David Morán: “El Doble' reflexiona sobre la posibilidad de que quizá no somos tan especiales como nos creemos”

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Una mente inquieta y un alma aventurera llevaron a David Morán a abandonar ocho años de carrera en la abogacía para marcharse a Barcelona en busca de una carrera como escritor. Licenciado en periodismo, apasionado de la naturaleza, la fotografía y los viajes, aparcó las pretensiones de convertirse en un cronista a lo Félix Rodríguez de la Fuente cuando descubrió que lo suyo no eran los estrictos postulados de la objetividad periodística sino, como él dice, “la marcha por los cerros de Úbeda de la ficción”. Ha viajado por lugares remotos y conocido toda clase de personas y criaturas. Dieciséis años después de su marcha, con varios relatos premiados y una primera novela publicada, Samarra, el escritor vuelve al sur para presentar su último libro, El Doble, un relato fragmentario, repleto de ironía e hibridación, en el que dos personajes muy peculiares se encuentran movidos por la fuerza del azar, o el destino, viendo sus vidas cambiadas para siempre.

PREGUNTA. ¿En qué mundo nos vamos a adentrar con El Doble?

RESPUESTA. Nos vamos a adentrar en un mundo extraordinario, nunca mejor dicho. La idea de El Doble surgió durante un viaje a Madagascar en el que tuve la desgracia de coincidir con un golpe de estado que sufría el país en aquel momento. Siendo yo de formación periodística, ese me pareció un escenario muy interesante para situar unos hechos de ficción. Aquella situación se produjo  porque el presidente del país, con sus políticas neoliberales, quería vender el noventa por ciento de las tierras cultivables a una multinacional surcoreana, para que las usaran en el cultivo de arroz en detrimento del pueblo. Debido a esto, el alcalde de Antananarivo incitó al pueblo a la sublevación.

P. ¿Cómo son los personajes que nos vamos a encontrar?

R. Se suele decir que los escritores utilizamos la ficción para recrear vidas que no hemos vivido. Durante mi vida yo he realizado muchos oficios distintos, más de veinticinco profesiones diferentes, pero nunca había sido cartero, ni corresponsal de guerra. Uno de los primeros trabajos que tuve en mente desde pequeño fue el de ser corresponsal de guerra, pero nunca llegué a serlo. Pensé que podía hacerle un pequeño homenaje a ese trabajo tan durísimo y fascinante como ese. Por otro lado, también quería homenajear a los carteros porque hoy en día, aparte de las cartas formales de los bancos y las aseguradoras, nadie escribe cartas privadas. Consideré que eran dos profesiones muy interesantes para plantearlas en una novela. En este sentido me basé en el cuento de un escritor peruano que me fascina, Julio Ramón Ribeyro. Me encontraba viajando por Perú cuando cayó en mis manos una colección de sus cuentos. En uno de ellos, titulado Doblaje, él proponía la idea de que todos tenemos un doble en el mundo, en las antípodas, pero que es imposible de encontrar puesto que, de querer encontrarlo, el doble de esa persona viajaría en sentido contrario. A partir de ahí me planteé un relato e ficción. Pensé que si dos dobles no se pueden encontrar, ¿qué pasaría si se encontraban?. Fue el planteamiento inicial de la novela, con el golpe de estado de Madagascar de fondo.

P. Un cartero y un fotógrafo de guerra en mitad de un golpe de estado. Este desarrollo tendrá también su carga de ironía, de la que sueles hacer uso en tus historias.

R. Sí, por supuesto tiene su carga de ironía. De hecho, para que se pudiera producir la historia y el cartero pudiera ir a Madagascar durante el golpe de estado, el corresponsal de guerra debía ir también al lugar donde vivía el cartero, por esa idea de que los dobles se desplazan en sentido contrario al intentar encontrarse. Esto me sirvió para indagar sobre el miedo. El cartero, aunque es un tipo bastante leído y con formación universitaria, se dedica a una profesión que no está a la altura de su formación. Además, él no ha querido ser corresponsal de guerra porque le da miedo la guerra. Cuando se desplaza a Madagascar lo hace con la sospecha de que allí hay un conflicto que puede derivar en un golpe de estado, por lo que ir allí le supondría perder el miedo a la guerra. El corresponsal, por otro lado, sabe lo que es la guerra, ha perdido un ojo y una pierna y tiene dos hijas, por lo que cada vez tiene más miedo de enfrentarse a una nueva guerra que cubrir. La ironía está en que un personaje curtido en conflictos, el corresponsal, huye de la guerra mientras el cartero, que nunca quiso acercarse a ningún conflicto, se dirige a uno a sabiendas de que se encontrará con esos problemas.

P. En Samarra estaban muy presentes la intertextualidad y la hibridación de textos, imagino que también lo estarán en El Doble.

R. Por supuesto. La verdad es que yo soy poco de géneros, tiendo a escribir con bastante libertad y luego las editoriales, para poder situar la obra, la enmarcan dentro de un género concreto. Samarra la situaron dentro de la novela negra, aunque yo no la escribí pensando en una novela negra, sino simplemente en una novela. Reconozco que mi escritura es fragmentaria, con muchos puntos de vista, textos que varían la voz narrativa, algún texto periodístico, aforismos, notas, anécdotas... Así voy conformando un supratexto que vincula unos textos con otros, a los que el lector debe enfrentarse como un detective, para unir todas esas piezas que conforman el rompecabezas de la novela.

P. Me viene a la mente El Mundo Deslumbrante, de Siri Hustvedt. ¿Qué lugar crees que ocupa lo fragmentario en la literatura actual?

R. A mí siempre me ha interesado mucho experimentar con la narrativa. La verdad es que suelen relacionar mis novelas con las de otros escritores. Recuerdo que después de escribir El Doble me topé con un escritor que me gustó mucho, David Markson, que tiene una novela, Punto de Fuga, en la que va incluyendo notas de una novela que quiere escribir y las va intercalando con citas, aforismos, anécdotas y conocimientos culturales. Fue curioso toparme con esa novela porque siempre me ha interesado mucho esta forma de escribir. En el caso particular de El Doble, como estaba en un país en conflicto, to iba tomando algunas notas a modo de diario de viajes, a las que añadía recortes de periódicos que contaban el golpe de estado. Al recopilar todo ese material, consideré que debía darle un valor, que no se podía quedar en un conjunto de notas para el recuerdo, sino que debía crear con ellas una historia vinculada a ese escenario. Recuerdo que en mi viaje a Madagascar nadie podía creerse que un español, sin ser corresponsal de guerra ni cooperante ni nada por el estilo, estuviera viajando por un país en guerra.

P. Tu antigua novela tenía muchas referencias a las road movies e influencias del blues y de grupos como The Doors. ¿Dialoga El Doble con otras artes?

R. Yo siempre he creído que la intertextualidad está más allá de la vinculación de un texto literario con otro, sino que esta también puede darse con otras disciplinas artísticas. Nuestra generación ha absorbido cultura por todos los medios y supongo que todo el cine que he visto, toda la música que me gusta, va apareciendo en mis textos. Estos también son toques de realidad a lo largo de la novela que hacen al lector identificarse con ella. En el caso de El Doble creo que no aparece tanta música. No es una novela tan musical, pero aparece un cuadro muy importante para el argumento de la novela, y es Avenida en Middleharnis, con el que se obsesiona uno de los personajes.

P. En la novela se aborda el nacionalismo catalán, ¿de qué forma exactamente?

R. Se me ocurrió meter un personaje independentista, profesor de geografía en la universidad de Vic, pero en aquel momento el nacionalismo catalán no estaba tan en alza, a lo mejor conformaba menos de un veinte por ciento de la población. Ese personaje está basado en un compañero que tuve bastante siniestro, amante de la música gótica y la ropa oscura, pese a ser en realidad una persona muy luminosa. Pero sí, él sentía mucho esa identidad, aun sin estar todavía muy caldeado el ambiente. Siempre me gusta rodearme de personas de todo tipo para conocer sus motivaciones o, en este caso, sus pasiones, porque creo que los nacionalismos e independentismos están más vinculados siempre a las emociones que a los razonamientos de peso -siento decirlo pero creo que es así-. Este personaje quiere demostrar que su pueblo catalán es el centro del mundo, para lo que indaga en las líneas imaginarias que los incas establecen en Cuzco, se lleva a su terreno esas teorías incas sobre el centro del mundo. En su extraña visión geográfica, este personaje considera que hay dos puntos geográficos que deberían pertenecer a Cataluña, Formentera y una localidad al suroeste de Madagascar, Morondava. Él cree que Morondava pertenece también a Cataluña. Por supuesto se trata de una ironía, de una broma, que parte de un personaje que delira en sus anhelos de independentismo.

P. Decidiste dejar su trabajo en la abogacía para mudarte a Barcelona. ¿Lo hiciste movido por la idea romántica de la Barcelona bohemia y literata?

R. Pues algo de eso hay. Cuando dejé la abogacía en Córdoba, yo ya estaba vinculado a la literatura. Había hecho un doctorado en comunicación y literatura, algún taller de creación literaria y había escrito tres novelas. Realmente esa tercera novela no era tanto una novela como literatura de viajes porque siempre me ha apasionado. Siempre había leído las novelas de Javier Reverte, había viajado con sus libros bastante a menudo a los mismos países a los que él había viajado. Llegó un momento en el que me cansé un poco de Córdoba porque aquí no estaba consiguiendo publicar. Pero el mundillo de las publicaciones y las revistas de viajes estaba concentrado en Barcelona, así que me fui allí con una pequeña mochilita y con una novela bajo el brazo para intentar publicarla. Fue entonces cuando encontré trabajo en una productora de televisión y me quedé a vivir en Barcelona.

P. De pequeño querías ser sheriff, submarinista, piloto de avión y zoólogo. ¿Se han cumplido esas aspiraciones juveniles?

R. Alguna sí. Es cierto que de pequeño tenemos muchas ilusiones y luego la vida es otra cosa. Recuerdo el poema de Jaime Gil de Biedma No volveré a ser joven, que decía aquello de “que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde. Como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante”. Creo que refleja muy bien esas ansias juveniles. Y sí, yo quería ser piloto de avión porque me obsesionaba viajar. Piloto no fui. Respecto a la zoología, las ciencias nunca se me han dado bien. Siempre he tenido presente la figura de Félix Rodríguez de la Fuente, que de hecho se menciona en El Doble, y siempre me interesó la idea de hacer documentales sobre la naturaleza. Perdí la oportunidad de ser zoólogo cuando escogí dedicarme a las letras, pero he viajado a muchos países y he explorado gran cantidad de flora y fauna. Submarinista tampoco fui, pero hice un curso de buceo deportivo y he conseguido bucear en lugares increíbles en los que he visto todo tipo de animales marinos. Sheriff es difícil ser en los tiempos que corren, aunque igual un día se me ocurre irme a vivir a un pueblo pequeño y convertirme en el alcalde.

P. ¿Por qué deberíamos leer El Doble?

R. Hay que leer El Doble porque fomenta la interacción del lector con la literatura. Vivimos en un mundo comercial en el que estamos acostumbrados a leer novelas muy fáciles en las que el esfuerzo del lector es mínimo. El Doble no es una novela difícil de leer, pero sí requiere una atención constante. Además, se divide en capítulos cortos, pequeños flashes que te dejan reflexionando un buen rato. Sobre todo, hay que leer El Doble porque si pensamos en algún momento en que puede haber un doble nuestro en el mundo esta novela reflexiona sobre esa posibilidad, sobre la posibilidad de que a lo mejor no somos tan únicos como nos creemos, sino que podemos tener un duplicado.

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