Los Carolina Durante hacen sudar a La Corredera

Un momento de la actuación de Carolina Durante.

Son cuatro. Apenas les ha salido la barba. Nacieron como grupo en sus antros favoritos de Madrid y, en solo dos años, han llenado salas de todo el país y han sido uno de los reclamos principales de la mayoría de festivales gracias a dos EP y un disco homónimo recién salido del horno. ¿La fórmula para conseguirlo? Nadie la sabe. Mucho menos cuando se trata del éxito de los gritos rotos, los sonidos punk y las guitarras ruidosas en mitad de la oleada actual de trap y reguetón. Tal vez la clave esté en esa energía potente, fresca, revitalizante, que desprenden encima del escenario. O en no tomarse excesivamente en serio lo que tienen entre manos.

Antes de salir al escenario están tranquilos, aunque expectantes por la recepción de su propuesta en una ciudad desconocida. "Nunca hemos tocado en Córdoba. Siempre que vienes a cosas así estás un poco a ver cómo va a reaccionar la gente, a ver cuánta gente de aquí nos escucha", comenta Diego (voz). "Yo estoy tranquilo. Tocamos hace poco en la feria de Albacete y en Madrid también tocamos en las Fiestas de San Isidro", añade Martín (bajo). "Siempre está bien tocar en una ciudad bonita", concluye Mario (guitarra).  Esta noche comparten escenario con Algunos Hombres y con sus compañeros de sello La Plata. Están agradecidos de vivir la experiencia con ellos pero son muy conscientes de la diferencia cuantitativa de público que los separa. "Lo que nos está pasando a nosotros podría haberles pasado a La Plata y ojalá les pase. Yo les deso lo mejor." "Está guay compartir esto con ellos. Al final se trata de haber traido a dos grupos de sello independiente a tocar gratis a una plaza mayor y eso está muy bien.", responden Martín y Diego.

Cuando los rizos rojos de Juan se colocan por fin al final del escenario, un grupo de fans corea su nombre y el batería esboza esa sonrisa suya que tanto suele gustar en las entrevistas de la tele. Martín, Mario y Diego, al frente, le siguen. Comienzan a tocar Las canciones de Juanita. El efecto es inmediato. En La Corredera se crea una atmósfera densa, envolvente. Adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes se agrupan en la noche cordobesa para dejarse la gartanta en frases como Yo no quiero ser feliz. Ser feliz es aburrido o No tengo treinta años y ya estoy casi roto. Las contorsiones imposibles de Diego llegan a las filas de en medio, donde algunos han abandonado las camisetas para fundirse en pogos a ritmo de temas como Buenos Consejos, Peores personas, El Año, El Perro de Tu Señorío y Nuevas Formas de Hacer el Ridículo.

Entre tanto sudor y calor, al cerrar los ojos, cualquiera de los presentes diría que se encuentra en plena movida madrileña. Por momentos recuerdan también al punk primigenio londinense, pero en español. Se dejan entrever algunos rasgos de indie pop e incluso parecen evocar a The Jesus And Mary Chain en temas como Falta Sentimiento. La potente explosión atemporal creada por los cuatro llega a su máxima expresión en las coreadas Joder, no sé y en Perdona (ahora sí que sí), en la que colaboraron con Amaia Romero.

En ningún momento han perdido esa actitud nihilista tan acorde con sus letras crudas. Para cuando entonan Niña de hielo el vocal es todo sudor. Más saltos, más gritos y más pogos. Del público emergen algunos cuerpos que intentan llegar al escenario sostenidos por varias manos. Y antes de irse, lo que todo el mundo espera y no puede faltar en cualquiera de sus conciertos. Todos mis amigos se llaman Cayetano, no votan al PP, votan a Ciudadanos y la ironía de ver cómo algunos de los que el grupo consideraría unos Cayetanos se quitan las camisas para divertirse al ritmo de su propia parodia. Nunca en una ciudad como Córdoba se ha visto algo así y seguro es mucho más de lo que los Carolina Durante podrían haber siquiera llegado a imaginar.

"Bueno, pues nada. Muchas gracias y ya nos veremos". Diego Ibáñez se baja del escenario empapado en sudor. Se sirve una cerveza con la misma pose con la que se la sirvió antes de poner a cientos de personas a saltar. "La verdad es que ha estado bastante bien. Cuando te encuentras con un público que desprende tanta energía se nota." Los felicitan. Se retiran. La Corredera se vacía poco a poco en mitad del calor y los sudores que todavía persisten.

Ni voz de una generación, ni fenómeno mediático, ni la suerte, ni la consciencia de una propuesta artística bien meditada. Ni pretensiones, ni nada. Solo sudor, frescura y sentimiento. Lo que funciona, funciona. Ellos son Carolina Durante.

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