Sentenciado

Judi Dench, como la reina Isabel, en 'Sakespeare in love'.

De las hermandades que hacen estación de penitencia hoy nos fijamos especialmente en la Sentencia. Su paso de misterio es espectacular, un diorama completísimo al que no le falta un perejil. La escena, obviamente, representa la decisión del atribulado Pilato de condenar –sin mucho afán- al mago peligroso que responde al nombre de Jesús. Hay dos romanos, posiblemente nacidos en Palestina, porque en esa época los romanos eran como los vascos, que nacen donde las da la gana. Está también un sanedrita, que es un tipo que se pasa el día reunido en asamblea, no sabemos si para acordar algo o para reventar cualquier acuerdo (en fin, cosas de sanedritas).

Al lado, Barrabás, encantado de conocerse, el tal Pilato, Jesús, al que veremos muchas veces en estos días: es el empleado de la semana del supermercado y…

…efectivamente: Claudia Prócula, señora de Pilatos: un personaje secundario de esos que roban escenas con su poderío y su presencia.

Esta señora es como Judi Dench haciendo de una Lady Macbeth buena.

Como en todas estas cosas evangélicas, en la historia de esta señora se fusionan historia, cuento y leyenda como si cantara Pitingo. Así que hay que hacerle el caso justo – un poco más que a Pitingo, pero no mucho-

Parece ser que Claudia Prócula conocía las enseñanzas del Bautista, todo un personaje también, un tanto eclipsado por Jesús, tal vez por una mala gestión de su agente o de su gabinete de prensa. Y hay quien dice, también, que pudo charlar en algún momento con el propio Mesias, seguramente en alguna recepción oficial o en la cola de la pescadería o vaya usted a saber.

El caso es que pudo tener un sueño premonitorio sobre la que le iba a caer a Jesús en esta complicada Semana, y hasta trató de impedir la Sentencia. No lo consiguió, afortunadamente, porque hubiera echado a perder el negocio, pero esa penita no la abandonará nunca. Luego se convirtió y hasta subió a los altares en la Edad Media: una época de rebajas en la Iglesia, donde se hacían santos como churros. Ahora, salvo excepciones, hacerse santo es más complicado.

En fin, yo, humildemente, pido atención y respeto para Claudia Prócula, para Judi Dench o Helen Mirren, y para todas esas grandes actrices británicas, siempre contenidas en sus conflictos interiores, herederas de una escuela noble de interpretación muy alejada del aspaviento de Carmen Machi, del cargante falsete de Penélope Cruz y de las alfombras rojas de Hollywood.

Que Shakespeare las tenga por siempre en su santa gloria. En la mía están y, cuando sea dios, las recompensaré con un lugar en mi regazo o algo.

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