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Marcos, el 'niño lobo' de Sierra Morena que acabó sus días arropado por sus vecinos

Marcos Rodríguez, en el que se basa la película 'Entrelobos', y Manolito, actor que interpreta su infancia.

Carmen Reina

18 de agosto de 2026 20:04 h

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“Marcos fue un hombre que nunca se había adaptado a la sociedad, pero, finalmente, lo consiguió”. Las palabras del cineasta Gerardo Olivares, que dedicó una película y un documental a contar la vida de Marcos Rodríguez Pantoja (Añora, Córdoba, 1946), más conocido como el niño lobo de Sierra Morena, cobran un sentido especial para explicar cómo quien viviera solo en el monte con una manada de lobos en su infancia y adolescencia, pudo volver a vivir en comunidad y acabó sus días como uno más de los vecinos de la aldea de Rante (Ourense) donde ha fallecido a los 80 años.

Olivares, que ha mantenido el contacto con Marcos desde que lo conociera para rodar su película Entre lobos hasta pocos días antes de morir, conoce bien la historia de aquel niño que, desde los 7 a los 17 años vivió solo en el monte en Sierra Morena, tras morir el pastor que le cuidaba, y que estableció una relación de convivencia con una manada de lobos con la que sobrevivió todo ese tiempo. La Guardia Civil lo encontró entonces, vestido con pieles y sin apenas poder hablar.

El cineasta cordobés habló con Rodríguez Pantoja por última vez el pasado jueves -cuenta a Cordópolis-, cuando el que fuera 'niño lobo' de Sierra Morena ya recibía cuidados paliativos y se sabía que su fallecimiento se aproximaba. Y destaca cómo, además de un sentimiento de “mucha tristeza” al conocer su muerte, también se ha despertado su sensación de que Marcos logró adaptarse a la sociedad y vivir feliz en sus últimos años. “Vivía en su aldea muy arropado por sus vecinos”, relata Olivares, que señala como muestra cómo en ese pequeño núcleo de población “más de 300 personas estuvieron en su funeral”. “Era muy querido y creo que vivió feliz en sus últimos años de vida”.

Una vida en la aldea en la que Marcos se volvió a sentir en sociedad y, además, llegó a “dar charlas y conferencias” en colegios de la zona, protagonista de una historia increíble como la de su propia vida. Esa historia de Rodríguez Pantoja llegó a Olivares a través de un artículo de prensa sobre una chica descubierta en la selva de Camboya tras muchos años perdida allí y una página web donde se mostraban casos documentados similares. “Me llamó la atención el caso que llamaban 'El pequeño salvaje de Sierra Morena' y empecé a investigar”.

Marcos Rodríguez Pantoja

Su investigación le llevó a contactar con el antropólogo Gabriel Janer, que “había escrito una tesis doctoral sobre la historia de Marcos Rodríguez Pantoja y lo había conocido en los años 80”, aunque en ese momento pensaba que ya había muerto. Pero Olivares siguió tirando del hilo e investigando, “hasta que lo encontré en la aldea de Rante”. “Me fui para allá, nos conocimos y, a partir de ahí, empecé a construir su historia para llevarla al cine y a un documental”.

Porque la sinopsis de aquella vida, era de cine: “Imagínate un chico que, con 7 años, su padre se lo da a un cabrero para que se lo lleve al monte en plena posguerra y época de hambre, porque no lo podía mantener. El pastor se lo llevó a la montaña y cuando este murió, el chico se quedó solo durante doce años viviendo en el corazón de Sierra Morena, sin contacto con el exterior y se hizo amigo de una manada de lobos”.

Gerardo Olivares quiso contar la historia de Marcos y la enseñanza de su vida, sobre “cómo un niño tan pequeño fue capaz de sobrevivir en la naturaleza y cómo estableció esa relación con los lobos”. “Era un caso único en España y en el mundo”, dice sobre cómo le atrajo la vida de aquel hombre para contarla en la gran pantalla. La película, protagonizada por Juan José Ballesta, tuvo un gran éxito y el propio Rodríguez Pantoja participó en el rodaje, como asesor principal y también como asistente en el trabajo con los lobos. Luego, además, en un documental, el cineasta quiso plasmar la segunda parte de esa vida: “Qué pasó con ese niño cuando se hizo adulto y lo intentaron readaptar a la sociedad”.

Aquel 'niño lobo', que pasó su infancia y adolescencia junto a lobos, aislado de la sociedad en plena Sierra Morena, pudo finalmente recobrar el sentido de comunidad en su vida en la aldea donde ha fallecido, protagonista de una historia que siempre será recordada.

La vida de Marcos Rodríguez Pantoja

La infancia de Marcos estuvo marcada por la pobreza de la posguerra y por unas circunstancias familiares extremadamente difíciles. Su madre murió durante el parto. Su padre volvió a casarse y la familia terminó trasladándose a Fuencaliente, en Ciudad Real, donde sobrevivía con la fabricación de carbón vegetal. Cuando Marcos era todavía un niño, su padre lo entregó a unos propietarios de Sierra Morena, que lo enviaron a vivir con un anciano cabrero en plena montaña.

El pastor fue quien le enseñó las primeras herramientas para desenvolverse en un entorno hostil: hacer fuego, buscar agua y alimentos, reconocer plantas y cuidar de las cabras. Pero la muerte del anciano convirtió aquella infancia ya excepcional en una experiencia de aislamiento absoluto. Marcos quedó solo en el monte y tuvo que aprender a sobrevivir sin la compañía de otros seres humanos.

Fue entonces cuando los animales se convirtieron en su principal referencia. Durante años permaneció en contacto con la fauna de Sierra Morena y desarrolló una relación especialmente estrecha con una manada de lobos. Con el paso del tiempo aprendió a desenvolverse en el medio natural, a imitar sonidos y a utilizar recursos que le permitieron sobrevivir. En sus testimonios posteriores explicaría que los animales fueron su familia y que nunca le hicieron daño.

El reencuentro con la sociedad se produjo cuando la Guardia Civil lo localizó en la sierra. Para entonces, Marcos había pasado una parte esencial de su vida alejado de las personas. Apenas podía expresarse con normalidad, caminaba descalzo y utilizaba pieles para protegerse. La vuelta a la vida humana resultó mucho más complicada que su supervivencia en el monte. Tuvo que volver a aprender hábitos tan elementales como hablar, caminar erguido, vestirse o utilizar cubiertos.

Después llegaron años de trabajos y desplazamientos. Marcos trabajó como albañil y pasó por distintos lugares, entre ellos Madrid, Fuengirola y Mallorca. También hizo el servicio militar. Pero su dificultad para comprender las reglas de una sociedad de la que había estado apartado durante tantos años lo convirtió en una persona especialmente vulnerable. Durante su vida adulta sufrió engaños, estafas y abusos relacionados con su desconocimiento del dinero y de las relaciones sociales.

El antropólogo Gabriel Janer Manila estudió su caso durante los años 70. Su investigación puso el foco no solo en la extraordinaria capacidad de supervivencia de Marcos, sino también en las circunstancias que habían conducido a su abandono. La pobreza extrema y la violencia familiar aparecieron como elementos fundamentales para comprender cómo un niño terminó aislado en Sierra Morena.

Décadas después de abandonar el monte cordobés, Marcos terminó encontrando en Galicia el que sería su último hogar. Su llegada a Ourense estuvo relacionada con las personas que fue conociendo a lo largo de su vida y que le ayudaron a encontrar un lugar estable donde vivir.

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