El C3A, zona de conflictos

Extracto de la obra Todo es una recreación, de Din Q Lê en el C3A

“Tiene sentido que preguntes por el presupuesto de una exposición que va precisamente sobre economía”, afirmaba este jueves con una amplia sonrisa que dejaba ver un diente de oro Jakob Fenger, miembro del colectivo SUPERFLEX, un grupo de creadores, pensadores y artistas daneses que lleva 25 años tirando de los hilos del poder socioeconómico capitalista y exponiéndolo en museos de todo el mundo o en las propias ciudades, en sus barrios más complejos.

A Fenger se le veía feliz este jueves en Córdoba, ciudad de la que guarda recuerdos de juventud, y en la que va a estrenar la primera exhibición de SUPERFLEX a nivel nacional. Se podrá ver entre este viernes y el 9 de septiembre en el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A), espacio al que ha llegado después de exponer su obra en Museo Nacional de Arte Moderno de Londres, el Tate Modern.

La altitud del artista danés y la manera en que se movía por el museo, con naturalidad, contrastaba con el sigilo del que hacía gala el otro protagonista de la jornada, el vietnamita Din Q Lê. Ambos estaban este jueves en Córdoba para inaugurar dos exhibiciones sin parangón en el resto de España, y que, de alguna manera, estaban conectadas por un hilo invisible, el que une la sangre y el dinero. Y es que, si a nivel cromático, el rojo y el verde son colores opuestos, en la vida actual suelen ser complementarios. También en el arte contemporáneo, siempre pendiente del conflicto y sus consecuencias.

Para quien se aproxime al C3A entre este viernes y el 20 de mayo -cuando finalice la exposición de Din Q Lê- puede trazar un itinerario natural entre, por un lado, Ritual de Iniciación, una representación de la guerra de Vietnam, sus efectos en la memoria y sus perdedores y ganadores; y, acto seguido, entrar de lleno en una propuesta como Cuánto más sabes, mejor decides, la exhibición, en tono humorístico pero reflexivo, con la que SUPERFLEX pide al ciudadano que no olvide otros cadáveres, en este caso, los caídos en la última guerra económica.

La columna dorsal invisible

“Parece que todo se ha olvidado”, afirmaba Fenger sobre la crisis económica de 2008 y sus bancos quebrados. “Miles de nombres”, según el artista danés, que se dio cuenta de la magnitud de los cadáveres cuando se puso a nombrar entidades económicas quebradas o absorbidas por la crisis para una de sus instalaciones. Para el artista, la economía, y más concretamente, los bancos de inversión, son “la columna dorsal de la sociedad”, pero también resultan prácticamente invisibles para el ciudadano de a pie.

Es por ello que SUPERFLEX siempre suelen invitar a la participación activa del público, porque buscan una toma de conciencia de “las batallas que libramos en el día a día de nuestra vida”, en palabras de Fenger. En Córdoba, ha comenzado a invitar a la reflexión desde el mismo título, sacado de una campaña publicitaria de un banco. Pero también con Contratos de Corrupción, que permite al visitante conocer modelos de comportamiento corrupto, o, si quisiera, llevarse uno de los pósteres de la obra Euforia Ahora, que parte de los códigos de color del papel moneda para elaborar una recreación pictórica, y cuyo principal y psicodélico cartel remite a la tipografía de la película Apocalypse Now, acaso la más alucinógena visión de la guerra que se ha filmado jamás.

Y es que, si algo tiene SUPERFLEX es su gusto por tocar diversos géneros, referencias y técnicas para elaborar y contextualizar su mensaje. En el C3A, por ejemplo, también juegan con el modelismo en Investment Bank Flowerpots, una exposición formada por maquetas de los edificios de las principales sedes corporativas de veinte de los bancos de inversión más importantes del mundo, como Goldman Sachs, Deutsche Bank, CitiGroup, Barclays o Morgan Stanley, a las que convierten en macetas para plantas psicotrópicas, como el cactus peyote y san pedro, plantas de marihuana o adelfas.

También hay espacio para la videoinstalación en European Union Mayotte, que usan para hablar de los procesos migratorios en el territorio francés de ultramar y que consta de dos proyecciones con las que reflexionan sobre los sueños de miles de inmigrantes que mueren cada año intentando alcanzar suelo europeo desde la Isla Mayotte, convertida en región ultraperiférica de la Unión Europea.

Vietnam, más allá de Hollywood

Din Q Lê sabe bien de lo que habla esta última pieza. Al fin y al cabo es inmigrante y videocreador. En su caso, si algo ha vertebrado parte de su obra ha sido la memoria y el recuerdo sobre los efectos del conflicto armado, y más concretamente los de la televisada guerra de Vietnam. No en vano, el artista vietnamita emigró a EE.UU. huyendo de los efectos de ese conflicto para encontrárselo en el televisor de su salón, en las películas de Hollywood de los 80 y los 90, que obviaban totalmente otra versión que no fuera la norteamericana.

Poco después, cuando pudo volver a su tierra de origen, comprobó que el Gobierno comunista de Vietnam del Norte hacía lo mismo y contaba la historia “sin la versión de quienes perdieron la guerra”, Vietnam del Sur. Del choque de estas dos visiones exclusivistas nace su propia reflexión sobre Vietnam, y parte de ella se expone por primera vez en España en el C3A de Córdoba.

Para ello, este creador que ha expuesto en el MoMA de Nueva York o en el Mori de Tokio, se vale de diversas técnicas de narración audiovisual lejanas a la “parafernalia hollywoodiense”: desde la animación, presente en South China Sea Pishkun con la que convierte a los helicópteros en insectos que caen al mar; al cine reciclado (De padre a hijo) en el que confronta los papeles de Martin Sheen en -de nuevo- Apocalypse Now y Charlie Sheen en Platoon; al documental y la entrevista, que usa en Los granjeros y los helicópteros y en Todo es una recreación, para cavilar, entre otros temas, sobre los motivos que hacen que EE. UU. tenga “la necesidad permanente de estar en guerra”.

Justo este jueves, se cumplían 50 años de la imagen que tomó el fotógrafo de la agencia Associated Press Eddie Adams en Saigón y que cambió la percepción del ciudadano de a pie sobre la política norteamericana en Vietnam. Poco o nada ha cambiado, salvo el valor económico de la guerra, que ahora es más rentable, y el poder de la imagen y el arte como arma frente a la sinrazón de los otros y más asfixiantes poderes.

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