La rabia como motor del Córdoba

Los blanquiverdes celebran la victoria ante el Tenerife | MADERO CUBERO

Un 2-0 trabajado, sufrido, sudado y sangrado. El Córdoba sacó adelante un partido muy delicado. Lo mejor de los de Carrión fue su capacidad para entender cómo había que meterle mano a un adversario que se dedicó a verlas venir y estuvo cerca de darle a los blanquiverdes otro bocado en El Arcángel, algo que hubiera resultado fatal. No por los efectos en la clasificación -aún queda un mundo- sino por la losa anímica que supone para un equipo -y para todo su entorno- el despachar el primer mes de temporada sin ganar ante su público. Lo evitó por agallas y persistencia. Después de un primer tiempo tan esforzado como desgraciado, el Córdoba encontró la llave para abrir el cerrojo tinerfeño en Sergi Guardiola, que había fallado un penalti en la última jugada de la primera parte. Los tímidos pitos que salpicaban el inquietante murmullo de la grada se transformaron en una energía que no se perdió hasta el final. Luego llegó Caballero, el más antiguo de este Córdoba en permanente cambio, para finiquitar la noche con un gol simbólico. Robó en zona de peligro, fue vertical y eficaz. Cuando se hacen las cosas como se dicen es todo más bonito.

Los prolegómenos fueron intensos. La última vez que Onega estuvo en El Arcángel fue para jugar, marcar un gol y darle la victoria al Córdoba. De eso hace cuarenta años. Los aficionados más veteranos se emocionan al recordar aquel equipo. Las generaciones más jóvenes lo conocen porque sus mayores les hablaron siempre de este mediocentro argentino con devoción, cincelando durante décadas con nuevos detalles la forja de un mito. En clubes como el blanquiverde, donde no hay mucho que lucir en las vitrinas, la pasión se alimenta de recuerdos compartidos. Ver a Onega aclamado por la gente es paladear la esencia del fútbol. El cordobesismo, que tiene en la nostalgia uno de sus puntos fuertes, vivió una noche de sensaciones. Lo de los onces recitables ya pasó a mejor vida y los equipos cambian como los menús de los establecimientos de comida rápida. La superposición de sabores impide captar el de los ingredientes principales. Más o menos así anda este Córdoba, dándole vueltas a la receta para encontrar algo que al menos, mitigue el hambre y no sepa demasiado mal. Fútbol de menú en El Arcángel. Pero con sangre caliente.

Carrión metió mano a fondo en el equipo. Por delante y por detrás. Dio la titularidad a Pawel Kieszek, el mejor jugador de la pasada temporada, que ya había catado la competición en la Copa en Lorca pero que no jugaba un partido de Liga desde la penúltima jornada de la campaña pasada. Fue en Vallecas, donde el equipo venció, salvó la categoría y él pudo revelar públicamente lo que todos sabían dentro del vestuario: que llevaba meses jugando con un dedo roto. El polaco ya está aquí. El técnico blanquiverde mandó a la guerra a sus dos delanteros de referencia, Jona y Sergi Guardiola, que habían venido repartiéndose la presencia en un esquema con un único punta. Solo estuvieron los dos en situaciones de alarma. Y la visita del Tenerife lo era, principalmente porque pensar en una tercera derrota consecutiva en El Arcángel en el inicio liguero era una opción que daba pavor.

En apenas medio minuto, Pawel ya había tenido que emplearse para desviar un potente tiro de Malbasic. El susto inicial dejó paso a una situación de control por parte de los blanquiverdes, que movían con soltura la pelota. A menudo con mucho magreo en zonas lejanas al área, lo que facilitaba el trabajo a un Tenerife contemplativo. Los de Pep Martí aguardaban su oportunidad a la contra. No la buscaron ni les llegó. Los anfitriones sí coleccionaron unas cuantas, algunas por virtudes propias y otras por errores ajenos. Jona Mejía, muy activo, dispuso de un par en el primer cuarto de hora. En la primera, a los cinco minutos, su disparo lo interceptó Raúl Cámara y el defensa chicharrero estuvo a punto de introduciría en su portería. Poco después, el hondureño cabeceó un centro de Dani Pinillos. Dani Hernández, el meta del Tenerife, tenía trabajo. Un latigazo desde fuera del área de Sergio Aguza lo vio salir junto a su palo derecho. Javi Galán buscaba continúamente el uno contra uno por su banda y logró meterse varias veces en el área, pero no tuvo suerte en la finalización o, directamente, le frenaron con contundencia.

El meta venezolano del Tenerife volvió a pasarlo mal en una falta que botó en el minuto 30 Alejandro Alfaro. Desvió el disparo, pero la pelota cayó a los pies de Jona, cuyo remate lo cortó Jorge Sáenz lanzándose a ras de césped para provocar el córner. En esa cadena de oportunidades, la mejor llegó a final. Sagués Oscoz vio penalti en una acción en la que Samuel Camille tocó por detrás a Sergi Guardiola, que exageró la caída como si le hubiese disparado un francotirador. El defensa francés -excordobesista por cierto, de los tiempos de Lucas Alcaraz- se echó las manos a la cabeza. Guardiola se fue a por la pelota, la colocó con cuidado y armó un lanzamiento ajustado al poste derecho que Dani Hernández le adivinó perfectamente. Fue la última acción de la primera parte. El Córdoba se fue con la irritante sensación de haber desperdiciado su ocasión de tener el partido de cara.

No hubo cambios en el intermedio. El Córdoba insistió en su método. Javi Galán, muy punzante. Empezando muchas cosas y terminando menos. Guardiola algo perdido. Jona entrando a todas. El Tenerife, dejando la impresión de que es estaba guardando algo. Muy pando, más pendiente de no perder el orden táctico que de otra cosa. Seguramente echaba de menos a Suso, uno de sus referentes. El caso es que el Córdoba proponía más, lo intentaba -a veces de manera bastante alocada- y conseguía llegadas, córners... Todo ese tipo de situaciones que se suman en un paquete que luego se etiqueta como “méritos para ganar”. A falta de media hora seguía el empate a cero.

Hasta que llegó el chispazo que lo varió todo. Fue un arrebato de rabia, una reivindicación. Sergi Guardiola recogió un balón al borde del área. Vio que nadie le salía al paso y tuvo unas décimas de segundo para pensar en la mejor opción. Decidió que lo más procedente era pegar un zurdazo a la escuadra. Lo mismo intentaron antes otros compañeros y la pelota terminó en el limbo. Pero al jugador criado en Jumilla le salió de perlas. Su golazo le sirvió para limpiar su conciencia por el error del penalti, llevar al delirio al graderío y poner a los suyos en el carril adecuado. Pep Martí reaccionó metiendo en el campo a Bryan Acosta y a Víctor Casadesús. El ex del Levante tuvo una ocasión clara en un disparo desde la frota del área al que Pawel respondió con una certera intervención.

Para entonces, el conjunto de  Carrión se movía con mayor seguridad. Alfaro dejó su sitio a Carlos Caballero a falta de un cuarto de hora. Y el alcorconero acabaría poniendo la rúbrica. Ya en el último minuto -aunque con cinco de prolongación que había anunciado el árbitro-, echó el broche a la tarde con una acción excelente. Le robó el balón de los pies a Samuel Camille, que iba trastabillado en la salida, y encaró directamente la meta del Tenerife para resolver con un duro disparo a media altura. Lo festejó con esa rabia que fue, esta vez, el carburante perfecto para un Córdoba que ganó por primera vez en El Arcángel y espantó unos cuantos fantasmas.

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA CF, 2: Pawel Kieszek, Fernández, Joao Afonso, Josema, Pinillos, Edu Ramos, Sergio Aguza, Alfaro (Carlos Caballero, 74'), Javi Galán (Álex Vallejo, 90'), Sergi Guardiola (Jaime Romero, 83') y Jona.

TENERIFE, 0: Dani Hernández, Raúl Cámara, Carlos Ruiz, Jorge Sáenz, Camille, Alberto, Aitor Sanz (Bryan Acosta, 65'), Tayron (Víctor Casedesús, 67'), Malbasic, Juan Carlos (Montañés, 77') y Longo.

ÁRBITRO: Sagués Oscoz (Comité Vasco). Amonestó con tarjeta amarilla a Aitor Sanz y Longo, del Tenerife.

GOL: 1-0 (64') Sergi Guardiola.

2-0 (90') Carlos Caballero.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la quinta jornada del campeonato nacional de Liga 1|2|3, disputado en el Estadio Municipal El Arcángel ante 10.091 espectadores. En los prolegómenos del encuentro se rindió homenaje a Daniel Onega, futbolista argentino que jugó cuatro temporadas en el Córdoba CF en los años 70.

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