Una familia con pasión acuática

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La cultura, las costumbres o las tradiciones se transmiten indistintamente de generación en generación. Los años pasan y ese legado permanece. Lo mismo ocurre con ciertas pasiones que, por causas inexplicables, nacen arraigadas dentro de uno mismo, con la misma repercusión que en sus padres. Algunos tardan más en descubrirlo, otros ni siquiera lo hacen jamás, pero hay ciertos casos en los que la relación es mutua y afectiva desde muy temprano. Es el caso de Magnolia Gil y su hijo Pablo Vargas Gil. Dos generaciones unidas por el amor a la piscina. Dos ejemplos de deportistas con el metal en los genes. De ADN ganador. “Yo empecé con 8 años. Me metió mi padre en el equipo Santuario y así estuve hasta los 17 años. Es algo que te gusta, vas a entrenar, al principio te lo tomas como un juego”, recuerda Magnolia, la cual tuvo que hacer un alto en el camino en su vinculación con la piscina, cuando las obligaciones académicas, y posteriormente laborales y familiares empezaron a crecer. “Ya empecé a estudiar, luego te casas, tienes niños y demás”, puntualiza. 

Una ruptura que simplemente significaría una pausa en el camino. Un hasta luego, aunque ella aún no lo sabía. Precisamente sería a raíz de una afición transmitida a la generación siguiente la que le haría volver. Pablo Vargas Gil tomó conciencia de su atracción por el agua un poco antes que su madre, con 7 años. “Un día vi a Jesús (su actual entrenador) y a Camilo, que es otro preparador que había antes, entrenando al Club Natación Córdoba y le dije a mi madre que yo quería entrenar. Me hicieron las pruebas y luego ya empecé a entrenar”, explica el joven que, desde su primer contacto con la natación, no ha cesado en su progresión. “Como dice mi madre, al principio te lo tomas como un juego, pero luego, cuando ves posibilidades, entrenas por ellas”, destaca Pablo. 

Y del mismo modo que a él le creció al instante, a ella le volvió a picar el deseo acuático. “Hace unos cuatros años que se crearon los Máster. Mi entrenador me decía que el cuerpo tiene memoria. Y es verdad, ahora con 46 años me hago los mismos tiempos que con 16”, rememora Magnolia mirando al técnico Jesús Merino, uno de los grandes artífices de toda esta historia. Ambos han hecho de la superación propia una rutina de triunfo. Destacan por hacer crecer un talento que les apasiona.

Pablo tiene ahora 12 años, lo que le convierte aún en un diamante por pulir, aunque con la madurez plenamente desarrollada. Sabe lo que quiere, lo que le gusta, y cada día se sacrifica por ello. “De momento lo compagino todo bien (estudios, natación y la práctica del violonchelo). No tengo ningún problema, pero es verdad que cada vez se irá complicando más”, dice, mientras que ella subraya que lo saca todo adelante por convicción. “Yo me lo exijo a mí misma. Cada vez te exiges más porque quieres conseguir más cosas. Hay días que tu cuerpo no puede más, pero tú quieres conseguir las cosas y para eso hay que trabajar”, explica Magnolia. Ahí reside la clave de su éxito. En la autoexigencia, disciplina indispensable en niveles amateur, aunque con responsabilidades casi profesionales. “Yo cuando hago un tiempo, en ese momento me conformo con ese tiempo. Pero al rato ya estoy pensando en mejorarlo”, recalca Pablo, ante la risa y la mirada orgullosa de su madre.

Y no solo se ha transmitido el talento, sino también la forma de nadar. Los dos admiten flaquear en braza, aunque es indiscutible su virtud en otras pruebas. Una caja llena de medallas nacionales y autonómicas lo avala. Pablo, una de la grandes promesas de la natación andaluza, consiguió la pasada semana batir las mejores marcas territoriales de su edad en 50 libres y 50 mariposa, con unos tiempos de 27.31 -23 centésimas menos que el récord vigente desde el año 2004- y 29.77 respectivamente. Dos logros que se sumaron a los cuatro oros obtenidos por él mismo en el Trofeo Natación Jaén 99. Por su parte, Magnolia se hizo con un oro en 200 metros estilos, marcando un tiempo de 2:52.30 (récord de Andalucía), una plata en 100 metros estilos con 1:17.10 (récord de Andalucía) y dos bronces en 100 (con récord de Andalucía) y 50 metros libres en el XXIV Campeonato de España Open de Invierno Máster, que tuvo lugar el pasado mes de febrero. Una familia de campeones. “A mí se me cae la baba cuando lo veo nadar. Bueno, miento: sufro. Pero porque yo sé el trabajo que es meterse en el agua. Yo creo que sufro más que él, pero me encanta”, recalca ella con una sonrisa de puro orgullo. 

Además, este fin de semana, el joven ha logrado un nuevo hito, al sumar a su palmarés los récords de Andalucía y sus consecuentes medallas de oro en 400 libres (4.31.42), al mejorar una marca inalcanzable desde 2006, 100 espalda (1.06.22) y 50 mariposa (29.32), superando así su propio mejor tiempo, en el Provincial de Lucena. Un hito para la historia al batir hasta 5 récords regionales en apenas un mes. Lo nunca visto. Magnolia, en el XIV Campeonato de Andalucía Open Máster de Verano en Palma del Río, se ha hecho con los primeros puestos en 200 estilos (récord de Andalucía), 100 libres (récord de Andalucía), 50 libres, 50 espalda y 200 libres (récord de Andalucía). Sus últimas hazañas.

Pablo Vargas seguirá buscando progresar en una ciudad que, pese a ser cuna de nadadores históricos como Rafa Muñoz o Belén Domenech, así como de innumerables jóvenes que vienen pisando fuerte, sigue sin contar con una piscina cubierta de 50 metros. A la cola de Andalucía. “Es un atraso que aquí en Córdoba no haya una piscina de 50 para entrenar”, sentencia Magnolia, para matizar que “luego cuando llegas a un campeonato se nota muchísimo”. “Pese a todo, nuestro entrenador nos pone a entrenar de determinada manera para que se nos acostumbre el físico para poder aguantar”, expone. Por su parte, el joven resalta que “no es lo mismo cuando llevas entrenando todo el año en 25 metros, y luego el campeonato es en larga, se nota mucho”. La misma opinión que tiene el técnico Jesús Merino, el cual argumenta que “en cualquier campeonato de Andalucía o de España va a ser en larga, por lo que siempre parten con desventaja”, para apostillar diciendo que “Pablo llegará deportivamente donde tenga que llegar, y es tan pequeño (12 años) que es muy complicado vaticinar nada, pero sin duda apunta maneras”. “Y te lo digo yo que llevo más de 30 años en esto y pocos he visto con esas condiciones”, concluye. Así que ya saben, estén atentos.

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