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Las muertes por calor se triplican en Córdoba en la última década

Calor en Córdoba

Alfonso Alba

10 de septiembre de 2026 20:04 h

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El calor mata y lo hace cada vez con mayor intensidad conforme avanza el cambio climático. Según los datos del informe de Lancet Countdown sobre salud y cambio climático, las víctimas atribuibles a las altas temperaturas se han triplicado en la última década. El informe considera que la mortalidad relacionada con el calor es uno de los indicadores que muestran el impacto sanitario del calentamiento global y estima que en 2024 se produjeron 62.775 muertes por calor en Europa.

Solo este año, según los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), en la provincia de Córdoba son ya 35 las muertes vinculadas a las altas temperaturas. El año pasado fueron una decena.

El dato de Córdoba adquiere una dimensión todavía mayor cuando se amplía la mirada y se compara con la evolución registrada durante las últimas décadas. El estudio internacional sitúa en 243 muertes atribuibles al calor por cada millón de habitantes y año la tasa media de la provincia durante el periodo 2015-2024. Entre 1991 y 2000, esa tasa era de 74 fallecimientos por cada millón de habitantes.



La diferencia supone que la mortalidad atribuible al calor se ha multiplicado por 3,3 en poco más de dos décadas. Dicho de otra manera, la tasa actual es aproximadamente un 228% superior a la registrada en la década de los noventa. No se trata, por tanto, de una simple oscilación entre años especialmente calurosos, sino de un cambio sostenido en el riesgo asociado a las temperaturas.

Córdoba, ante un calor cada vez más peligroso

La provincia aparece así dentro del grupo de territorios del sur de Europa donde el aumento de la mortalidad relacionada con las altas temperaturas resulta especialmente acusado. El informe del Lancet Countdown señala que el incremento de las muertes atribuibles al calor se ha producido en prácticamente todo el continente: el 99,6% de las regiones europeas analizadas registraron un aumento en el periodo 2015-2024 respecto a 1991-2000. La subida media europea fue de 52 muertes anuales por cada millón de habitantes, aunque el incremento fue mucho mayor en el sur y el sureste del continente.

Córdoba parte, sin embargo, de una situación climática especialmente expuesta. Las temperaturas extremas forman parte desde hace décadas del verano cordobés, pero el problema que refleja el estudio no es únicamente que los termómetros alcancen valores más altos. También influye la mayor frecuencia, duración e intensidad de los episodios de calor.

El informe apunta precisamente a esa acumulación de riesgos. En Europa, la exposición de los grupos más vulnerables —especialmente menores de un año y personas de 65 años o más— a las olas de calor aumentó un 254% entre 2015-2024 y el periodo de referencia 1991-2000. En paralelo, el número de horas anuales en las que el calor supone un riesgo para realizar actividad física al aire libre también ha aumentado de forma notable. El verano de 2024 fue, además, el más cálido registrado hasta entonces en Europa, y las temperaturas extremas se han convertido en un problema cada vez más importante para la salud pública.

No son solo golpes de calor

Una de las claves para interpretar correctamente las cifras es entender qué significa “mortalidad atribuible al calor”. Los fallecimientos asociados a las altas temperaturas no son únicamente aquellos casos en los que una persona muere como consecuencia directa de un golpe de calor.

Las temperaturas elevadas pueden agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias y otras patologías previas, incrementando el riesgo de fallecimiento entre personas especialmente vulnerables. El sistema MoMo utiliza precisamente modelos estadísticos para estimar la mortalidad atribuible a las temperaturas a partir de la mortalidad observada y de las condiciones térmicas. Los datos que ofrece, por tanto, no equivalen a un registro de certificados de defunción en los que figure «golpe de calor» como causa directa.

Esa distinción es importante también para entender lo ocurrido en Córdoba este verano. Según los últimos datos publicados del sistema MoMo, la provincia acumulaba 31 fallecimientos atribuibles al calor desde junio hasta comienzos de septiembre, frente a los diez registrados en el mismo tramo de 2025. Solo en julio de este año se contabilizaron 16 muertes vinculadas estadísticamente a las temperaturas, frente a una en el mismo mes del año anterior. En agosto fueron 14, frente a ocho en 2025.

El comportamiento de la mortalidad general permite apreciar todavía mejor el peso específico del calor. Durante el periodo estival analizado, Córdoba registró menos fallecimientos totales en 2026 que en 2025, pese a lo cual las muertes atribuibles a las temperaturas aumentaron con fuerza.

Un verano que empezó antes y se prolongó más

Los datos de este año también muestran otro elemento relevante: el calor no solo ha sido intenso, sino que ha tenido un comportamiento diferente al del verano anterior. En 2025, las muertes atribuibles a las temperaturas se concentraron fundamentalmente en agosto. En 2026, el impacto comenzó antes y se distribuyó durante más semanas. En junio ya se produjo la primera muerte atribuible al calor, mientras que julio se convirtió en el mes más letal por esta causa, con 16 fallecimientos en la provincia. Agosto añadió otros 14.

A mediados de agosto, Córdoba ya acumulaba 26 muertes atribuibles al exceso de temperaturas desde el 15 de mayo, nueve de ellas producidas durante ese mes. En el conjunto de Andalucía se contabilizaban entonces 430 fallecimientos, un 172% más que en el mismo periodo de 2025.

Uno de los efectos menos visibles de las olas de calor es la dificultad para recuperar temperatura durante la noche. Cuando las temperaturas nocturnas permanecen elevadas, el organismo dispone de menos oportunidades para recuperar el equilibrio térmico después de un día de calor extremo. Esto resulta especialmente relevante en una provincia como Córdoba, donde las noches tropicales y las noches con temperaturas muy elevadas son cada vez más habituales durante el verano.

El problema se multiplica en viviendas mal aisladas, en edificios que acumulan calor durante el día y en hogares que no cuentan con sistemas adecuados de refrigeración. También afecta especialmente a las personas mayores, a quienes viven solas y a quienes padecen enfermedades crónicas.

El propio Lancet Countdown destaca que los efectos del calor no se distribuyen de manera uniforme y que los grupos más vulnerables son quienes sufren primero y con mayor intensidad los impactos sanitarios del cambio climático.

El efecto de las ciudades

La temperatura que marca un termómetro no es la única variable que determina el riesgo. También importa cómo está construido el lugar donde se vive. El informe pone el foco en el denominado efecto de isla de calor urbana: el asfalto, el hormigón y los edificios absorben radiación durante el día y liberan ese calor posteriormente, mientras que la falta de vegetación reduce la capacidad natural de refrigeración.

El análisis publicado por elDiario.es a partir del informe señala que este fenómeno es especialmente relevante en las ciudades del sur de Europa. Granada, por ejemplo, registró entre 2003 y 2020 más de 300 días en los que la temperatura urbana superó en al menos 1,5 grados la de las zonas rurales próximas.

El informe también encuentra una relación entre vegetación y temperatura: en el 88% de las ciudades europeas donde aumentó la cobertura de hojas se observó una reducción de la temperatura estival, con un descenso medio de 0,7 grados. España, sin embargo, presenta todavía una cobertura arbórea urbana limitada.

La cuestión resulta especialmente relevante para Córdoba. La adaptación al calor no depende únicamente de los sistemas de alerta o de recomendar a la población que se hidrate y evite las horas centrales del día. También pasa por cómo se diseñan las calles, qué cantidad de sombra ofrecen, qué materiales se emplean, cuánta vegetación existe y cómo se protege a la población vulnerable.

Un problema que ya está dejando huella en Europa

El caso de Córdoba forma parte de una tendencia mucho más amplia. El Lancet Countdown estima que en 2024 se produjeron 62.775 muertes relacionadas con el calor en Europa. En 820 de las 823 regiones monitorizadas —el 99,6%— aumentó la mortalidad atribuible a las altas temperaturas durante 2015-2024 respecto al periodo 1991-2000.

El sur europeo concentra los incrementos más importantes. La comparación entre ambos periodos muestra que las regiones meridionales y del sureste europeo se encuentran entre las más castigadas por la evolución de la mortalidad relacionada con el calor.

Al mismo tiempo, también están aumentando los episodios en los que las autoridades sanitarias deben activar avisos por temperaturas peligrosas. En Europa, los avisos sanitarios por calor extremo aumentaron un 318% en 2015-2024 respecto a 1991-2000. En el sur de Europa, el incremento alcanzó el 316%. La conclusión de los investigadores es que el riesgo climático está creciendo a una velocidad superior a la capacidad de adaptación.

El informe no se limita a cuantificar el problema. También analiza qué medidas pueden reducir la exposición de la población. Entre ellas se encuentran el incremento de las zonas verdes y arboladas, la utilización de materiales capaces de reflejar mejor la radiación solar, la creación de superficies permeables, la mejora del transporte público y la planificación urbana orientada a reducir la exposición al calor.

La vegetación tiene además un doble efecto: proporciona sombra y contribuye a reducir la temperatura, al tiempo que mejora la calidad del aire y ofrece espacios de refugio durante los episodios de calor. El informe defiende, por ello, que la salud debe ocupar un lugar central en la planificación de las ciudades.

El problema es que disponer de un plan no garantiza necesariamente que las medidas se ejecuten. El análisis del Lancet Countdown advierte de que las ciudades europeas han desarrollado numerosos planes de adaptación, pero una parte importante identifica todavía necesidades de financiación en ámbitos como el transporte, los edificios o las energías renovables.

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