La historia de Pablo Alfaro en El Arcángel comienza mucho tiempo atrás

Pablo Alfaro, al frente del Mirandés en El Arcángel | TONI BLANCO

Aunque pasara por clubes como el Barcelona o el Atlético de Madrid, es conocido más que nada por su relevancia en el Sevilla. Coincide además con la etapa previa a la más gloriosa de la entidad de Nervión -cuyo estadio tiene en su fachada un famoso mosaico obra de un cordobés, Santiago del Campo-. Pero su trayectoria es bastante más amplia, tanto como para sumar más de una veintena de campañas entre Segunda B, Segunda y Primera. También como para acumular experiencia en hasta otras siete entidades -que son ocho equipos si se cuenta el filial de uno de ellos-. De hecho, tan extenso es su currículo que le da para conocer, medianamente bien además, el que a partir de ahora va a ser su estadio -su hogar deportivo, como se suele decir-. No en vano, la historia de Pablo Alfaro en El Arcángel comienza mucho tiempo atrás. Eso sí, la nueva página del relato la va a escribir de manera muy diferente, desde dentro.

El nuevo técnico del Córdoba cuenta con tres presencias como visitante en el coliseo ribereño. La más reciente es la que añadió a su recorrido profesional hace algo más de tres años y medio. Recaló en El Arcángel ya como entrenador, en su segundo y por ahora último periplo en la categoría de plata. El aragonés había tomado unas semanas antes las riendas del Mirandés, del que fue su cuarto preparador entonces, después de la destitución de Claudio Barragán. Y con el cuadro burgalés se sentó en uno de los banquillos, el opuesto al que va a ser el suyo desde este momento, del estadio situado a orillas de Guadalquivir. Fue el 30 de abril de 2017, con motivo de la trigésimo sexta jornada de la temporada 2016-17. Aquel partido terminó con empate a uno tras un gol de Urko Vera en el 89. Sobre el verde estuvo con la escuadra rojilla el hermano de uno de los futbolistas al frente de los que se coloca: Fran Cruz fue titular ese día.

Pero el canterano blanquiverde, hermano mayor de Bernardo, no fue el único conocido que estuvo a las órdenes de Pablo Alfaro durante las 11 fechas en que dirigió a los de Miranda de Ebro. Bueno, entonces sólo eran él, Fernando Usero y otro jugador formado en la cantera califal: Javi Hervás. A ellos hay que sumar a Álex Quintanilla y a Alain Oyarzun, con el que se reencuentra el preparador zaragozano. El central, cabe recordar, fichó por el Córdoba en enero de 2018 para participar de la épica salvación del curso 2018-19 -que luego acabó por salir cara-. Sin duda, dicha comparecencia del ex del Sevilla es la más sencilla de recordar por estos lares. Más si cabe para quienes son jóvenes y no tienen a sus espaldas años y más años de filiación a la entidad ahora comandada por Unión Futbolística Cordobesa (UFC). Incluso es probable que entre los veteranos cueste pensar en otro precedente de enfrentamiento con el maño.

Y lo cierto es que hubo dos más, estos cuando todavía era futbolista y no era referente de aquel Sevilla en que compartió vestuario con Javi Navarro en la defensa o Víctor Salas, actual jefe del departamento de Salud del Córdoba. El caso es que la historia de Pablo Alfaro en El Arcángel comienza mucho tiempo atrás. En concreto, arrancó el 6 de febrero de 2000, dentro de la vigésimo quinta jornada de una temporada que era la del regreso del conjunto blanquiverde a Segunda A después de más de tres lustros. Ese día visitó El Arcángel el Mérida, entrenado por uno de los goleadores de España en el 12-1 a Malta: Juan Señor. Y en sus filas, además de figuras esenciales para los amantes del fútbol de la época como Unai Vergara, Luis Sierra o Sinval se encontraba el nuevo preparador del cuadro califal. El duelo finalizó con un contundente 3-0 con un tanto de Pedro Aguado y otros de Rafa Navarro. Por aquella época en la entidad del coliseo ribereño se soñaba con el ascenso a Primera, que tuvo muy cerca hasta que empezó a decaer en la clasificación. Mientras, los extremeños descendieron por la vía administrativa pese a ser sextos y entraron en una fase de declive que concluyó con su desaparición.

La escuadra pacense se extinguió sólo unos años después de haber disfrutado de la máxima categoría, en la que también estuvo el aragonés. Precisamente entre 1997 y 1999 coincidió en el vestuario del entonces Romano José Fouto con Juan Sabas, el hombre al que suple en el banquillo califal. Apenas una campaña después, la 2000-01, Pablo Alfaro volvió a hacer acto de presencia en El Arcángel. Fue, precisamente, en su primer curso como futbolista del Sevilla, en el que consiguió establecerse para no salir del Ramón Sánchez Pizjuán hasta 2006. Ocurrió el 17 de diciembre de 2000 -y en Segunda A- con el cuadro hispalense dirigido por Joaquín Caparrós y Pepe Escalante a punto de ser destituido en el Córdoba. Esta vez hubo menos suerte para los locales, que cedieron por 0-1 ante un equipo en cuyo once no sólo se encontraba al zaguero sino a Diego Ribera, delantero que la temporada anterior vistió de blanquiverde, y Nico Olivera, el autor del gol que salvó a los cordobeses en Leganés en la última fecha de la 2003-04.

También disputó aquel choque por parte del Sevilla Francisco, que después compitió con el Córdoba. El mediocentro fue uno de los integrantes del conocido como clan de la gorra, con Juanmi y compañía. Del plantel hispalense formaba parte además Víctor Salas, actual jefe del departamento de Salud del club califal, y en él se dejaron ver dos jovencísimos David Pérez Arteaga y José Antonio Reyes. Curiosamente, el estreno del aragonés se atrasó más de una década pues ya se pudo producir el 31 de mayo de 1987, con motivo de la antepenúltima fecha del Grupo I de Segunda B. Claro está que en ese momento no habría pisado el césped del actual estadio sino del antiguo, aquel que se levantaba donde ahora se ubica el Centro Comercial El Arcángel. Pablo Alfaro tenía sólo 17 años pero empezaba a defender los intereses del Deportivo Aragón, el segundo conjunto del Zaragoza. Llegó a disputar siete encuentros esa temporada, si bien ninguno fue el que acabó con 1-2 gracias a un gol de Quinichi en el 90. De ese tanto probablemente se acuerden lo aficionados más maduros.

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