Cinco milenios de historia funeraria para entender cómo convive Córdoba con sus muertos
El Auditorio del Tanatorio Las Quemadas ha acogido este sábado, 21 de febrero, una conferencia inusual para un espacio acostumbrado al duelo. Bajo el título “De necrópolis a cementerios: evolución topográfica de los espacios funerarios de Córdoba”, la doctora en Arqueología de la Universidad de Córdoba (UCO), Ana Ruiz Osuna, ha trazado un recorrido histórico ininterrumpido desde el año 3000 a.C. hasta nuestros días. Sin embargo, el contenido de esta ponencia no ha sido el único protagonista de la jornada, ya que este encuentro ha servido como pistoletazo de salida a un nuevo y ambicioso programa cultural.
Esta iniciativa, nacida de la colaboración entre la UCO -a través del grupo de investigación Sísifo- y la red de tanatorios, tiene un propósito muy claro. “Lo que queremos hacer en esta colaboración entre TDCO (Tanatorios de Córdoba) y la Universidad de Córdoba es erradicar un poco esos tabúes, esos miedos hacia este tipo de temas que llevamos trabajando ya tiempo de manera un poco, digamos, individual, pero que a partir de ahora vamos a hacerlo de forma conjunta”, ha explicado la propia investigadora al finalizar la conferencia.
La intención de ambas entidades es invitar a la sociedad a tener conversaciones que permitan que la muerte deje de ser un tema esquivado. Hasta ahora, la UCO organizaba las jornadas 'IN MEMORIAM' concentradas en torno al fin de semana de los Santos. Con esta nueva alianza, el formato se expande para estar presente todo el año, con una programación mensual -a excepción de julio y agosto- que busca “difundir esa cultura funeraria entre la gente”, como ha señalado Ruiz Osuna.
Un viaje histórico bajo el suelo cordobés
En esta conferencia inaugural, Ruiz Osuna ha establecido un recorrido funerario a través de la evolución del urbanismo cordobés, demostrando cómo la relación de la sociedad con sus difuntos ha moldeado la topografía de la ciudad a lo largo de cinco milenios. En una amplia conferencia de una hora de duración, la arqueóloga ha destacado que, desde los primeros y enigmáticos hallazgos prehistóricos en Alcolea y el Tablero Alto -donde se han documentado enterramientos conjuntos sin signos de violencia-, los espacios de la muerte han actuado como un fiel reflejo de las dinámicas sociales de cada época.
Uno de los aspectos más reveladores de su intervención ha sido la desmitificación de ciertas creencias históricas. La experta ha explicado que, contrariamente a la idea de un “cinturón funerario” cerrado, las necrópolis romanas de Colonia Patricia se organizaron estratégicamente junto a las principales vías de comunicación y las puertas de la ciudad. El objetivo no era esconder a los muertos, sino garantizar la visibilidad y el recuerdo de las élites para lograr cierta “inmortalidad”, lo que propició una enorme monumentalización a los márgenes de caminos como la vía Corduba-Hispalis o la Vía Augusta.
A lo largo de la charla, Ruiz Osuna ha evidenciado cómo esa frontera física y simbólica entre el mundo de los vivos y el de los muertos se ha ido transformando de forma pendular. Si en la Antigüedad y durante el esplendor de la Córdoba islámica la norma general ha sido separar ambos mundos -creando gigantescas 'maqabir' o cementerios extramuros para dar servicio a una urbe superpoblada-, la paulatina imposición del cristianismo y la época bajomedieval han roto esa barrera. Los enterramientos se han adentrado en los barrios y las parroquias locales, integrándose de tal manera en la cotidianidad que los propios cementerios han llegado a acoger fiestas y celebraciones vecinales.
Ya en el tramo final, la investigadora ha relatado cómo los graves problemas de salubridad pública de convivir junto a los enterramientos obligaron, ya en la época contemporánea, a expulsar de nuevo a los difuntos del casco histórico. Este proceso de retorno a los recintos ventilados a las afueras, impulsado teóricamente a finales del siglo XVIII, dio origen paulatinamente a los grandes espacios que conocemos hoy: el Cementerio de La Salud inaugurado en plena invasión napoleónica, el de San Rafael -que integra un histórico cementerio protestante de origen industrial- y, más recientemente en 1988, el amplio recinto de La Fuensanta.
“Yo creo que conociendo de dónde venimos aprendemos a ser quienes somos y hacia dónde queremos ir”, ha concluido Ruiz Osuna. Unas palabras que resumen a la perfección el espíritu de este nuevo ciclo: adentrarse en la historia de las ausencias para comprender la identidad de la propia Córdoba.
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