El Córdoba cierra el juego de las derrotas encadenadas

El club blanquiverde esquiva el horrible récord de las once consecutivas, que sigue siendo de Las Palmas en la 59-60

"Es el Molowny (*) cordobés", aseguró el presidente Carlos González a propósito de la figura de José Antonio Romero cuando éste vivía días de gloria en el filial y nadie era capaz de asociar su nombre al primer equipo. El destino ha querido que el "Molowny cordobés" se haya quedado a las puertas de batir un récord -triste, todo hay que decirlo- que protagonizó en sus comienzos el "Molowny real". El tinerfeño era el responsable técnico de la Unión Deportiva Las Palmas que en la temporada 1959-60 fijó en 11 el número de partidos perdidos de forma consecutiva. Molowny estuvo en el banquillo insular los últimos diez partidos sustituyendo al francés Marcel Domingo, quien unos años después dirigiría al Córdoba entre 1966 y 1968 en Primera División.

El Córdoba, hasta su empate en La Coruña, era el único equipo que no había conseguido sumar un solo punto en toda la segunda vuelta, en la que había enlazado derrotas frente a Real Madrid (1-2), Celta (1-0), Almería (1-2), Sevilla (3-0), Valencia (1-2), Espanyol (1-0), Getafe (1-2), Málaga (2-0), Real Sociedad (3-1) y Atlético de Madrid (0-2). Los de Romero siguen colistas, a ocho puntos de la permanencia -que fija el Depor, ahora con Víctor del Amo como entrenador tras el despido de Víctor Fernández-, tras haber logrado un punto de 33 posibles, con sólo cinco goles marcados. Dos, de penalti.

La UD Las Palmas continuará, por tanto, encabezando el ranking de equipos que perdieron más veces seguidas en la historia de Primera División. El Córdoba se queda en el segundo puesto, compartido con Sporting de Gijón (53-54), Alcoyano (50-51) y Real Sociedad (41-42), quienes dejaron su periodo de improductividad absoluta en diez jornadas, el mismo que los blanquiverdes en el curso 2014-15, el de su sesenta aniversario.

* Luis Molowny Arbelo (1925-2010) es una leyenda del banquillo del Real Madrid. En 1974 inició, casi de forma accidental, una era de éxitos al frente del conjunto del Bernabéu. El Madrid lo había fichado para moverse en los despachos, pero las circunstancias le convirtieron en un apagafuegos en tiempos de crisis deportivas. Suplió en el banquillo blanco a Miguel Muñoz, Miljan Miljanic, Vujadin Boskov y Amancio Amaro. Como recurso de urgencia, levantó al equipo y llegó a conquistar con él varios títulos: tres Ligas (1978, 1979 y 1986), dos Copas (1974 y 1982), una Copa de Liga (1985) y dos Copas de la UEFA (1985 y 1986). En septiembre de 2001, el presidente Florentino Pérez le impuso la insignia de oro y brillantes del Real Madrid.

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