si tú haces 40 bolos en un año, o 30 -no recuerdo el número-, es como si hubieses cotizado ya todo el año. 

P. Hombre, es que hablas de un país, Francia, que le dio un premio nacional a Jorge Pardo antes de que se lo dieran en España.

R. Por eso Francia coge a Rocío Molina y llena París entero con sus carteles y con su cara. Eso lo hace una productora francesa. Coge el producto español y lo explota.

P. Anda, de eso sabemos en esta tierra.

R. (Se ríe) Es que es lo mismo que ocurre con el aceite de oliva. Yo que soy de tierra aceitera controlo un poco. Aquí llegaba Italia nos compraba el aceite y después lo explotaba y le ponía su marca. Ahora, ha mejorado, gracias a Dios. Pues eso está pasando también con los artistas españoles. Es curioso. Que llegue una productora de Francia, que crea en un producto español, como Israel Galván, Rocío Molina o Andrés Marín, y que lleguen a empapelar el metro de París con su cara. Eso aquí… 

La gente sólo tiene percepción de lo que ve. Lo que no ve parece que no existe

P. Aquí si viene al Gran Teatro Rocío Molina nos enteramos los cuatro de siempre.

R. Y después hay otra cosa. Está la responsabilidad pública y luego está la responsabilidad privada, obviamente. Porque la industria…

P. Pero un segundo, ¿la industria musical existe todavía? 

R. Sí hombre, claro que existe. Y fíjate, la industria ha demostrado una vez más que el flamenco no es de minorías. Que todo es una cuestión de dónde ellos quieran poner el foco. El ejemplo es Israel Fernández. La industria ha cogido a Israel Fernández, le ha metido pasta a todo lo que da, lo ha posicionado como ellos quieren, e Israel está llenando todos los teatros que pisa. A mí hay gente que me llega, que no han escuchado flamenco nunca, y que están escuchando a Israel Fernández, lo cual me parece maravilloso. Pero claro, la pregunta es: ¿Esto no era de minorías? Porque Israel Fernández, otra cosa no, pero Israel Fernández es tradición a machete. Aquí no hay dobles tintas. Israel Fernández está llenando teatros con guitarra y cante; punto pelota, flamenco tradicional. Haciendo cosas de La Niña de los Peines y cosas de los maestros.

P. Bueno, ha hecho también sus cosas con El Guincho y otras más electrónicas. 

R. Ya, ya… Pero la gira de Amor es lo que es. 

P. Sí que es una gira con Diego del Morao. 

R. Y a jierro.

P. Te entiendo. A ver, la diferencia es que Diego ha hecho lo mismo con Antonio Reyes, que canta pa reventar también, y no ha tenido esa suerte. Quiero decir, que tienes razón en que es “la industria” la que puede decidir quién sí y quién no. Pero yo creo que también está la suerte, qué se yo...

R. Lo que te quiero decir: Si la industria te quiere meter pasta, si tienes calidad, al final eso trasciende. Pero aquí durante años se ha visto una locura invertir en el flamenco tradicional y ahora míralo. ¿No lo estás viendo? Está ahí. Lo que pasa es que, en general, se prefiere meter la pasta en otras cosas. Pero ahí está eso como símbolo de que poder se puede. Yo estoy seguro de que si pusieran el foco en gente como Diego Guerrero, en La Tremendita o en mí, eso trascendería e iba a tener su público. 

P. Hace unos meses hice un reportaje sobre la gente que estudiabais en el Conservatorio de Córdoba y me quedé flipado. Porque además me enteré de que compartíais piso por aquí tú, Cristian de Moret, Juanfe Pérez, Javier Rabadán…

R. Sí. Bueno, Javi y yo sí hemos compartido. Yo es que pillé dos épocas. Yo pillé la época, cuando entré al Conservatorio, de Enriquito (se refiere al trompetista Enrique Gómez), Edu Trassierra, que es el guitarrista de la (Rocío) Molina, y estaba Cristian de Moret, estaba una charpa guapa, sí… 

Para sacar 'Ser de luz' tuve que endeudarme

P. Claro, cuéntame, cuéntame cosas de esa época.

R. Pues de hecho, Cristian, Enriquito y yo tuvimos un grupo en aquella época. Nos pusimos Soniquete Quintet y hacíamos jazz flamenco. Fíjate qué cosas. Y luego ya pillé la charpa de por debajo, que eran Juanfe, Rabadán, Javier Conde, David Caro… 

P. ¿Alfonso Aroca era mayor?

R. Aroca es que, cuando yo llegué aquí, él estaba en Barcelona. Lo que pasa es que yo hice Conservatorio y Magisterio, y en Magisterio coincidí en la clase con el hermano de Aroca. 

P. Pues es lo que te digo, qué vaya generación. Es que estáis todos en la brecha.

R. Y los que vienen. Que en Córdoba ha estudiado también la Tole. Que la Tole (Ángeles Toledano) es imparable ya. Y todo eso es gracias al Conservatorio. Yo tengo la banda que tengo hoy día gracias al Conservatorio de Córdoba. 

P. A pesar de que las enseñanzas de flamenco podrían mejorarse ¿no?

R. Bueno, las cosas cuando empiezan se tienen que ir moldeando. La cosa es que no le dan después mucho espacio laboral. Es que no sacan plazas. Se supone que la flamencología tendría que dar las teóricas de guitarra flamenca de los conservatorios… Mira, yo con el clima que tenemos aquí en el sur, yo abogaría con hacer un conservatorio con todas las especialidades. Eso Faustino lo ha dicho muchas veces y yo lo suscribo. ¿Para qué? Para promover la convivencia. En Córdoba está cante, está Flamencología y está guitarra flamenca. Pues en baile hay muchas asignaturas que son transversales a todas las especialidades. Y eso va a permitir que se conozcan los compañeros. Y de ahí surgirían cosas. Yo es que de aquí lo que me llevé fue eso: conocer a otros artistas. A todos los que estábamos ahí metidos, todos con la ilusión, unos mejor posicionados… diferentes niveles, pero ahí estábamos todos. Y eso mola, porque no es sólo tocar en el escenario, es convivir, es en las clases, es estudiar juntos, es emborracharnos… Todo eso es lo que crea algo.

P. ¿Dónde tocabas aquí?

R. Íbamos a las jam del Jazz Café, sobre todo. Y después, en la última etapa que estuve aquí, al Almíbar.

P. El Almíbar, claro. Por ellos te conozco.

R. Para mí esa gente ha sido mi familia cordobesa. El Luis, el Moranco, el Emilio, el Pedrera, el Chotas… Esa es mi familia. Y yo cada vez que vengo a Córdoba con mi mujer y con mis niños con los que me junto son con ellos. Y son ellos los que nos acogieron desde primera hora. Con aquello de Patio de Lucía. Que aquello fue en 2014. Que han pasado ocho años ya. Y luego nos dejaban la peña para ensayar y para todo. Si queríamos experimentar con algo nos metían en programación… Es que El Almíbar son gente que le gusta la tradición pero que no tienen complejos. ¡Hay que quitarse ya tanto complejo! La tradición es de las cosas más bellas que existen, pero no existiría si no hubiera evolución.

El flamenco es mi estado natural

P. Se puede resumir que el conservatorio te enseñó flamenco, pero no te enseñó a ser flamenco. Eso lo aprendiste en otra parte.

R. (Se lo piensa) ¿Cuál era la pregunta? (Se ríe)

P. Estudiar flamencología no te enseña a ser flamenco. Te pongo un ejemplo: ser flamenco hoy es tener que autoproducirte tu disco. Eso no venía en ningún libro.

R. Nooo nooo… y de hecho es un craso error pero de todas las especialidades artísticas. Nos tendrían que enseñar, primero, a desenvolvernos fiscalmente, a hacer la declaración de la renta, a menear y a mover tu proyecto, a negociar todas las cuestiones comerciales… De eso no te enseñan nada. Tú sales de allí con la ilusión y conocimientos. Pero yo he tenido que aprender a autogestionarme mi proyecto en todos los ámbitos, tanto en la oficina como musicalmente. 

P. A trompazos. 

R. Sí. Y bueno, no se me da mal. El otro día me lo decía Rabadán: “Sergio, que eres un tío de Priego de Córdoba, que tocas la flauta flamenca, y no veas qué de bolos haces”. Que es complicado… Se puede, pero no lo enseñan, pero ni a los de flamenco, ni a los de clásico, ni a nadie.

P. Claro. Lo que pasa es que yo escucho un disco como Ser de luz y a mí me vuela la cabeza que se haya tenido que autoproducir.

R. ¿Por?

P. Primero porque el sonido está por encima de lo que yo entiendo por autoproducción. Y segundo porque hay una cantidad de matices y de trabajo detrás que me parecen incompatibles con la autoproducción, no porque no se pueda hacer, sino porque me parece algo…

R. Costoso.

P. Sí, joder, costoso. 

R. Para sacar Ser de luz tuve que endeudarme. 

P. ¿Has tenido que endeudarte para hacer este disco?

R. (Asiente)

P. ¿Has pedido un crédito?

R. (Asiente de nuevo) Y bueno, con todo lo que está cayendo. Le eché pelotas... Dios proveerá. 

P.

R. Es que hay que tomárselo así porque, sino, se te quitan las ganas de vivir (Se ríe) Tengo que decir que el disco lo grabamos aquí en Córdoba, en el estudio Hanare de Lauren Serrano, que se adaptó a mis circunstancias. Y olé él, gracias, le doy las gracias desde aquí. Y si él no se adapta un poquito hubiera sido imposible grabar un disco así. 

El flamenco no es ajeno a lo social, igual que no lo es la religión

P. ¿Lo volverías a hacer?

R. Claro que sí.

P. Han pasado casi dos años de aquello. Una pandemia, habrás perdido bolos… 

R. Pero lo volvería a hacer.

P. ¿Crees que si fueras madrileño o sevillano el disco habría tenido un mayor reconocimiento del que ha tenido?

R. Pues... No sé, puede ser. Al final ser “hijo de”, tener un apellido o ser de unas de las ciudades donde está la movida y la industria musical, como pueden ser Sevilla o Madrid, siempre ayuda. No por nada, es que los que mueven los hilos ya te conocen por el hecho de estar afincado allí y seguramente te hayan visto tocar alguna vez. Yo, al final, soy de Priego de Córdoba, vivo en Granada, y puede que todo cueste un poco más. Pero lo importante es que la gente de la industria, al menos, tenga la delicadeza de escuchar los trabajos y no sólo se dejen llevar por lo que aparece en la televisión o en los medios. Porque no es oro todo lo que reluce. 

P. Todo esto te lo pregunto porque, bueno, es que ha pasado un año desde que salió y antes no he tenido tiempo de hablarlo contigo, porque, entre una cosa y otra, esta entrevista la hemos ido postergando. Y ha pasado el tiempo suficiente para valorar el disco de otro modo. Ya no es ni tuyo, ya es de todos nosotros.

R. Verás, es que si yo tengo que hablar de mi disco queda feo… Pero bueno, yo creo que el trabajo que hemos hecho mis compañeros y yo es un trabajo excelente. Y creo que es una forma de ver el flamenco novedosa. Ni mejor, ni peor, diferente.

P. En eso estoy totalmente de acuerdo. La clave es ¿por qué crees que es novedosa?

R. Bueno, yo creo que representamos una nueva generación en el flamenco jazz. Después de los maestros, después de Jorge Pardo, Chano Domínguez, Benavent, pues aquí estamos nosotros, que lo hacemos desde nuestra posición y desde nuestro punto de vista. Y nuestro punto de vista es diferente al suyo porque ellos venían del jazz y se acercaron al flamenco y nosotros partimos del flamenco y nos vamos a otros sitios. Es un pequeño matiz pero no es poco importante.

P. En ese matiz, ¿qué aporta el flamenco a tu gusto musical o cultural y qué le aporta el jazz?

R. El flamenco es mi estado natural. Yo me desenvuelvo tocando flamenco de manera muy natural. Yo me acuerdo cuando estudiaba en el conservatorio música clásica, que me gusta muchísimo, pero me costaba horrores. Y fue descubrir el flamenco y ya era como (hace el gesto de coger la flauta y soplar) ¡Esto sí! Ahora disfruto, me muevo… Era otra película diferente. El jazz es distinto, cuánto respeto. El flamenco es mucho respeto pero lo he interiorizado muy rápido y mejor, pero el jazz, me acerco pero es complicado. Qué complicado.

Lo que pasa es que yo creo que lo que nosotros tenemos que aportar al mundo del jazz es nuestra flamencura. De hecho, Jorge Pardo lo dijo cuando le dieron el Premio a Mejor Músico de Jazz Europeo: “A mí me han dado este premio por flamenco”. Y, en el panorama internacional del jazz, cuando quieren jazz español, lo que quieren es flamenco. Porque el acento y eso que hacemos nosotros no lo hace nadie. Y al final la gente quiere lo que no tiene. Quiere vivir y experimentar lo que no tiene. Y, si yo hago muchos conciertos y festivales de jazz, lo hago por flamenco. Lo tengo súper claro. 

Sergio de Lope no es un flautista, aunque eso es lo primero que se ve

P. También le aportas la libertad. Este disco lo has hecho al revés. Eso ya es muy jazzero. Eso es una decisión estética que es muy jazzera.

R. Pues yo lo veo más como usar el método científico para hacer una investigación. Tú planteas una tesis y la tienes que refutar. ¿Dónde se refuta? En el escenario. Y después ya te metes y lo grabas. Y ahora lo vendes.

P. Las cosas en directo te gustan. El primer trabajo tiene una energía brutal.

R. Mi primer disco fue en directo y el segundo de estudio. El primero lo hice en directo porque fue como una puesta de largo. No quería que hubiese ni trampa ni cartón: esto es lo que yo soy, esta son mi gente y esto es lo que hacemos. Y ya el segundo sí nos hemos tomado la delicadeza de pararnos. Y ahí ha estado Juanfe que fue el productor del disco, que hizo magia. 

P. Y eso en un género en el que el disco no es tan importante. Quiero decir, hay cantaores flamencos que hacen carrera sin apenas grabar discos.

R. Y cantantes que le ponen nombre a las giras de verano (Se ríe). A ver, el mercado de la música se mueve por los discos. Y al final, uno tiene que sacar disco para conseguir conciertos. 

P. Eso es lo que me decía Javier Colina, que él sacaba disco para sacar unos bolos y unas entrevistas. Y creo que eso vale para el jazz, pero no tanto para el flamenco. A algunos flamencos no le hace falta sacar disco. Mira Pedro El Granaino. 

R. Ya, pero porque el circuito es diferente. Pero cuando creas tu público le tienes que dar algo y algo nuevo. Quiero decir, si yo veo a un artista que me encanta pero lo veo y hace cuatro veces lo mismo, a la quinta me lo pienso. Y para mí mis dos referentes han sido siempre Paco de Lucía y Enrique Morente. Si hubiesen vivido 20 años más, 20 años más nos hubieran reventado a cosas nuevas. Y por eso tuvieron esa carrera tan larga que tuvieron y por eso trascendieron de esa manera tan descomunal internacionalmente. 

P. ¿Se te ha aparecido ya el fantasma de Enrique allí en Granada o no?

R. Ojalá. Enrique en Granada está en tos laos. Pero, es una de las espinitas que tengo: no haberlo conocido y haber echado una noche de Whisky con él, y de hablar, y que me contara. 

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