Los misteriosos toros íberos de Castro del Río y Baena

El toro íbero recuperado.

Hace unas semanas, unos agentes de la Policía Nacional recuperaban en Tarragona una escultura de un toro íbero, datado entre los siglos V y IV antes de Cristo, que un agricultor dice que encontró mientras cavaba olivos en Castro del Río. El hallazgo se produjo en los años noventa y fue entonces cuando un expoliador se lo vendió a un coleccionista privado de Tarragona. Ha sido allí, en un museo de una fundación, donde la Policía Nacional ha recuperado la escultura.

La pista arrancó en 2020 cuando se comprobó que el mismo toro íbero que un arqueólogo había divulgado en el año 2004 estaba en Tarragona. El arqueólogo que se hizo eco del hallazgo lo divulgó en un Seminario de Arqueología de la Universidad de Córdoba, en el que hablaba precisamente del misterio hallazgo en diferentes momentos de tres bóvidos íberos en en el Valle del Guadajoz, en las inmediaciones de Castro del Río.

Pero, ¿qué significan esos toros, “hallazgos inéditos” a los que falta contexto arqueológico, como explicaba el arqueólogo José Antonio Morena López? En 2004, en el Seminario, habló de tres nuevos hallazgos, dos en Castro del Río y uno en Baena, a los que trató de dar un difícil contexto. Casi todas las grandes esculturas iberas zoomórficas que se han encontrado en la provincia de Córdoba (y han sido muchas) se han hallado fuera de contexto. En muchos casos, han sido agricultores en trabajos de laboreo los que han extraído de la tierra estas esculturas que en ocasiones podían confundir con enorme piedras y en otras saber perfectamente que podría tratarse de una antigua escultura.

El caso del toro que fue a parar a Tarragona es uno de esos hallazgos. El propio Morena señalaba entonces que desconocía el lugar exacto en el que se había encontrado el toro. Solo que era un olivar entre los cortijos de El Polvillo y Santa Sofía, a unos 3,5 kilómetros al este de Castro del Río, junto al Camino de Jaén. Esta era una antigua vía de comunicación que unía varios importantes oppidum del Valle del Guadajoz. La zona siempre estuvo muy habitada, por ser la conexión perfecta entre el Valle del Guadalquivir y la Subbética. Pero al ser un hallazgo fuera de contexto es imposible saber si pertenecía a algo más, a un monumento funerario o a otro tipo de representación.

12 toros íberos en toda la provincia

Junto a él, se estudian otros dos. Uno localizado en el mismo casco urbano de Castro del Río durante unas obras en una zona industrial en la que se iba a construir el alcantarillado. El otro, al norte del Cerro de los Molinillos. En total, en la provincia de Córdoba se han encontrado 12 toros íberos. Y no, no son mayoría. Fundamentalmente se han encontrado leones y leonas, especialmente en la zona de Santaella, La Rambla y Montemayor. Si hay algo en lo que coinciden los arqueólogos es que entre el siglo VI y el IV antes de Cristo tuvo que existir un importante taller escultórico en la zona, que alumbró la mayor parte de estas obras.

Pero, ¿qué significaban estos bóvidos? Ya en 2004, el arqueólogo exponía varias teorías. Una de las principales era que formaban parte de monumentos funerarios. Los bóvidos se situaban encima de pedestales que pudiesen verse a una gran distancia. Dos de los tres toros analizados serían más monumentales y se calcula que más próximos a la romanización. El hallado después en Tarragona sería el más antiguo, un toro echado sobre sí mismo que, además, no apareció completo, aunque en estos años ha sido profundamente restaurado.

También se estima que podrían representar algún tipo de divinidad o, incluso, de culto al toro como tal. Al igual que ocurriese en Creta y en las culturas antiguas, se divinizaría al bóvido como un animal peligroso al que se citaba en toda suerte de paso de la adolescencia a la edad adulta con toda suerte de juegos físicos. E incluso que formasen parte de monumentos en los municipios aún por localizar que existieron antes de la llegada de los romanos en la ribera del Guadajoz.

Eso sí, el toro que ahora ha sido hallado en Tarragona presenta una característica que también lo hace interesante. En la frente tiene grabados una serie de triángulos en los que se plantearía una divinidad ahora desconocida. Algunos autores, dice Morena, sostienen que se podría tratar de la diosa que los griegos identificaron con Afrodita o con Artemis Efesia, los fenicios con Ashtart, los púnicos con Tanit y los romanos con Juno. Pero, como admite, todo son especulaciones y desgraciadamente no existe certeza alguna.

En estos casos, los arqueólogos coinciden en la importancia de formar a los agricultores para que eviten alterar la zona en la que se produce el hallazgo, para poder contextualizarlo e, incluso, identificar otro tipo de restos que puedan ayudar a evitar que estas teorías dejen de ser puras elucubraciones.

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