Ensayo general para el partido total

Jugadores del Córdoba tras el partido ante el Lorca en la primera vuelta (1-0) | LOF

No es uno cualquiera el partido del Lorca. Y más le vale al Córdoba -y al cordobesismo- ir llamando a las cosas por su nombre. ¿Que hay presión? Pues sí. Toneladas. Toca lidiar con eso para saber dar la respuesta adecuada ante la gran pregunta. ¿Puede el Córdoba salvarse? Si agarra los tres puntos ante el Lorca podrá seguir en la batalla. Si no lo hace... Tan cierto es que quedarían posibilidades matemáticas como que el globo de la ilusión sufriría un pinchazo para el que quizá no exista parche. A falta de nueve partidos en el calendario, a cinco puntos de distancia de la salvación -la marca el Almería, que tendrá que visitar El Arcángel aún- y con los adversarios que le preceden apretando el paso, los de Sandoval empiezan desde este martes a preparar la cita más importante de la temporada. Más allá de los puntos.

Porque el partido lanzará un mensaje. Igual que lo dejó el de la primera vuelta, un duelo que fue un despertador para el cordobesismo. Allí, en el Estadio Francisco Artés Carrasco, se disiparon los sueños de un curso apacible y todo el mundo abrió los ojos de manera definitiva. Era la jornada 13 y el objetivo se remodeló: la misión era la permanencia. Y ahí sigue el Córdoba. Aquel 4 de noviembre, los blanquiverdes acudían heridos en lo futbolístico y muertos en lo emocional, pese a que se había producido ya el primer cambio de entrenador con el despido de Luis Carrión. Aún escocían las heridas de la goleada más abultada de su historia en Segunda en El Arcángel -un humillante 1-5 en El Arcángel ante el Nástic- y Juan Merino trataba, sin demasiado éxito -ni receptividad de la plantilla-, de implantar su estilo. El equipo había caído en Oviedo (2-0) y empatado en casa ante el Numancia (1-1) con el linense al frente. El Lorca era ya rival directo.

¿Y qué ocurrió? Pues que el Córdoba perdió tras un gol en el último minuto del tudelano Manuel Onwu, el único que hizo este futbolista antes de que en el mercado de invierno le enviaran a Segunda B para cubrir en el UCAM Murcia el puesto que dejó el onubense Alberto Quiles, recuperado por el Córdoba para su filial. Ese 1-0 destrozó al Córdoba de Merino, que apenas una semana después, tras una derrota casera ante Osasuna, se colocaba después de muchos años como colista de la categoría. Del once de aquel partido en Lorca al que actualmente defiende el escudo hay variaciones sustanciales. En defensa jugaron Josema -descarte habitual-, Fernández, Joao Afonso -devuelto al Vitoria portugués de manera prematura- y Pinillos -vendido al Barnsley inglés-. Javi Lara, ahora lesionado hasta mayo, también fue titular. Como Jona, que en enero fue prestado al Cádiz. El batacazo lorquino fue duro. Después de él hubo seis partidos más sin ganar, para encadenar un total de once. Todo acabó con un cambio de entrenador -llegó Romero- que tampoco iba a ser el último.

Una vuelta después, el panorama ha cambiado bastante. El Lorca tiene 22 puntos y es penúltimo. Aunque ganara todos los partidos que faltan no llegaría a los 50 para la salvación. Podría decirse que está virtualmente descendido... sin que eso signifique nada más que un dato. En la última jornada se entretuvo en doblegar al Granada, un equipo que pelea por ascender a Primera División, en un partido que decidió un gol postrero del cordobés Fran Cruz para firmar el 3-2. El Córdoba tiene diez puntos más. Necesita a toda costa sumar los tres y esperar el desenlace de los partidos entre adversarios implicados en la pelea de perros del fondo de la tabla.

El plantel inicia el trabajo a las 10:30 de este martes en la Ciudad Deportiva, con una sesión a puerta abierta. En el mismo régimen abordará su práctica del miércoles, en el mismo escenario. Durante el jueves, viernes y sábado ajustará piezas en El Arcángel, ya con las persianas bajadas para público y medios de comunicación. Salvo al lesionado Javi Lara, Sandoval dispondrá de todos para armar sus argumentos para el partido total ante el Lorca.

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