El hombre con hambre

Luis Miguel Carrión, en un Lucena-Córdoba | JUAN ALGAR
El entrenador catalán Luis Carrión logra el mayor éxito de su carrera con el ascenso a Segunda División B del filial del Córdoba y se afianza como pieza clave del proyecto del club blanquiverde

El suyo ha sido un triunfo discreto, un espectáculo para minorías. Si mantenerse imperturbable ante los vaivenes de la vida deportiva se considera una virtud, Luis Miguel Carrión es casi un santo de los banquillos. Los planes le han salido perfectos y ahora vive días de satisfacción, seguramente más íntima que colectiva. El ascenso del Córdoba B ha colocado en el centro del foco a un hombre que suele huir del protagonismo y que trata de comportarse de modo normal en esta fauna de superficialidad que es el fútbol moderno. Como un Richard Gere o un Imanol Arias, no varía el gesto ya esté interpretando un guión dramático o una comedia. En público es cordial y reservado, nada divo. En sus circunstancias, a otros colegas les hubiera estallado el pecho de tanto inflarlo.

Unos dirán que tenía a sus órdenes un equipazo imbatible, forjado para hacer lo que hizo. Otros le verán como el hábil constructor de un grupo eficiente y estiloso que con frecuencia tenía que lidiar con bajas por las necesidades del primer equipo. La cuestión es que ha sido el entrenador del que, con los números en la mano, es el mejor filial de la historia del club. El equipo blanquiverde ha firmado un salto de categoría rotundo e inapelable. Campeón de Tercera a rítmo de récords, se cruzó con un club de rango como el Lorca y lo destrozó marcándole tres goles en el partido decisivo. El rival solo había encajado siete en su estadio en toda la temporada. El B pasó por el Artés Carrasco lorquino como las hordas de Atila. ¿Y quién es él?

Luis Miguel Carrión Delgado (Barcelona, 1979) es un producto de La Masía. En las categorías inferiores del club azulgrana coincidió con Puyol, Sergio García, Pepe Reina, Thiago Motta, Víctor Valdés, Xavi Hernández, Roberto Trashorras o Andrés Iniesta. A los 22 años salió del club culé para enrolarse en el Gavá, donde estuvo un año. Después tuvo un trienio más que interesante en el Nástic de Tarragona, donde vivió el paso desde Segunda B a Primera aunque él no lo experimentó hasta el final, ya que en el mercado de invierno del 2005 lo fichó el Córdoba. Fue titular con Pepe Escalante ese curso y en el siguiente, que fue el del ascenso a Segunda División en El Alcoraz de Huesca. Carrión fue uno de los que bailó en Las Tendillas al lado de Javi Moreno, Pierini, Arteaga, Asen, Javi Flores o Pablo Villa. El lateral derecho catalán disputó 31 partidos, pero en la casa blanquiverde no contaron con él para el siguiente proyecto. Terrassa, Melilla y Alavés fueron sus escalas antes de retornar a Córdoba, donde empezaba a formar su familia. Colgó las botas en el Peñarroya en 2011, con 32 años.

¿Y el Carrión entrenador? Dos temporadas en el RCD Espanyol de fútbol femenino eran su bagaje antes de llegar al Córdoba. Con las chicas del club barcelonés conquistó una Copa del Rey y un quinto puesto en el campeonato de Liga. El preparador catalán es un hombre de la casa, que lleva ligado al Córdoba desde la campaña 2013-14. Carrión regresó a la entidad de la mano de Pablo Villa. Fue su ayudante hasta que el club decidió despedir al madrileño. Él se quedó y afrontó un partido de lo más extraño. Debutó en una categoría profesional como primer entrenador en un Numancia-Córdoba. Los blanquiverdes salieron escaldados de Los Pajaritos (3-0) y Carrión cerró la puerta a una posible continuidad, que llegó a plantearse en unas semanas ciertamente delirantes. Luego llegó Chapi Ferrer y pasó lo que pasó. La gloria en Las Palmas, con Carrión de segundo. En Primera División siguió de ayudante de Ferrer y después de Miroslav Djukic. Cuando accedió a primera línea José Antonio Romero, con el primer equipo ya agonizante, Carrión bajó al filial de Segunda B para tratar de sacarlo de una situación horrible: iba colista. Casi logró salvarlo. Ahora, con otros jugadores distintos, ha saldado una deuda.

"¿Que cuál es mi futuro? Pues tengo contrato y ya estoy deseando de empezar a trabajar la próxima temporada, porque a mí las vacaciones se me hacen largas", ha dicho en Canal Sur cuando le han preguntado por sus planes para un porvenir teñido de blanquiverde. En Tercera ha batido récords, superando incluso los registros del primer equipo blanquiverde que en el curso 84-85 se batió el cobre en la categoría de bronce para lograr un ascenso cuyo recuerdo emociona a los más veteranos. Fue subcampeón del grupo X, tras el Betis B, y en la liguilla se deshizo del Mestalla y el Valdepeñas. Ahora, el filial es  un banco de pruebas para lanzar futbolistas hacia la primera plantilla o a donde sea menester. Los tiempos han cambiado de modo radical. Habrá quien eche de menos un filial repleto de jugadores de Córdoba y piense que eso es lo deseable. Los románticos no deben extinguirse jamás. Pero, evidentemente, no es la única vía. Que se lo pregunten a Carrión, que en esta temporada ha asumido un rol muy similar al de sus colegas en los banquillos de los equipos de baloncesto. Se trata de construir equipos que rindan del modo más eficaz en unas circunstancias muy concretas, de tener la pericia de elegir quién, cómo y cuándo tiene que jugar para conseguir los objetivos marcados. Y las plantillas están en continua revisión con entradas, salidas y exámenes. Así ha sido el Córdoba B de los récords. Y ahí ha estado Carrión, el hombre con hambre.

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