El fútbol sala empieza a alzar la voz en Vista Alegre

Jugadores del Itea y el Jaén antes del partido | TONI BLANCO
El Itea Automatismos, máximo representante de la capital, tutea a un Jaén campeón de España (1-3) ante medio millar de espectadores en el Palacio de Deportes

Algo se está cociendo en Vista Alegre y no huele nada mal. El Itea Automatismos, que compitió la pasada temporada con el nombre de Minuto 90 y que nació como Futsal Córdoba, enseñó sus hechuras a la afición local en un conmovedor partido ante el Jaén Paraíso Interior, vigente campeón de la Copa de España, que vio como un amistoso de verano se transformaba en una auténtica tortura. El marcador final señalaba un 1-3 para los visitantes, que entendieron pronto que la tarde no iba a ser plácida para ellos. Se adelantaron a los 65 segundos de partido y, seguramente en su fuero interno, hicieran apuestas sobre la magnitud de la goleada que le iba a caer encima al equipo cordobés. Luego pasó lo que pasó. El marcador señaló una derrota, pero el personal salió de Vista Alegre con la efervescente sensación de haber visto un triunfo.

El equipo de Antonio Arellano tiene un buen puñado de virtudes, pero sobre todas sobresale una: el orgullo. Lo demostró ante un adversario repleto de talento, de una categoría muy superior. Ahora su carismático técnico tendrá la tarea de hacer entender a su grupo que no debe perder ese talante rebelde para afrontar el desafío de la temporada en Segunda B, una división en la que se estrenan después de haber logrado el ascenso en el curso anterior. La motivación ante las estrellas del Jaén se multiplicó por el hecho de ser el estreno ante la afición local que, pese a lo intempestivo de la fecha, acudió en buen número -más de medio millar largo- a las gradas del Palacio de Deportes. La familia del fútbol sala arropó a la del añorado José Luis del Prado, cuya viuda e hijos asistieron con emoción a la segunda edición del memorial.

En lo deportivo, buenos apuntes. La diferencia técnica entre los equipos se neutralizó con la excelente disposición del Itea, que encajó gol muy pronto y se repuso para empatar a los siete minutos con la firma de David Leal. Después, tras muchos minutos con el marcador equilibrado y con un creciente nivel de intensidad en la pista, donde se sucedieron piques, encontronazos y malas caras, cuando restaban siete minutos del final, el Itea pudo adelantarse, pero la ocasión se fue al limbo. En la siguiente acción, el Jaén fabricó un bello 1-3 y sentenció. El público aplaudió con ganas. No hay mejor termómetro para saber si uno hizo lo que debía en la cancha.

Desde el palco, el alcalde accidental Pedro García y el presidente del IMDECO, Antonio Rojas, comprobaron que hay un club que está hambriento por escalar peldaños en su deporte. Con ellos estaba José García Román, presidente del club y aventurero guiado más por los dictados de su pasión que por las leyes de la lógica. Todos hablaban de futuro partiendo de la añoranza. Los más nostálgicos recordaban la última vez que se llenó Vista Alegre para un partido de fútbol sala: fue hace ya muchos años, en una eliminatoria en la que el extinto Grupo Pinar Adecor se enfrentaba por el ascenso al FC Barcelona. Había un nexo de unión en la cancha. El entrenador del Jaén, Dani Rodríguez, fue uno de los miembros de aquella etapa gloriosa del fútbol sala cordobés.

Un campeón pasó por Vista Alegre. Ahora vuelve la realidad para el equipo de Antonio Arellano, que lleva dos semanas entrenando para debutar en una categoría que está a años luz de la de un rival al que opuso resistencia. En el Jaén figuraban jugadores como Boyis, natural de Doña Mencía, o Solano -que no actuó por lesión-, de Bujalance. Como en tantos otros deportes, los productos locales los disfrutan otros. Es lo que hay. En la próxima temporada puede haber hasta doce futbolistas de Córdoba en la máxima categoría del fútbol sala nacional, con tres internacionales absolutos. Este deporte, con honda tradición en la provincia, sigue generando talentos. Había quien fabulaba con la posibilidad de tenerlos a todos juntos aquí, en casa... De fondo sonaba un clásico de The Smiths: What difference does it make? (¿Qué diferencia hay?).

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