Con la interioridad del discurso

Farrando pugna en alto por un balón en el duelo con el UCAM Murcia | ÁLEX GALLEGOS

Como si de una guerra, con cada una de sus batallas, se tratara el entrenador procura mantener en secreto su estrategia. Sucede siempre en realidad pero el símil viene que ni pintado en este caso. En primer lugar, porque el encargado de dirigir a la tropa trata de no ofrecer la más mínima pista no sólo a su rival sino incluso a su entorno. Por otro lado, acostumbra, dentro de ese planteamiento, a variar el esquema y los nombres de manera que resulta casi imposible adivinar cuál es su idea. La realidad vivida hasta el momento no parece que vaya a cambiar de cara a un enfrentamiento marcado por las dudas del adversario. Y por las que genera en su contrario, debe añadirse. Quizá sea esto último lo que más preocupa al entrenador del Córdoba, Juan Sabas, de cara a su duelo con un Recreativo Granada del que nada se sabe, a nivel competitivo, todavía. Porque la contienda es propicia para el exceso de confianza en el cuadro califal. No en vano, el filial nazarí viene de tres semanas -tantas como las transcurridas por ahora- sin pisar el verde y además no tiene a todos sus futbolistas disponibles.

La incidencia del Covid-19 en su vestuario provoca que el conjunto rojiblanco no haya disputado un solo encuentro de los tres que le correspondían con anterioridad. Dicho de otro modo, es un absoluto desconocido en el césped para los otros nueve equipos del Grupo IV-B de Segunda B. También supone para el plantel bajo el mando de David Tenorio un problema grave al tener que abrir la puerta a juveniles. Por si fuera poco, el Granada le resta normalmente efectivos por idéntica causa: la detección de positivos de coronavirus conlleva la participación de jugadores del filial en el primer equipo del Nuevo Los Cármenes. Pese a todo, Juan Sabas no quiere una sola demostración de confianza desmesurada. Es al menos lo que reflejó su discurso en la rueda de prensa previa a un encuentro que estuvo en el aire hasta el último momento. Es normal pues fiarse de las apariencias, y actuar conforme a ello, suele conllevar sorpresas en forma de disgustos. Precisamente es lo que pretende evitar el conjunto blanquiverde.

Aun así, por mucho que la situación fuera diferente a la actual, al Córdoba no le queda más remedio que acudir a la vecina provincia con una inexcusable tarea por cumplir. Ésta no es otra que la consecución de la victoria. Los rangos están para algo, aunque cierto es hay que demostrarlo en el campo. Más si cabe cuando desde El Arcángel se repitió aquello de que se tiene una de las mejores plantillas de Segunda B -si no la mejor- y de que todo lo que no sea retornar al fútbol profesional es un fracaso. Diáfano es el mensaje como también la circunstancia de que el objetivo del rival esta vez nada tiene que ver con el propio. En resumen, el cuadro califal está obligado en cierto modo, por sí mismo y por su apariencia ante los suyos y sus adversarios, a probar que es superior y está preparado para el ascenso sí o sí. Si bien desde el vestuario se evita, se descubre la interioridad del discurso.

Está bien mantener la prudencia, tanto a nivel público como privado. De hecho, resulta necesario hacerlo con el fin de impedir expectativas desmedidas -en el fútbol como en la vida nunca se puede dar nada por sentado- y posibles decepciones exageradas. Sin embargo, es indiscutible que el Córdoba viaja a Granada con una ambición impuesta por sí mismo -otra vez- y por la realidad de la categoría esta temporada. En definitiva, el cuadro califal visita al filial del histórico conjunto nazarí con la perspectiva única de sumar los tres puntos. Sobre todo después de ceder un empate la anterior jornada en su propio feudo. Vale que el punto otorgado fuera al rival más directo en la lucha por el liderato del Grupo IV-B más que por la clasificación a la segunda fase de promoción. Pero no lo es menos que, y así suele dictarse a modo de tópico, un equilibrio en casa ha de hacerse bueno fuera de ella. Por tanto, y porque todos esperan que ocurra, el conjunto blanquiverde no tiene más remedio que realizar una demostración de fuerza en la Ciudad Deportiva del Granada. Todo, claro está, sin perder la perspectiva de lo tramposo que es este deporte: quien cree que gana sin bajar del autobús, como en su día dijo equivocadamente Helenio Herrera -mítico entrenador que lo fue, por ejemplo, del Barcelona-, termina por perder.

Más allá de lo dicho, como es habitual, la principal ocupación ha de estar en dar forma al once idóneo y con un dibujo perfectamente trazado, así como la idea de juego, claro está. En ello trabaja siempre Juan Sabas sin descubrir una sola carta, y si lo hace tiene algún as bajo la manga. La alineación del Recreativo Granada, al igual que su capacidad de competir, es una incógnita todavía. Sucede casi lo mismo en el primero de los aspectos en lo que respecta al conjunto blanquiverde. Juan Sabas desveló que utilizaría un sistema ya usado, que no inventaría nada nuevo -es difícil crear después de más de cien años de fútbol-, y que dudaba en varias posiciones. Con esos escasos apuntes, todo hace indicar que el cuadro califal va a repetir esta vez el 4-2-3-1. Para empezar porque sólo van dos delanteros centros en la expedición. El caso es saber qué movimientos puede efectuar el preparador madrileño en cuanto a nombres. Quizá sea el momento de Carlos Valverde tras el discreto partido de Samu Delgado ante el UCAM Murcia o de Djak Traoré en el doble pivote junto a Mario Ortiz. La respuesta a las interrogantes, como es habitual, llega antes del partido.

ALINEACIONES PROBABLES

CLUB RECREATIVO GRANADA: Arnau, Fobi, Montoro, Bruno Morais, Migue García, Álvaro Bravo, Aranda, Echu, Dieguito, Caio y Nuha Marong.

CÓRDOBA CF: Edu Frías, Farrando, Djetei, Bernardo, Alberto Espeso, Mario Ortiz, Djak Traoré, Carlos Valverde, Javi Flores, Alain Oyarzun y Piovaccari.

ÁRBITRO: Luis Fernando Collado López (Comité Castellano Manchego).

CAMPO Y HORA: Ciudad Deportiva del Granada CF, 12:00 (Footters).

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