La Cordobaria, generosidad a la carrera

Carrera Cordobaria 2019 | TONI BLANCO

Cientos de corredores se citaron en la mañana del sábado en el Balcón del Guadalquivir para participar en una cita que se ha convertido en una clásica del calendario popular: La Cordobaria. No busquen marcas deslumbrantes ni laureles en el podio. No se trata de eso. La carrera, que ha alcanzado su séptima edición, se realiza para dar visibilidad a un problema -la falta de recursos económicos en un amplio sector de la sociedad- y para tratar de echar una mano a través de una de las instituciones más activas a la hora de dar respuesta real: el Banco de Alimentos de Córdoba.

Juan Merino, del club Los Califas, se proclamó campeón absoluto con una marca de 18:27, seguido muy de cerca por José Maria Moral (Independiente), con 18:32. En categoría femenina la campeona absoluta ha sido Lucia Fernández, del Club Trotacalles, con 22:59, seguida de Sonia González, del club Los Califas, con 23:14. En las carreras de menores, los primeros en cruzar la mera fueron María Freire y Guillermo Cosano.

Los atletas que participan en la Cordobaria realizan una aportación al Banco de Alimentos Medina Azahara, que organiza la prueba junto con la Asociación Deportiva Ekiden Andalucía desde hace más de un lustro. La carrera, con un aire reivindicativo, se ha visto reforzada por su especial recorrido, que se desarrolla por enclaves del Casco Histórico de la ciudad. Tras partir del Balcón del Guadalquivir, los corredores encararon un trayecto de 5.500 metros por la Ribera, el Puente de Miraflores, la Torre de la Calahorra o la Puerta del Puente. La meta se situaba en el mismo lugar de salida y la distancia se ha podido completar corriendo o andando.

El precio de la inscripción, de cinco euros por corredor, se destinará de forma íntegra a la compra de aceite destinada al Banco de Alimentos. Además, se abrió una cuenta de dorsal cero para quienes desearan colaborar con la causa sin participar en la prueba deportiva.

El evento, abierto a todas las categorías desde base hasta veteranos, ha favorecido el protagonismo a todas las personas sea cual fuera su edad o condición. Intervinieron familias, padres o madres con sus hijos, miembros de distintas generaciones y hasta mascotas que acompañaron a sus dueños durante los cinco kilómetros de la carrera. Todos sudaron, claro, pero se detectaba una sobredosis de sonrisas. ¿Qué mejor recompensa que ayudar a quienes más lo necesitan?

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