Imbroda y la sonrisa de una leyenda en Córdoba

Javier Imbroda, delante de la pizarra.
El entrenador recibe el Premio Raimundo Saporta por su carrera en un multitudinario clinic celebrado en el Colegio Virgen del Carmen

Allí, rodeado de los suyos, se le notaba feliz. Por el premio que iba a recibir, pero también por muchas otras cosas. Javier Imbroda (Melilla, 1961) se reencontró en Córdoba con buena parte de su pasado. Miró con cariño a Burgos, a Lacort... Los clásicos del baloncesto cordobés recuerdan todavía aquellas visitas de un joven Imbroda al viejo Polideportivo de la Juventud, al frente de un pujante Mayoral Maristas. En la cancha -hoy tapiada- del pabellón del Sector Sur comenzó a labrarse una leyenda. Dirigió al Unicaja de Málaga, poniendo los cimientos de una gran potencia; también al Caja San Fernando sevillano y al Real Madrid, al que llegó tras pasar por la selección española. Tuvo a sus órdenes a la hornada de los júnior de oro del 99, en sus primeros años como profesionales, y abrió el camino a la hemorragia de medallas en los cursos siguientes con el bronce en el Eurobásket 2001 de Turquía.

También tiene en su expediente una anotación excepcional: con él en el banquillo, España consiguió vencer a Estados Unidos en partido oficial en suelo americano. Fue en el Mundial de Indianápolis 2002. La selección entró en el último cuarto perdiendo por 65-56 ante una formación adiestrada por George Karl y con estrellas como Reggie Miller, Ben Wallace, Jermaine O'Neal, Paul Pierce, Elton Brand... Pero en España había tres chavales de 20 años que querían comerse el mundo. Juan Carlos Navarro (26 puntos), Pau Gasol (19) y Felipe Reyes (12) aniquilaron a las figuras de la NBA con un parcial de 10-25. Y allí estaba Imbroda, el mismo que en el salón de actos del Colegio Virgen del Carmen ha recogido el premio Raimundo Saporta como homenaje a su carrera. Ahora, alejado de los banquillos profesionales -su última experiencia fue en el 2009, con el Vive Menorca-, permanece cerca del baloncesto. O, más que cerca, dentro.

“Durante muchos años estuve en primera línea de la batalla, pero ahora estoy más alejado de los banquillos, así que valoro más todavía que se hayan acordado de mí”, declaró Imbroda cuando conoció que iba a ser el destinatario del premio. Lo recibió en un marco ideal, acompañado por colegas. En las pistas de un colegio que respira baloncesto. Más de un centenar de asistentes tuvieron la ocasión de compartir sus experiencias con Javier Imbroda y también con Miguel Martín y Curro Segura, ponentes del XIX Clinic Internacional Raimundo Saporta, celebrado en Córdoba conla organización de la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto (AEEB) y la Federación Andaluza (FAB). Ha sido la primera vez que el prestigioso clinic sale de Madrid para encontrar otra sede. La asistencia de técnicos de distintos puntos de la comunidad confirma que las ganas de perfeccionarse no faltan en el Sur.

La jornada se inició con la ponencia de Miguel Martín, experto en formación, bajo el título de ‘Formación continua’. El relevo lo tomó Curro Segura, entrenador con más de tres lustros como profesional en los banquillos. ‘Las ganas y las canas’ fue el título de una ponencia que abundó en las cualidades de un jugador de formación en el desarrollo de un equipo profesional. Después, el protagonismo recayó completamente en Javier Imbroda, que antes de recibir el premio Raimundo Saporta expuso su ponencia: ‘Construcción de un estilo de juego en equipos profesionales con jugadores jóvenes’.

“He pasado un rato estupendo. He intentado compartir con otros entrenadores una serie de reflexiones e ideas que espero que al menos les haya servido para que puedan pensar”, declaró Javier Imbroda al término de la charla. El premio Raimundo Saporta lo recogió Imbroda de manos de Joan María Gavaldá, presidente de la AEEB. Su nombre figura ya en el listado de premiados al lado de nombres míticos como Moncho Monsalve o Manel Comas. En el patio de El Carmen, en una fría tarde de invierno cordobés, Imbroda seguramente oyó esa voz interior que te dice que todo lo que has hecho tenía sentido.

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