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Esta es una ruta nocturna: en las horas posteriores al atardecer, los patios están más tranquilos, más mágicos, iluminados, las flores cambian de color, más oscuras, los dueños están a punto de volver a casa, las fotografías necesitan más luz, los visitantes susurran, desean mantener intacta la encantadora atmósfera surgida entre las flores.

En la Plaza de las Tazas, número 11 unas fotos en blanco y negro colgadas en las paredes, dan la bienvenida a los visitantes, retratan a niños, padres, abuelos, historias y recuerdos de un patio que ha pasado por mucho, el primer premio lo consiguió en 1961. En el pasado hubo allí un picadero de caballos, ahora acoge gente de toda parte. Desde 1983, es propiedad de Cristina y Pepe. Este último, sentado, dice que ahora es un lugar que acoge a estudiantes, funcionarios, gente de viaje que pasa por Córdoba. Es un gran jardín de arquitectura moderna, hay espacio para todos: ’’Una cosa que pretendemos mi mujer y yo es comer todos juntos. Ahora, por ejemplo, ella está en la cocina, preparando la cena para un estudiante’’. Un patio del corazón que, con pasión, enamora a cualquiera. Cañas y papiros dan a una gran fuente, grandes ventanales con rejillas a veces blancas, a veces negras, jarrones y un pequeño invernadero en la parte inferior: recoge plantas suculentas. Mesas, sillas, para los que quieren desayunar juntos, para los que quieren compartir, entre los colores de los geranios.

Me dirijo después hacia la calle Isabel II, 1, un patio salpicado de columnas antiguas. Un 'pececillo' cuelga de lo alto, los jazmines abrazan las rejas de las ventanas. Un imponente limonero acoge, en cambio, al patio de la calle Palma 3, las buganvillas se desploman por los muros, un pozo en la esquina, rosas hortensias descansando al pie de una pequeña fuente.

Finalmente, Calle Aceite 8: el propietario José Antonio Espinosa da la bienvenida a los últimos visitantes del día, asiente con la cabeza. Él, junto con su esposa, Carmen Lopera, son los cuidadores del enorme jardín. Hay tres patios: 'Patio de los Chinos', dispone de una pequeña fuente en el centro, las flores bañadas adentro, es el pequeño patio al que da la puerta de entrada de la casa. Le sigue el segundo, el 'Patio de las Orzas' y después el 'Patio del Jardín o de la Piscina': enorme, majestuoso, exótico. Una gran palmera canaria es el telón de fondo de esta explosión de plantas, flores, luces y agua. Aquí parece sentirse más el aroma de las flores.

Las puertas se cierran, las flores pueden descansar.

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