Sueños rotos

Hermandad de la Sagrada Cena | ÁLEX GALLEGOS

La imagen es conocida. De hecho, se repite de un día para otro. Aunque el escenario es distinto. También el guion es diferente. No resulta menos intenso por mucho que fuera más predecible. El caso es que el Jueves Santo de 2019 se marcha entre llantos y, sobre todo, con sueños rotos. Porque la inestabilidad meteorológica que apareciera una jornada antes se mantiene y esta vez es tomada con firmeza por las hermandades que hubieran de realizar estación de penitencia. Todas cierran un año de ilusiones con la mirada ya en el siguiente. Especialmente lo hace la Sagrada Cena, pues ésta era la ocasión en que María Santísima de la Esperanza del Valle tuviera que completar su primera salida procesional desde Poniente. Lo mismo ocurre en la Real Colegiata de San Hipólito, pues Córdoba se queda también sin Madrugada tras la suspensión por parte de la Buena Muerte.

El primero de los llamados días grandes de la Semana Santa arrancó con previsiones más desfavorables incluso que el Miércoles Santo. La probabilidad de lluvia era alta a lo largo de toda la tarde noche y eso hacía presagiar otra jornada de cabildos de agua y decisiones importantes. Con el paso de las horas, el cielo oscurecía, si bien jugaba a clarear durante las horas en que las hermandades habían de iniciar sus procesiones. Lo cierto es que en esta ocasión ninguna corporación quiso arriesgar y todas optaron por suspender. Dos lo hicieron tras solicitar media hora de prórroga, el resto ni siquiera aguardó un poco más para sellar el asunto. En las cofradías se mostraba entereza y entre los cofrades había quien no entendía. Es fácil ver y juzgar desde fuera, cuando no tiene en sus manos un patrimonio tan rico como el de las corporaciones.

Bastante antes de las 17:00, la Caridad ya tomó su decisión: solicitaba su período de cortesía para pensar y tratar de ganarle la partida al cielo. A esa hora tenía que iniciar su estación y dar comienzo a la jornada. También antes de que llegara ese momento, el Caído anunció que el Señor de los Toreros y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad no caminarían hasta la Mezquita Catedral. Fue un mazazo para los cofrades, que poco después supieron que Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima Nazarena tampoco acudirían al primer templo de la Diócesis. Entonces no llovía, como sí lo había hecho débilmente y de manera dispersa al mediodía. Las primeras lágrimas aparecían y todas las miradas apuntaban a la Axerquía.

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Al reclamar media hora la Caridad, el programa horario se había retrasado otro tanto tiempo para el resto del día. Pero el original se retomó no mucho después, ya que a las 17:28, aproximadamente, la regia hermandad a la que estuvo vinculado Gonzalo Fernández de Córdoba suspendió también su estación. Precisamente el tercio de la Legión con su nombre militar, Gran Capitán, homenajeó a los titulares de la cofradía a las puertas del Compás de San Francisco. Fue en ese instante, curiosamente, cuando la lluvia hizo acto de presencia. Ocurrió también en Poniente, donde la Sagrada Cena retomaba su hora inicial de salida, las 18:05 que minutos después varió por las 18:35. La corporación de Beato Álvaro de Córdoba reclamó su período de reflexión.

La precipitación se mantuvo tras superar las 18:00 en torno a la joven parroquia, que era rodeada por centenares de personas que aguardaban el comienzo de la procesión. En el interior, los hermanos ansiaban una mejoría del tiempo mucho más que en otro lugar. Ésta era la primera vez que María Santísima de la Esperanza del Valle estaba preparada bajo palio para recorrer Córdoba. Era el gran sueño de la corporación de Poniente y también de los cofrades de la ciudad, que tenían todavía muy próxima la imagen de Nuestra Señora de la Salud en su estreno en las calles -fue el Martes Santo de 2018-.

A las 18:33, la Sagrada Cena continuó la estela de las corporaciones que le precedían y optó, como resultaba lógico a esa hora, por suspender su salida. En ese instante las ilusiones saltaron por los aires. En menos de diez minutos había de tomar la palabra las Angustias, que a las 18:45 tenía opción de pedir media hora. Como dato aclaratorio: si la primera hermandad del día solicita prórroga, el resto retrasa también la hora de comienzo de su procesión; si tras ese tiempo hay suspensión, se recobra el programa original y la que pasa a ser primera tiene derecho al período de análisis.

No tardó demasiado en producirse la decisión de la cofradía que cada Jueves Santo permite gozar de la magna y, póstuma en modo final, obra de Juan de Mesa. Nuestra Señora de las Angustias tampoco marcharía hasta la Mezquita Catedral. Eran poco más de las 18:45 y ya sólo restaba por conocer el acuerdo de la junta de gobierno de la hermandad del Cristo de Gracia. A las 19:03, dos minutos antes de que pudiera reclamar su media hora de cortesía, los trinitarios siguieron con la tónica dominante y pospusieron su estación penitencial en el primer templo de la Diócesis hasta 2020. Las últimas esperanzas saltaron por los aires y el día terminó demasiado rápido. Aunque no en los templos, a los que centenares de personas fueron para visitar a los titulares. Como ocurrió en Santa María de Gracia y San Eulogio también con el popularmente conocido Esparraguero.

Se quedó Córdoba sin tarde vibrante, sin noche larga. Con todo, permanecía atenta de una última hermandad. Porque la ciudad tiene Madrugada, un día propio en ámbito cofrade que ojalá, como tanto reclama uno de los pregoneros de este año, Miguel Ángel de Abajo -quien además llevó a la Merced a ese horario-, tome más cuerpo en breve. Mientras, la Buena Muerte le otorga sello propio. A las 00:00 tenía prevista su salida la cofradía, hecho para el que aguardaba una multitud en la plaza San Ignacio de Loyola. Pero antes de alcanzar la medianoche la corporación de la Real Colegiata de San Hipólito no rompió la línea de la tarde y decidió suspender su estación.

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