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Francisco Pérez Jiménez: “La investigación ha de ser rentable y el Imibic lo es”

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Francisco Pérez Jiménez (Atarfe, Granada, 1947) es director científico del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic). Este catedrático de Medicina de la Universidad de Córdoba y Jefe de Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Reina Sofía nos recibe en las instalaciones provisionales que ocupa en el edificio de Consultas externas del Hospital. Dentro de poco toda su gente se mudará a las flamantes instalaciones ya finalizadas de la sede del Imibic, que solo esperan ser dotadas. Mientras, el Instituto ha logrado hacer un hueco en el mapa de la investigación biomédica y hace un par de semanas comunicó su último hito, el Broca, un prototipo de robot quirúrgico especializado en intervenciones laparoscópicas cuyo desarrollo está dirigiendo el Imibic. Pérez Jiménez defiende en esta entrevista su visión pragmática de la investigación, más cercana a la rentabilidad económica y utilitaria de unos resultados que sean capaces de justificar en patentes y aplicaciones útiles la inversión realizada.

Dedicado especialmente a la clínica desde los primeros años del Reina Sofía, Pérez Jiménez siempre ha estado vinculado a la investigación y especialmente en relación con el aceite de oliva y la alimentación.

PREGUNTA. ¿Cómo ha cambiado el mundo de la ciencia desde que usted empezó a dedicarse a la clínica hasta ahora?

RESPUESTA. El cambio ha sido tremendo y se necesita perspectiva para entenderlo. Se puede ver cada cinco años pero, de año en año el progreso se nota poco. Claro está que en consideración social y en el propio entorno en el que nos movemos hemos mejorado mucho. Porque durante muchos años hemos estado haciendo investigación casi de tapadillo porque no se entendía por parte de muchos compañeros y por parte de la propia administración que no veía bien que los médicos investigaran. Nosotros hemos estado trabajando en un edificio donde estábamos, recluidos en unas habitaciones en las que, para estar a oscuras, teníamos que poner cartones porque no había cortinas. Estábamos en una situación totalmente precaria y casi hemos hecho trampas para conseguir cuatro aparatos. Siempre trabajando con muy poca consideración y haciendo una investigación intuitiva y poco rentable. En ese sentido ha habido un cambio fundamental que se ha producido en España en los últimos ocho años. Y es que hay que investigar para algo. En aquella época -y todavía pasa mucho en España- el investigador era un señor que estaba encerrado en un fanal, con buenas ideas y generando conocimiento, pero ese conocimiento quedaba en el mundo virtual de las publicaciones sin que tuviera ninguna repercusión en prácticamente la gran mayoría de las ocasiones.

P. ¿Cuál es el cambio drástico que trae institutos como este?

R. Que el investigador no puede trabajar solo porque sus capacidades son limitadas y los equipamientos son muy costosos y no los puede adquirir. Por eso necesita trabajar en grupos. El cambio de filosofía supone decirle a los investigadores que sus rivales no son los que están en el pasillo de al lado sino lo que es están fuera. Hasta ahora la única preocupación era que tú publicaras más que el de al lado pero te comparabas menos con el exterior. Ahora la visión cambia, puesto que los investigadores se asocian y quienes antes eran rivales ahora son cooperadores, uniéndose para intentar conseguir más logros que sus colegas del exterior. Eso permite que en un equipo todos se comprometan con todos; que entre todos se puedan comprar equipos costosos; que entre todos se puedan generar trabajos de mucha más calidad y sobe todo, al asociar investigadores que están en la ciencia especulativa con los que están en el día a día con los enfermos, la investigación se orienta a un uso. Algunos investigadores no ven claro del todo este sentido utilitarista porque puede suponer un esfuerzo salir de la especulación y de tu propio mundo. Pero es necesario dar el paso y mirar a otras personas que no tienen esa mente científica tan potente -que son los clínicos-, que tienen problemas que han de resolver y ellos, los científicos puros, les pueden dar respuestas y soluciones.

Durante muchos años hemos estado haciendo investigación casi de tapadillo porque no se entendía por parte de muchos compañeros y por parte de la propia administración que no veía bien que los médicos investigaran

P. ¿Y en el Imibic logran ese punto de convergencia entre la ciencia más especulativa y teórica y la clínica?

R. Sí. Fíjese, hace años aquí mismo hacíamos estudios en ratas a las que provocábamos enfermedades, cuando había enfermos con ese mismo mal y podíamos estudiar en ellos lo que les ocurría en vez de en los roedores. Y todavía las personas que están metidas en una dinámica que no está orientada a la clínica están haciendo en animales lo que se puede investigar en hombres. Y no es lo mismo lo que sucede en un animal que en un hombre. Es cierto que las ratas son muy útiles porque hay experimentos y determinadas pruebas que no se pueden estudiar en el ser humano, pero las cosas que se pueden estudiar en personas son mucho más relevantes. Este es un cambio importante y nos está llevando a que, cada vez más, los resultados de una investigación se traduzcan en cosas; en información que permita cambiar el tratamiento del enfermo; en hacer cosas que repercutan en la cartera de servicios del hospital; en patentes y en registros que pueden ser explotados.

Hay que investigar para algo

P. ¿Y quién se queda con esas patentes?

R. Hay un punto muy importante que está en el nudo gordiano de centros como el Imibic y es que necesitan una gran madurez para que se puedan poner en marcha, porque necesitan que las instituciones -la Junta y la Universidad- tengan madurez suficiente para renunciar a lo que ellos han venido haciendo independientemente y sientan que el Imibic, en este caso, es de todos. Es muy importante conseguir que todas las personas que están en el Imibic se sientan miembros de una institución que es resultado de la unión de varios instituciones que han sido durante mucho tiempo rivales y que ahora van a ceder parte de sus beneficios. Por ejemplo, eso lo vemos en el tema de la comunicación. Era imposible que antes surgiera una noticia como el robot que ha generado el Imibic. Ha sido necesaria la unión de la Universidad y el Hospital para hacerlo. Y un cambio de mentalidad en el sentido de tener claro que, por separado, no se podía avanzar y que hay que orientar su trabajo en algo práctico y útil. Los que antes eran rivales ahora son cooperadores y que las propias instituciones ahora lo sientan como suyo es crucial. Pero el Imibc sigue siendo una estructura vulnerable, no lo olvidemos. Se preparó antes de la crisis pero nace en 2008 y estamos en 2014. Ha crecido en el peor momento y eso indica su fortaleza. Hemos sido capaces de convencer de que esta experiencia era útil. Y eso también explica por qué se crea aquí y no en Málaga o Granada, que son mucho más potentes que nosotros. Y es que allí no han sido capaces de ver esta oportunidad. Y ahí es donde digo que era necesaria la madurez tenida en Córdoba y que no se han dado en esas universidades.

El Imibic ha crecido en el peor momento y eso indica su fortaleza

P. ¿Por qué dice que el Imibic es muy vulnerable?

R. El Imibic debe llegar a un grado de madurez que permita que cuando los dirigentes y las personas que lo han creado desaparezcan haya otros que les sustituyan. Ahora hay quien está utilizando el Imibic como herramienta electoral contra un candidato. He recibido hace poco un correo masivo que decía “vóteme al claustro porque hayque cambiar la política del equipo anterior porque ha invertido en una serie de cosas”. E incluía al Imibic. Y el correo decía que ese dinero hay que dedicarlo “para apoyar la docencia”. Pero es que buena parte de ese dinero lo hemos conseguido nosotros porque somos competitivos. Cuando en 2008 se creó el Imibic, las instituciones empezaron a darnos unos 70.000 euros al año y nosotros, gracias a un plan de sostenibilidad, hemos ido reduciéndolo y hemos ido buscando recursos. Ahora, al construir el edificio y tener que dotarlo y ponerlo en marcha nos van a tener que ayudar más y creo que cada institución va a aportar alrededor de 300.000 euros, porque necesitamos unos 900.000 al año para mantenerlo (en Sevilla un edificio similar cuesta alrededor de 1,2 millones al año). Pero esta aportación de 300.000 euros significa que las instituciones tienen un edificio que solo les cuesta una tercera parte. Y cualquier edificio de la UCO vale más que esos 900.000 euros porque están en un paquete de gastos que no se saben lo que cuesta.

El Imibic es un negocio

P. Tras la burbuja económica vimos proyectos como la Ciudad de las Ciencias de Valencia con enormes infraestructuras vacías. ¿Puese ocurrir lo mismo es Córdoba con el Imibic?

R. No. El Imibic tiene un modelo cuya sostenibilidad está garantizada porque lo más costoso, el material humano, tiene tres orígenes, profesores de universidad que trabajan a coste cero, médicos del hospital que trabajan a coste cero y la tercera pata son los propios recursos que consigue el Imibic para investigadores que tenemos aquí. Todos esos recursos provienen de los proyectos que consiguen los profesores de Universidad y los facultativos del hospital y con ellos contratamos gente. Eso te garantiza que seamos competitivos y nos den fondos europeos e internacionales. El Imibic logra así tener un grupo de personas propias del Instituto y no ligadas a ninguna institución, que están financiadas por convocatorias públicas competitivas. Es que esto es un negocio. Para las instituciones es un negocio. Para construir el edificio hemos pedido fondos Feder, entre otros, y es cierto que cuesta 900.000 euros de mantenimiento, pero nosotros estamos seguros por experiencia que en cinco años habremos recuperado la mitad.

P. Imagino que el potencial de generación de riqueza que caluclan es mucho mayor.

R. Por supuesto. Somos el único hospital de Andalucía que ha crecido en captación de fondos de este tipo y el Imibic, el año pasado es, de los 20 institutos similares que hay en España, el que más ha crecido en la captación de fondos de la Acción Estratégica de Salud que el Instituto Carlos III convoca para proyectos de investigación. Somos un negocio. Si a unas malas no nos llegase alguna de las partidas de 300.000 euros para el edificio, seguramente ajustaríamos y podríamos seguir adelante. Esto es un negocio, insisto. Piense que en Andalucía hay tres, cuatro o cinco institutos del tipo de Valencia que, o están vacíos, semivacíos o le está costando a las Administraciones públicas muchos millones de euros. Todos, en teoría, tendrían que tener sostenibilidad pero el Imibic lo tiene más fácil porque los recursos humanos ya los tenemos pagados. Aquí ya estamos generando una cantidad de ciencia, patentes y futuro con rendimiento económico. Y a las administraciones no les cuestan más de 300.000 euros al año a cada una. Pero insisto en que esto es vulnerable.

En el Imibic estamos generando ciencia, patentes y futuro con rendimiento económico

P. ¿Por qué?

R. Porque si un nuevo equipo rectoral llega y corta el grifo y ni nos apoya ni nos canaliza las solicitudes a programas internacionales nos quedamos colgados. Por eso digo que todas las instituciones tienen que visualizar que el Imibic es suyo. Lo que yo no quiero es que se use el Imibic como herramienta electoral [en los próximos comicios a rector].

P. A mí me cuesta mucho imaginar que eso pase.

R. Pues para que no pase, debería ocurrir como en el Instituto Carlos III en el que, cuando llegó el PP, se siguió manteniendo como la columna vertebral de los institutos de investigación biomédica. Pero en Andalucía no hay una política fija, no se cuenta por ejemplo con los institutos acreditados como nosotros. Se cuenta con nosotros mucho más en Madrid que en Andalucía. En Madrid cambian las cúpulas y se nos siguen apoyando.

En el Imibic queremos identificar aquellas empresas que generen ideas interesantes para potenciarlas y que podamos hacer uso de ellas

P. En el Imibic juega un papel muy importante la empresa privada.

R. Sí, además de generar ciencia y publicarla, de lo que más orgullos estamos es de la Unidad de Innovación Tecnológica que está intentado desarrollar algo que no es en sí investigación para generar conocimiento pero sí es innovación. Un hospital es un lugar con una potencialidad enorme para esto. Y ahora queremos entrar en un proyecto de acelerador de empresas del Ayuntamiento para identificar aquellas empresas que generen ideas interesantes para potenciarlas y que podamos hacer uso de ellas.

P. Usted está dibujando un tejido industrial completamente nuevo y basado en el conocimiento. ¿Es posible en Córdoba?

R. Piense que tenemos a los grandes expertos. Y la tecnología ya está.

P. De ahí proyectos como Broca.

R. Si dentro de diez años el Broca funciona y se expande, habremos demostrado que realmente somos capaces de crear ideas físicamente visibles con potencialidad de explotación. Pero esto es imposible si no se une el hospital con la Universidad; que el Imibic una a personas con especialidades muy distintas. Y vamos a dar un paso más porque queremos traer en convocatoria pública a cuatro o cinco personas ajenas al Imibic; hacerles un entrenamiento intensivo de dos meses centrado en las posibilidades de innovación del hospital y de cómo una idea que se tiene se desarrolla y se llega al final al business. Una vez que esas personas culminan el entrenamiento, identificamos los servicios más innovadores y con más empuje del hospital y mandamos allí a estas personas con profesionales de esos servicios. Allí trabajarán en recoger las ideas que haya en esa unidad, se elige una de ellas y en los ocho o nueve meses restantes se ven sus posibilidades de desarrollo y explotación; se analizan, prueban y se estudia si somos capaces, dándole el apoyo adecuado, de ver si puede acabar en una patente o en la generación de una spin off. En el Hospital de Standford ya se hace y en un hospital catalán también. Y nosotros queremos que, a través de esa herramienta, se pueda empezar a extraer ideas que están ocultas y que no se explotan.

P. Cuando hablamos de la industria médica y farmacológica se dice que se desarrolla en aquello que es rentable y se olvida de lo que no es, dejando a muchos desprotegidos. ¿No podría incurrir el Imibic en el mismo error y desarrolle solo que deja dinero después y no lo que, siendo útil, no sea una patente rentable?

R. Usted está diciendo una cosa que es muy importante. A ver, el Imibic como tal no está pensado ni para generar industria ni para ganar dinero. Nosotros lo que queremos es mejorar la calidad general de vida de la población. Y tenemos un ejemplo de esto muy claro con las enfermedades raras que no son rentables económicamente. Son muchísimas las personas que padecen alguna enfermadas rara, se calcula que una de cada diez personas sanas pueden padecer alguna de las 5.000 enfermedades raras catalogadas. También se les llama enfermedades huérfanas porque la industria no invierte en ellas. Pero al Imibic no se le puede ver solo con el objetivo de obtener beneficio y ganar dinero, su objetivo primordial es mejorar la calidad de vida de la población. Y para ello tenemos que usar todas las herramientas. En ese sentido, ya estamos en una red internacional de ensayos clínicos no comerciales y algunos de estos están relacionados con enfermedades raras porque la industria no los apoya y hay que irse a convocatorias públicas nacionales e internacionales para conseguir fondos. Nosotros mismos estamos creando un grupo de enfermedades raras. También ocurre que en este país de precariedad económica muchas veces vendemos el mensaje de beneficio económico y de rendimiento empresarial porque creemos que eso es una fortaleza y visión de futuro.

El Imibic está pensado para mejorar la calidad general de vida de la población

P. Todos los indicadores señalan que la inversión pública en ciencia ha retrocedido diez años. ¿Seguimos con esa idea tan española de “que inventen otros, que investiguen otros”?

R. No, no seguimos en eso. El Instituto Carlos III -que canaliza la investigación biomédica- ha luchado a muerte en el Ministerio de Economía y Competitividad para mantener la Acción Estratégica de Salud que querían que desapareciera. Están consiguiendo amortiguar los recortes. Son técnicos, no políticos, pero arriba, los ministros y el presidente del Gobierno son los que meten los recortes y estos sí que son indiscriminados. Pero en la línea biosanitaria hemos podido mantenernos e incluso crecer a veces. Pero para los investigadores que hacen ciencia básica los recortes han sido un desastre. Menos mal que algunos se han podido refugiar en institutos como el Imibic. En Andalucía está muy claro el apoyo a la investigación desde la Administración autonómica.

P. ¿De verdad?

R. Sí. Aunque lo que no existe en Andalucía es una línea argumental consistente y bien definida como la que existe en Madrid. Dependemos del director general de turno. En el Instituto Carlos III cambiaron los directores generales con el PP pero permanece la misma línea. En Andalucía ha habido un director general, Jerónimo Pachón, en la Consejería de Salud con una visión moderna y en el que han aumentado los recursos de investigación. Este hombre es médico e investigador y ha trabajado alineado con Madrid. Antes en ese puesto lo que había eran políticos. Eso me indica que ahora hay conciencia de que esto es importante pero no hay una política clara de decir: vamos a invertir en aquello que está contrastado, que es rentable, que está evaluado y que sabemos que va a dar rentabilidad (como el Imibic); o vamos a hacer una política de inversión sistemática de semillero; de invertir en proyectos para todo el mundo. Hoy no hay nadie en ese cargo de la Junta.

Para los investigadores que hacen ciencia básica los recortes han sido un desastre. Menos mal que algunos se han podido refugiar en institutos como el Imibic

P. ¿Habla usted de hacerlo sectorial? Por ejemplo, que Córdoba, aprovechando el Broca, se centre en quirúrgica robótica.

R. Yo aplicaría la política del Carlos III: doy dinero donde sea más rentable. Y eso está claro que no es en los grupos individuales. Lo doy a los institutos acreditados, evaluados y que cada dos años emiten una memoria que acredite qué hacen con el dinero. Aquí, profesores de universidad y jefes de servicio han sido evaluados y calificados como cualquier otro. Y eso no se ha hecho en ningún otro instituto. Aquí hay garantía de que el dinero que entra va a ser rentable. Y si vemos que un área va a ser más rentable que otra, nos reorientaremos por ahí. Por ejemplo, ya lo estamos haciendo hacia las áreas de nutrición y metabolismo porque está el CeiA3 y hay sinergias. Hay que invertir en lo que se vea que es rentable. Lo que veo dudoso es que se ponga dinero en la investigación de un señor que trabaja en un centro de salud de Écija si ese señor no está tutelado y metido en una estructura que evalúe y controle dónde va el dinero.

Hay que invertir en lo que se vea que es rentable

P. ¿El Imibic es un brote verde?

R. Ortega y Gasset decía que en las crisis lo que hay que hacer es poner buenos cimientos para que en época de abundancia se construyan buenos edificios. Lo que hacemos en el Imibic son los cimientos que se están consolidando, aunque pendiente de todas las administraciones implicadas sigan apoyándolo.

Lo que hacemos en el Imibic son los cimientos que se están consolidando

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