Córdoba suma un nuevo (y caribeño) patrimonio de la humanidad por unas horas

El 'soundsystem' de Wadub Kibir, junto al Puente Romano | ALEX GALLEGOS

Angelo de la Mata, uno de los miembros de Blood & Fyah y de Wadub Kibir Soundsystem zanja rápidamente el tema. "Es una de las cosas que hablamos siempre nosotros en el sur. Hay muchos paralelismos entre el reggae o el flamenco. Ambos son expresiones artísticas nacidas en la calle, que emanan de un pueblo con pocos recursos y nulo acceso a la cultura, y que, sin ningún tipo de formación, es capaz de crear un estilo musical que influencia a muchos otros y que se expande y llega a todo el mundo", señala.

De fondo, en el marco incomparable de la Torre de la Calahorra, resuena el skank característico del reggae, un ritmo propio que se acentúa en el segundo y cuarto compás, ese espíritu invisible que vertebra esta música caribeña que es, desde el año pasado, patrimonio mundial de la humanidad de la Unesco, otro título que comparte con el flamenco.

Así que Córdoba, la niña bonita de la Unesco, la ciudad de los patrimonios materiales e inmateriales, ha sumado este sábado otro estímulo más gracias a Blood & Fyah y Wadub Kibir Soundsystem, que han instalado en plena Calahorra una torre de sonido de madera hecha a mano -al estilo jamaicano-, que escupe el skank al volumen adecuado. "8.000 watios reales", aclaran sus constructores e ingenieros improvisados.

Mientras hablan con CORDÓPOLIS, por los mandos del Soundsystem -que tardaron en construir más de un año de forma totalmente artesanal- van pasando varios djs. Algunos se dirigen al público, le explican lo que está sonando. Le dan brillo a sus discos compartiéndolos con el entorno, algo muy habitual entre los amantes de este género creado en Jamaica y que está en el germen de las bandas de hip hop con Dj y MC (maestro de ceremonias) y de la música electrónica, gracias a los avances de sonido que introdujeron genios como King Tubby -el padre del concepto remix- o Lee Scratch Perry -el productor que acabó hermanando oficialmente en un estudio el fenómeno punk de The Clash con la música jamaicana-.

En su mayoría, gente "de baja estofa" que, al igual que los flamencos, solo tenían "el hambre y la humildad" como motor creativo, y que supieron hacer de ello un medio para ganarse la vida y crear una música atemporal que entra por las caderas para llegar al corazón. Un poco lo que están intentando desde Córdoba Angelo de la Mata y Rubén La Rubia, dos de las cabezas detrás de Blood & Fyah Records, un sello que edita música reggae con vocación internacional.

Escuchando la música que pinchan desde el soundsystem, de nuevo uno acaba pensando en el flamenco. Para Blood & Fyah es muy importante el equilibrio entre tradición -en su caso, recurriendo a clásicos de Studio One, uno de los sellos principales de reggae del mundo, descrito como el Motown de Jamaica- y vanguardia -fácilmente rastreable en sonidos con más peso de la producción digital-. Un pie en el pasado y otro en el futuro. Y siempre buscando un sello distintivo. Cuando cae la noche, unos visuales creados para la ocasión por el ilustrador Cisco Espinar acaban vistiendo de largo la velada, que a medida que se acerca a su ocaso, va abriendo cada vez más su paleta de sonidos.

Ambos explican que en este evento, aprovechando que el marco es un festival de creación como Eutopía, se ha buscado organizar una pinchada en la que se pueda percibir bien la enorme influencia que ha tenido la música jamaicana en otros géneros como el drum & bass, el dubstep o las músicas del mundo. También en el pop -James Blake convierte sus directos en experimentación dub- y la música comercial -Rihanna acaba de anunciar que su próximo disco será de reggae-.

Y quizá eso sea lo que mejor haya determinado el premio de la Unesco, un reconocimiento más que se ha justificado este sábado en la ciudad mimada del patrimonio mundial.

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