El escaparate de la música independiente de España se traslada a Córdoba
Córdoba agota las horas para convertirse durante los próximos días en la capital de la música independiente española. Todo porque el Gran Teatro acogerá el próximo miércoles 25 de marzo la gala de los Premios MIN, los galardones de la música independiente que concede la Unión Fonográfica Independiente (UFI) y que, por primera vez en su historia, se celebran en Andalucía.
El gesto no es solo simbólico. Los MIN nacieron en 2009 con un objetivo claro: dar visibilidad y red de apoyo a una escena que llevaba años creciendo al margen de las grandes multinacionales. “Había muchísimo talento y actividad, pero no existía un espacio propio de reconocimiento para los artistas independientes”, explica Sonia Durán, directora general de la UFI.
Hoy ese ecosistema ya no es marginal. Según datos de la propia organización, el sector independiente representa entre el 35% y el 38% del mercado discográfico en España, una cifra que da idea de su peso real en la industria musical. “Hoy, ser independiente no define un sonido, define una forma de trabajar. Significa que artistas y sellos mantienen el control de sus proyectos, toman sus propias decisiones creativas y desarrollan su carrera fuera de las grandes multinacionales”, resume Durán.
Más allá del “indie”
Durante años, la palabra indie se popularizó como una etiqueta musical asociada a guitarras, festivales y cierta estética generacional. Lo que pasa es que aquello, que siempre se vio más que un género, no siempre tenía que ver con la independencia, ya que muchos de los grandes nombres de la ola indie en España, acabaron publicando con multinacionales.
Desde la UFI aclaran que la independencia en la música va mucho más allá de un estilo. “La música independiente no es un género”, insiste Durán. “Dentro hay pop, rock, electrónica, flamenco, jazz, música clásica o urbana. Lo que la define es la estructura y la libertad con la que se trabaja”. Esa diversidad se refleja también en el crecimiento de los propios Premios MIN, que se han convertido en el gran punto de encuentro anual del sector. Una noche en la que artistas, sellos y profesionales celebran una escena que ha aprendido a sobrevivir a las transformaciones radicales de la industria.
La música ha pasado en apenas dos décadas de la crisis de la piratería al dominio absoluto del streaming. “Hemos pasado de comprar discos a que dejaran de venderse porque se descargaban, y de ahí a escuchar música por suscripción”, explica Durán, que añade que este nuevo sistema tiene ventajas y desventajas, pero también ha democratizado el acceso y ha permitido que proyectos pequeños lleguen a audiencias globales.
Diez años de carretera para poder vivir de la música
Esa mezcla de libertad y precariedad es el día a día de muchos músicos independientes. Lo saben bien Repion, el dúo cántabro formado por las hermanas Marina y Teresa Iñesta, nominadas este año en cinco categorías de los Premios MIN. “Nosotras estuvimos diez años autoeditándonos. Eso significa hacerlo todo: grabar, promocionar, mandar discos a fábrica… absolutamente todo”, cuenta Teresa por teléfono a este periódico.
Así, durante una década compaginaron la música con otros trabajos. Solo desde hace un año y medio han conseguido dedicarse plenamente a su proyecto. “Ha sido después de muchísimos conciertos y muchísima inversión”, explica la artista, que aclara que ahora han logrado centrarse al cien por cien en la música, que era “el sueño de nuestra vida”.
Repion forma parte hoy del sello independiente Mushroom Pillow, una estructura pequeña comparada con las grandes multinacionales, pero que permite algo que las artistas consideran esencial: libertad creativa. “Lo principal es que hay menos presión para convertir cada disco en un producto”, explica Teresa. “Trabajamos con un equipo pequeño, muy cercano, que se implica mucho en el proyecto”.
La libertad… y el abismo
Para muchos artistas, ese margen creativo es la mayor ventaja —y al mismo tiempo el mayor vértigo— de la independencia. “Es libertad total, pero también un abismo. Es como meterte en un bosque virgen y tener que abrir tú mismo el camino”, explica Víctor Cabezuelo, líder de Rufus T. Firefly, un proyecto también nominado en los MIN, y que el pasado fin de semana dio la sorpresa al hacerse con el Premio Ruido que entrega la prensa musical de España al mejor disco de 2025.
La industria musical, recuerda Cabezuelo, sigue funcionando en gran medida bajo las reglas establecidas por las grandes discográficas. “Ellos diseñaron el tablero de juego. Pero a veces puedes inventarte otras reglas y buscar tu propio camino”, dice este compositor, que reconoce que el éxito en la música no siempre responde al talento o al esfuerzo: “Hay grupos increíbles que hacen todo bien y aun así no consiguen que la gente los escuche. Es una parte muy injusta de este oficio”.
Aun así, para muchos artistas el impulso creativo está por encima de cualquier cálculo. “Yo hago música porque no tengo otro remedio. Es lo que me da la vida”, resume Cabezuelo, que reconoce que sería positivo que el público, los oyentes, conocieran realmente qué hay detrás de lo que escuchan: “Está bien saber que hay discos que se han hecho con 10.000 euros y otros que se han hecho con 5 millones de euros”.
Una fiesta para una escena que resiste
Más allá de los premios, la gala de Córdoba será sobre todo una celebración colectiva. Un lugar de encuentro para un sector que, pese a las dificultades, ha sabido reinventarse una y otra vez. Durán lo define como “la gran fiesta de la música independiente”. Una noche para poner rostro a una industria que muchas veces permanece invisible para el público.
Para Cabezuelo, lo ilusionante -dice- está en “el hecho de reivindicarse como independiente dentro de la industria”, mientras que para las Repion, forman parte “de ese proceso de consolidación” por el que pasan muchas bandas que, como ellas, pueden llegar a ser consideradas emergentes, aunque lleven una década largo sobre los escenarios.
Porque detrás de cada canción que aparece en una plataforma digital hay mucho más que un archivo de audio: grabación, producción, mezcla, diseño, distribución, promoción y meses —a veces años— de trabajo. “Ahora la música está disponible de forma inmediata y quizá no siempre se percibe todo lo que hay detrás”, admite Durán. Pero algo sí ha cambiado en los últimos años: el público vuelve a apoyar a los artistas a través de conciertos, vinilos o merchandising.
Ese vínculo directo con el público es, precisamente, una de las grandes fortalezas del ecosistema independiente, y a ese vínculo apelan los Premios MIN, que buscan crear en Córdoba esa red invisible que sostiene buena parte de la música que define el sonido actual de España en estos tiempos en los que los algoritmos comienzan a monopolizar los gustos de los oyentes.
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