Juanito: “El Córdoba necesita una Ciudad Deportiva”

Juan González "Juanito" | ALVARO CARMONA

Aparece totalmente de negro. Pantalón estrecho y camisa ajustada, con los primeros botones desabrochados. Moreno y engominado, como un latin lover en la playa de Alicante. Está en forma. "Para jugar", le digo en broma. "Eso decía siempre aquel entrenador canario que tuvimos... ¿Cómo se llamaba? Rosales, sí. Pacuco Rosales", cuenta entre risas y abrazos. Hay futbolistas en activo que envidiarían el aspecto físico de este profesional del Derecho que fue jugador del Córdoba CF antes que concejal socialista en el Ayuntamiento. A Juan Bautista González Maestre (Córdoba, 1972) le conocen como Juanito, un nombre en diminutivo para una figura superlativa. Vehemente, visceral, admirado y temido, fue una figura referencial durante su etapa como deportista en el Córdoba CF. Nueve temporadas consecutivas y 300 partidos le avalan. Fue capitán en los tiempos duros y terminaron echándole cuando tenía 30 años. "Era incómodo para los que mandaban en el club; yo tenía más poder que ellos", reconoce. Dijo adiós a El Arcángel, pero se llevó el catecismo de sus verdades a otros frentes y ahí sigue. Habitual tertuliano y comentarista en distintos medios de comunicación, ha asistido entre la alegría y la perplejidad a los últimos acontecimientos en un equipo que será siempre el suyo.

Futbolista con estudios, dice la leyenda que un porcentaje no desdeñable de jugadores que trabajaron en la década que arrancó a mediados de los noventa en Segunda B y Segunda llevan tatuado en la piel el signo de su fogosidad defensiva en forma de cicatrices. Tipo duro, de barrio, de convicciones firmes y poca cintura, así en el campo de fútbol como en la política. Defiende lo que cree sin tratar de convencer al contrario de que su versión es la buena, lo que no deja de ser una postura honesta. Juanito nació un 18 de mayo, cuatro días después de que el Córdoba CF descendiera de Primera División para no regresar hasta 42 años más tarde. En ese periodo, él se hizo futbolista y cordobesista sin ver a sus ídolos en las estampas, ni en los partidos de televisión, ni en las reseñas de los periódicos deportivos. Pasó por el Unión de Levante, un modesto club de esta barriada cordobesa, y destacó en las filas del Séneca –el eterno rival local de los blanquiverdes– antes de ingresar en el Córdoba y pagar el peaje de una cesión al Estepona. Cuando consiguió entrar en el equipo, no salió en casi una década. Trayectorias como la suya ya no existen. Su imagen en el campo, gesticulando y repartiendo juego –y lo que hubiera que repartir, ya saben–, forma parte del imaginario del cordobesismo. Los aficionados le siguen parando por la calle para recordar con él momentos que les marcaron.

PREGUNTA. ¿Te siguen llamando Juanito?

RESPUESTA.  Sí, claro. Por cierto, que mucha gente me llama Juan Gómez, como el recordado jugador del Real Madrid. Y mira que hubo un tiempo en el que intentaron cambiarme el nombre. Fue en mi etapa en la política con Juan Andrés de Gracia, Antonio Hurtado, Mari Ángeles Luna, Claudia... Todos me decían: 'Mira, eso de Juanito... Vamos a decir a partir de ahora Juan González, Juan González...'. Lo que pasa es que llegábamos a un acto y la gente miraba raro cuando le decías que venía Juan González. Y rápidamente aclaraban: '¡Ah, Juanito!'. Era imposible separarme del nombre y en el grupo ya desistimos. Al fin y al cabo, lo importante es la persona y no el nombre.

P. ¿Qué pasó después del fútbol?

R. Después del fútbol, estuve como director de deportes en la Universidad de Córdoba, también cuatro años como concejal en el grupo socialista en el Ayuntamiento y ahora trabajo como procurador en los tribunales, ejerciendo la profesión que yo estudié durante mi época de futbolista.

P. Un futbolista con estudios. Un tipo raro entonces.

R. Yo era un poco una curiosidad en el ambiente futbolero. Yo he hecho dos carreras, dos másters... Me dedicaba a estudiar y eso no era normal. El perfil del futbolista es muy complicado, de todos modos. Desde los 20 a los 30 años tienes dinero, buenos coches, la alfombra en cualquier restaurante al que entras... Vamos, que pasa por una calle el ministro de Economía –"bueno, ése no, que lo conoce todo el mundo", bromea– o el de Exteriores, y nadie sabe quién es. Pasa un futbolista y todo el mundo le para. La mentalidad del futbolista es muy diferente al resto. Vives al día, nunca piensas en el futuro... Y eso es un riesgo muy grande porque puedes lesionarte, que te vayan mal las cosas en lo personal, malas inversiones... Yo lo veía claro, también porque mis padres me lo inculcaron mucho. Además, mira lo que te voy a decir: el hecho de que me vieran como alguien un poco especial, un ejemplo, me hacía que me esforzara más para conseguirlo.

"Yo era un poco una curiosidad en el ambiente futbolero. Yo he hecho dos carreras, dos másters... Me dedicaba a estudiar y eso no era normal"

P. Le asignaron un papel y se sentía obligado a cumplirlo.

R. Sí, así era. Me sentía responsable de estar a la altura de lo que esperaban de mí. Era un reto.

P. En el vestuario dejaba claro quién era el jefe.

R. Mi papel era muy conocido y aireado por la prensa. Eso te convierte en un protagonista permanente y pesa mucho. Tiene un desgaste tremendo. A mí me gustaba mucho acercar el Córdoba a la gente que venía a este club, hacerles entender la responsabilidad que conlleva esta camiseta y la cantidad de expectativas y de afición que tiene detrás. A mí me tocó ser el capitán y yo traté de serlo a mi manera, entendiendo que era lo mejor que yo podía hacer aunque me costara en lo personal. Yo como futbolista no era una estrella, pero tenía mi papel y lo hacía. Siempre he tenido personalidad y he mirado mucho por el colectivo. Lo importante es el Córdoba. Seguramente eso me ha hecho tener más éxito que otros, porque era un jugador normal.

P. Muchos compañeros tuyos me dicen lo mismo, que no eran unos virtuosos del balón. Precisamente, son los que más han calado en la memoria de la gente.

R. Hombre, yo algo hacía. Tenía mis cualidades para el puesto. A lo mejor no eran tan vistosas, pero era muy eficaz. Era rápido, tácticamente bueno, mandaba mucho en el campo, me preocupaba de que todo el equipo siguiera las consignas del entrenador en el vestuario.

P. Naciste en 1972, el año en que el Córdoba descendió de Primera.

R. Sí, es un hecho curioso. Yo no tengo, evidentemente, recuerdos de Primera. Bueno, sí, los del año pasado, que no son precisamente buenos. Me di cuenta en un reportaje que me hicieron en la prensa.

P. El jugador que más partidos ha defendido la camiseta del Córdoba en los últimos treinta años es un canterano. Tú. ¿Te dice algo el dato?

R. Sí, porque el Córdoba siempre ha tenido una mala gestión institucional y deportiva. Siempre ha ido a golpe de timón, muy presidencialista, y nunca se ha preocupado de tener una estructura como club. Éso lleva al dato que me has comentado. Que en los últimos veinticinco o treinta años haya tan pocos jugadores de la cantera que hayan tenido una trayectoria larga en el primer equipo. Es difícil sobrevivir a los avatares del club y a las decisiones cambiantes de las directivas y los responsables que han ido pasando por el Córdoba.

"El Córdoba siempre ha ido a golpe de timón, muy presidencialista, y nunca se ha preocupado de tener una estructura como club"

P. Y tú no eras precisamente un niño prodigio al que meten de cabeza en el primer equipo. Te tocó ir cedido, volver...

R. No, no ha sido fácil. Para nada. Se valoraba más al que venía de fuera, al que llegaba con un cierto nombre...

P. Una mentalidad un poco cateta.

R. Totalmente de acuerdo. De catetos. Hoy en día tenemos una ventaja gracias a las nuevas tecnologías y es que resulta más difícil engañar, porque puedes conocer de dónde viene cada uno y qué es lo que ha hecho en el fútbol, pero antes... Te camelaban con tres vídeos. Me acuerdo de un tal Roth, un argentino que vino pero no jugó porque el tranfer no llegó. Y así muchos. Hay mucha gente que vende humo, que hacen mucho mal al fútbol porque buscan su lucro personal y se aprovechan de los incautos. Yo siempre puse el interés del colectivo, el bien de todos, por encima del mío personal.

P. Formas parte de una foto que está grabada en la mente de los cordobesistas. La del ascenso a Segunda en Cartagena, en 1999.

R. Fue un momento fundamental para la historia del fútbol en Córdoba, que a partir de ahí entró en una etapa distinta. Aquel año no estaba preparado el ascenso, no era el objetivo, pero se trabajó de manera humilde, poniendo todos lo que teníamos. La directiva era cordial, democrática, cuerda... No era el imponer las cosas y el ordeno y mando clásico. Ésa época se ha terminado. Todos nos sentíamos involucrados. Desde el palco hasta el césped, sin distinciones. Muchas veces se trata de inventar cosas y es un error. Todo es más sencillo. No hay que complicar las cosas.

Hay mucha gente que vende humo, que hacen mucho mal al fútbol porque buscan su lucro personal y se aprovechan de los incautos"

P. Aquel ascenso cambió el curso de la historia en el Córdoba. Quedó como referencia.

R. Hombre, el ascenso a Primera División ha sido lo más importante que ha sucedido en la época moderna del club. Lo que ocurre es que la mala gestión que ha tenido este ascenso hace que igual no se le dé el mérito que en realidad tiene.

P. Por eso te digo. Ha pasado poco más de un año y ni siquiera han quedado héroes populares.

R. Nada, nada. Si quieres salimos ahora a la calle y preguntamos a la gente quién marcó el gol del Córdoba en el minuto 92 para ascender a Primera. A ver quién se acuerda. Eso es triste. El presidente del Córdoba es una persona que vive ajena a la realidad cordobesa, que está enfrentado con muchos estamentos. Se ha enfrentado al Ayuntamiento, a la afición, a las peñas, a los medios de comunicación, a los propios futbolistas... Su dirección es de un corte muy personalista y creo que eso lo ha pagado. Él ha ascendido al Córdoba y eso es para que a día de hoy saliera a la calle y la gente lo reconociera y le abrazara. Pero está mal visto. Es una persona que lleva dos días en esto, ha tenido la suerte o el buen trabajo que le ha llevado al ascenso y después está claro que no lo ha sabido gestionar. Para nada. Él no ha sabido trasladar a la sociedad cordobesa la importancia de lo que se hizo. Y luego, para rematar, en lo deportivo se funcionó rematadamente mal.

P. Se le puede criticar todo lo que se quiera, pero hay una realidad: el club es de su propiedad. Y puede actuar por tanto como mejor le parezca.

R. No estoy de acuerdo con eso. Yo tengo mi propia versión. Jurídicamente, el Córdoba es una sociedad anónima deportiva, pero éstas tienen un carácter fuera de una sociedad mercantil al uso. De hecho, cuando se crea la Ley de SAD, así se refleja. El patrimonio de la sociedad está en todos y cada uno de los aficionados que van a los partidos del Córdoba, cada uno de los seguidores, aunque no sean abonados, que están hablando de fútbol en una tertulia del bar. Ése es el patrimonio, porque el estadio es municipal. Tú no puedes llegar y decir: 'Esto es mío y aquí se hace lo que yo quiero'. Aquí hay un patrimonio sentimental y eso hay que gestionarlo. Y desde la sinceridad. Si el Córdoba no lo sintiera, la gente de aquí como lo siente, no podría existir. También las instituciones tienen que mirarlo desde ese punto de vista.

P. El Córdoba es unos días un club privado y otros un asunto de ciudad, según sople el viento de los intereses de unos y otros.

R. El clima de enfrentamiento no es bueno. Y de eso tienen que ser conscientes tanto el presidente como los responsables institucionales.

"El presidente del Córdoba es una persona que vive ajena a la realidad cordobesa, que está enfrentado con muchos estamentos"

P. ¿Cuál es tu relación con el Córdoba aparte de la sentimental?

R. Mi relación es de socio. Que ya es mucho. Yo acudo al estadio con mi abono. Los que hemos vivido de esto, los que hemos sido profesionales del Córdoba, creo que somos los primeros que tenemos que seguir abonados y llevando a nuestras familias al estadio. Luego podemos tener nuestra opinión, pero siempre con el Córdoba y buscando el bien. La crítica no es mala.

P. A ti te pusieron en la calle de mala manera. Te quedaste a menos de diez partidos de ser el futbolista con más encuentros jugados en la historia. Tenías contrato en vigor.

R. Mira, el tema de los partidos no he sido de mirarlo nunca. Yo no miraba las estadísticas. Luego, cuando ya me retiré, y a raíz de los artículos que se publicaban, pues ya me di cuenta. Pero bueno, son cosas que pasan en la vida y hay que seguir. Lo que a mí me duele es ver cómo hay personas que ya están desfasadas y siguen ahí, alrededor del club, equivocándose ellos y equivocando a los demás. Es triste y muy cateto. A mí me tocó una situación que era rara. Me retiré muy joven, con 30 años, sin ninguna lesión, siendo titular en el equipo de mi tierra, capitán y con ofertas para seguir en otro sitio. Pero yo vi que era el momento idóneo de cerrar el capítulo del fútbol en el campo. ¿Para qué seguir si no me querían? Y después de jugar tantos años en el Córdoba, eso me había colmado como futbolista. Yo tenía mis estudios, recibí una buena oferta profesional en la Universidad y no era ningún drama. Sólo tenía que adaptarme. Me hubiese gustado seguir un poco más, no te voy a mentir. Tenía dos años más firmados.

P. Si te dejan, terminas jugando como siempre.

R. Seguro. Pero había personas que creían que en la caseta tenían que mandar ellos. Yo era muy poco manejable.

P. Te temían un poquito. O bastante.

R. Yo tenía criterio y una personalidad muy fuerte dentro del campo y fuera. Además, conocía perfectamente al club y a la ciudad. Eso me hacía ganar peso en el grupo. A mí me consideraban el hombre fuerte del vestuario. Todo lo que yo hablaba, salía en los titulares de la prensa y eso no le gustaba a muchas personas en el club, a los que les resultaba incómodo. Yo les dije: 'Mira, ya que me váis a pagar, dejadme en un ladillo aquí en el club y ya está, sin problemas'. Pero lo que querían es verme fuera del Córdoba. Si me dejan, termino jugando. Quisieron hacerlo así y ya está. Por cierto, me echaron y al año siguiente el Córdoba descendió.

"Todo lo que yo hablaba salía en los titulares de la prensa y eso no le gustaba a muchas personas en el club, a los que les resultaba incómodo"

P. ¿Qué piensas cuando ves en televisión a un futbolista besándose el escudo de la camiseta? ¿Nos lo tragamos todo?

R. Mira. El fútbol es un show. Cuando yo era profesional, lo tenía muy claro. Nada más empezar el partido, yo me iba al árbitro y le decía: 'Pita ya'. Que marque el delantero. A mí no me marcaban gol a partir del minuto 85. Los dos laterales y el pivote, plantaditos. Si habíamos mantenido la portería a cero tanto tiempo, que actuaran los delanteros y si no, por lo menos teníamos el punto. El fútbol es marketing. Cristiano Ronaldo, Leo Messi... Todo es imagen. Los clubes se han encargado de que los jugadores no sientan los colores del club. Han sido ellos, sus propias directivas y sus maquinarias de marketing que lo convierten todo en artificial. No se puede pretender que un jugador sienta a día de hoy los colores del club, a no ser que sea de la cantera. ¿Jugadores besándose el escudo de la camiseta? Queda bonito para las fotos, pero es difícil de creer.

P. El fútbol moderno es así.

R. Yo, cuando estuve en el Córdoba, ya empecé a ver esos modelos. Decían: 'Esto hay que profesionalizarlo'. Y profesionalizarlo no es más que alejar al fútbol del mundo real. Mira. Los jugadores del Córdoba tienen que mezclarse con la gente. Tienen que ir a los actos de las peñas, a los colegios... No digo a todos los lados, pero sí tienen que estar con la ciudad que les acoge y donde trabajan. Porque ellos están ahí porque hay una afición detrás. Si no, el negocio se acaba. Tienen que ir a tomarse un café al bar del barrio, ir a comprar al supermercado... No son extraterrestres. Yo obligaba a compañeros a que fueran a actos. Hay que acercarse y no al contrario. Así la gente no conocía a los futbolistas. No los veía en una peña, pero sí podía verlos en centros de hostelería.

P. ¿Qué fue de tu aventura en la política?

R. Yo sigo estando en el Partido Socialista. Fue un momento bonito. Aprendí mucho. Siempre ha tenido mis ideas y me he identificado con el Partido Socialista. Tuve el privilegio de trabajar durante cuatro años, desde la oposición, para la ciudad. No descarto volver algún día. Me llevé muchos compañeros y aprendí de la ciudad, de los mecanismos de la política... Me creé una opinión de todos viéndolos en el día a día.

"Profesionalizarlo no es más que alejar al fútbol del mundo real. Los jugadores del Córdoba tienen que mezclarse con la gente"

P. ¿Qué opinión te merece el panorama político municipal en la actualidad?

R. Desde el momento en el que me identifico con unas siglas, está claro. Yo he estado en política y he tenido mi fair play, igual que dentro del campo. Ahí era una cosa y fuera otra. Yo me he llegado a llevar mejor con algunos adversarios en la política que con compañeros. En política, tengo amigos en el PP, en IU, en Podemos... He colaborado con unos y con otros. Obviamente, tenemos unas ideas y unas recetas distintas, pero a todos nos une el interés por mejorar la vida de nuestra ciudad y de sus habitantes. A día de hoy, Isa Ambrosio tiene una oportunidad muy grande. Estamos en un momento social importante para el futuro de Córdoba. Lo que ha hecho con Izquierda Unida es algo que se demandaba. La gente de izquierdas quería un cambio en la manera de hacer las cosas, y eso es lo que se ha producido. Yo tengo muchas esperanzas y expectativas.

P. ¿No te parece que la política se ha futbolizado? El fracaso de uno es el éxito del otro, hay zancadillas constantes...

R. ¿Sabes qué pasa? Siempre ha existido. Hay una lucha política, eso es evidente. Pero yo entiendo que se está produciendo en los últimos años un cambio social y una demanda de la gente, que va por delante de los partidos políticos. Los ciudadanos quieren gestores honestos, personas que les ayuden y no estén dedicadas a sus cuestiones particulares y a esos debates políticos que no les dicen nada a los que tienen problemas reales. Los partidos políticos tienen que cambiar sus estructuras porque esto es lo que demanda la gente. Así debe hacerse. Y si no se hace así, se corren riesgos porque ya existen corrientes que desacreditan el sistema democrático. Hay que tener capacidad para saber cambiar. No todos son unos chorizos. Hay gente que vive de la política, sí, pero los partidos deben lavar su imagen y construir una generación de políticos honrados. Hay que reconocer los errores que se han cometido y poner los medios para que no vuelvan a suceder.

P. Se han levantado las alfombras y sale todo a la luz. Ya no es posible lavar los trapos sucios en casa.

R. Porque ahora hay un movimiento judicial muy importante. Ahora se investiga todo a fondo. Y este tipo de delitos, más. Aquí se han visto declaraciones de gente dedicada a la política entendiendo que eran 'normales' ciertos comportamientos o ciertas prácticas que no son admisibles. ¿Cómo va a ser normal? Hay que perseguir al chorizo. Se ha llegado a un punto en el que parece que todo está podrido dentro de los partidos y no es así. Ése cambio corresponde a los partidos. Hay gente muy honrada, con mucha vocación y mucha capacidad de aportar allí donde esté. Es gente que tiene su sueldo y que vive de la política, pero eso no se debe ver como algo peyorativo o deshonesto. Siempre que hagan su trabajo y se vean los resultados. No se puede cuestionar el sistema democrático. Valía profesional y honradez deben ser las cualidades del político. Yo creo que los partidos están ahora en ese plan. La gente quiera algo distinto, gente más cercana. Lo hemos visto con el ascenso de formaciones como Podemos.

"Se está produciendo en los últimos años un cambio social y una demanda de la gente, que va por delante de los partidos políticos"

P. Has sido futbolista, gestor deportivo, concejal... Poca gente puede ver desde tantos prismas una cuestión candente: la nueva Ciudad Deportiva del Córdoba.

R. Ahí hay un tema jurídico importante.

P. ¿Es necesaria una Ciudad Deportiva para el Córdoba CF?

R. Yo creo que el Córdoba CF necesita una ciudad deportiva. ¿Cómo se debe administrar la cesión de ese espacio para construirla? Eso ya es otra cosa. Pero el Córdoba CF la necesita, porque es una institución cada vez más grande, y la necesita desde hace mucho tiempo, porque un club profesional no puede estar entrenando en unas instalaciones de tierra o en el propio campo en el que juega. Ahí estamos de acuerdo todo el mundo. El Ayuntamiento debe facilitarle un espacio al Córdoba CF, lo mismo que le facilita el estadio, que es propiedad municipal, y el Córdoba está ahí. En precario, pero está haciendo un uso de él. Debe ir en el mismo sentido. Existen figuras jurídicas de concesión administrativa. Lo que no puede pretender alguien es un lucro cesante a través de una administración. Además, porque no lo permite la ley. Yo creo que ahí está el punto de inflexión. El enfrentamiento que tiene el Ayuntamiento, focalizado en Pedro García porque es el responsable de la Gerencia de Urbanismo y el que ha sido señalado por el presidente del Córdoba, con el club no es positivo para nadie. Eso se tiene que terminar porque lo único que se logra es mal clima y desgaste. El punto de partida no ha sido el más adecuado. Son dos personas con mucha labor pública y que se deben a Córdoba. Existe un informe jurídico que dirá si será aquí o será allí. ¿Que el Córdoba necesita una Ciudad Deportiva? Sí. ¿Qué el Ayuntamiento debe favorecer una cesión de espacio? Sí. Pero si accede a lo que el Córdoba quiere, mañana llega allí la Federación de Baloncesto o la Federación de Balonmano, y también te piden unos terrenos. Yo creo que deben de entenderse el Ayuntamiento y el Córdoba.

P. ¿Falta un liderazgo moral?

R. No lo hay. El presidente del Córdoba, el liderazgo que el pueda creer tener lo demuestra con declaraciones altisonantes, salidas de tono, con un punto cómico que no es el más adecuado. Él se va a dar cuenta de su error. El considera que todo el mundo va en contra de él y no hay nadie que le explique la verdad. Sólo le doran la píldora y le pasan la mano por el lomo. Nadie le dice que su actitud no le lleva a ninguna parte. Tienen que dar una cara más amable, más afable, vender una imagen de éxito, de deportividad, de colaboración, de cercanía... Él, como presidente, sabe gestionar pero no sabe vender esa gestión o trasladar un mensaje positivo sobre ella. En lo económico no se le puede reprochar nada. Hace lo mejor para su empresa. Pero cuando se ha querido meter en lo deportivo, mira el fracaso que ha tenido. Él tiene que saber manejar su imagen como presidente. Creo que lo puede hacer. Él consiguió sacar al Córdoba y subirlo a Primera División. Ha sido un éxito espectacular pero igualmente ha sido la victoria peor gestionada de la historia. Y además con enfrentamientos.

"El Córdoba CF necesita una nueva Ciudad Deportiva porque es una institución cada vez más grande, y la necesita desde hace mucho tiempo"

P. Tú has vivido épocas de malos resultados deportivos que han terminado en fiesta.

R. Puedes hacer que una temporada mala tenga efectos positivos. Las desgracias unen y es posible que después de un mal año, de un descenso incluso, todo el mundo reflexione y tome medidas para cambiar el rumbo. Lo que no puedes hacer es, encima de que en lo deportivo vas fatal, crear enfrentamientos de manera permanente con todo el mundo.

P. Siempre se ha visto al Córdoba como un club conformista, que festejaba objetivos miserables.

R. Es que era lo que se le había dado. Tú tienes que luchar por algo. Si te salvas en el último minuto, se celebra como un ascenso. El fútbol es competición. Tienes que competir por algo. ¿Cuántos equipos se hacen para ascender y luego se salvan en la última jornada? Hay que saber administrar esos estados de ánimo que crea el fútbol.

P. Pero ahora hay otras aspiraciones más altas. En los últimos años, un play off, un ascenso y un año en Primera. Malo, pero en Primera.

R. El Córdoba ha tenido dos puntos de inflexión. Uno fue la entrada de Rafael Gómez, que hay que reconocérselo. Había un Córdoba hundido, con dos mil aficionados, metido en Segunda B y sin aspiraciones, con la cabeza de Rafael Campanero siempre rondando... Cuando llegó Gómez trajo una ilusión a todo el mundo. Se hicieron doce mil socios y se rompió esa línea. De ahí ha quedado un remanente de ocho o nueve mil socios que siempre siguen pase lo que pase. El otro punto de inflexión ha sido el ascenso a Primera y todavía estamos en ese tramo. Si el Córdoba puede plantarse en los catorce o quince mil aficionados como base de fieles, será algo importante. Y ahí el presidente actual se está manejando bien, está consiguiendo que se fidelice una masa social con estrategias de bajadas de precios, pero así había que hacerlo después de un descenso. Eso es un éxito deportivo, ¿eh? Eso es, tarde o temprano, una garantía para volver tarde o temprano a Primera.

"Yo siempre pongo un ejemplo muy claro de estructura deportiva y es el Sevilla FC. Y mira que me repatea a mí eso"

P. ¿Qué te dice el hecho de que casi no haya cordobeses en el Córdoba? Ni en la plantilla ni en los puestos de gestión.

R. Es que se ha despersonalizado mucho el club. Siempre he dicho que hay gente de Córdoba que no tiene valía ninguna y que no por el hecho de haber nacido aquí tienen que estar en el club. Pero también hay gente que lo merece y que puede aportar. El tener gente de la casa supone que conocen el club y la ciudad, son conocidos y resultan más económicos. Me refiero a puestos técnicos o de dirección. El problema del club no es tener o no tener gente de Córdoba, sino la falta de una estructura deportiva. Yo siempre pongo un ejemplo muy claro de estructura deportiva y es el Sevilla FC. Y mira que me repatea a mí, porque aprecio mucho a los sevillanos pero a los clubes de allí siempre me gusta ganarles. A mí, como jugador, me gustaba ganar al Sevilla. Pero hay que reconocer que ellos han conseguido montar una estructura que funciona. Luego puedes tener sevillanos o de otro sitio, pero lo primero es tener la estructura montada. En el Córdoba no acaban de conseguir eso. Ahora han montado algo con gente que estuvo en el Barcelona, no sé... Yo no me lo creo. Te pregunto a ti. ¿Tú te lo crees?

P. Bueno, un poco raro sí que es. Sobre todo si no tienes una Ciudad Deportiva ni unas instalaciones.

R. ¿Pero te lo crees? Yo no me lo creo. Ese organigrama y ese proyecto que quieren vender no me lo creo. Pienso que hay personas cercanas al presidente que creen conocer la ciudad, que saben que a día de hoy el presidente del Córdoba es muy poco popular, y que le hacen creer que con este tipo de cosas se puede cambiar. Pero se trata de personas que están ya desfasadas en el mundo del fútbol. Pero ojo, tienen un año entero para cambiar eso.

P. El asunto es de identidad.

R. Tienes que montar un proyecto con instalaciones adecuadas y mirar a tres o cuatro años vista. Los clubes de barrio tienen mejores instalaciones que el Córdoba, que no tiene ninguna. Todos los años cambian. No hay identidad de club. No está claro qué es lo que quiere. La imagen que el presidente traslada a la ciudad es que está trabajando para sacar jugadores, venderlos y hacer caja. Eso es lo que piensa la gente, no digo que sea así. Ahora trae un responsable o coordinador de fuera para organizar una cantera desorganizada. O el año pasado, que pone a un entrenador que, con todos mis respetos, iba último con el filial y le mandan para salvar del descenso al equipo en Primera División. ¿Eso qué es? No por ser de Córdoba tienes que estar ahí. El hombre se encontró con una caseta que no pudo administrar. ¿Cuál es el criterio? ¿Por qué? ¿Qué quieres? ¿Alguien con experiencia o poner a uno de la cantera? Aquí se cambia de la noche a la mañana. Lo de la cantera del Córdoba es un poco eso. Ahora, hoy en día, todo el mundo es ojeador. Le hacemos caso a cuatro vídeos o amiguetes. Y eso te pasa por no tener un director general fuerte. Y todos sabemos que la media de duración en esos puestos es dos años. Y llega otro que piensa distinto. Se dan unos vaivenes que no son normales.

"¿Cuál es el criterio? ¿Por qué? ¿Qué quieres? ¿Alguien con experiencia o poner a uno de la cantera? Aquí se cambia de la noche a la mañana"

P. ¿Recuerdas el último partido que jugaste?

R. Pues mira, si te digo la verdad... No. ¿Tú te acuerdas?

P. Pues no.

R. No me acuerdo. ¿Te lo puedes creer?

P. ¿Pudo ser contra el Sporting?

- No, no. El último fue con el madrileño de entrenador. Este...

P. Sí, Zambrano.

R. Ése.

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