El Rocío de la Fe llena Córdoba de aires almonteños

El estandarte de la Hermandad del Rocío de Almonte junto al de la Hermandad de Córdoba camino de la Catedal FOTO: MADERO CUBERO
Emoción y ambiente festivo en la ciudad con una celebración que supuso la primera salida de la provincia de Huelva de la Hermandad Matriz, que acompañó a las filiales cordobesas

La emoción y el ambiente festivo inundaron este sábado las calles de Córdoba, que con el Vía Crucis Magno todavía en la memoria se dispuso a disfrutar de otra jornada inolvidable. El Rocío de la Fe llenó la ciudad de aires llegados de Almonte. No había marismas, pero sí la alegría que consigo lleva la Blanca Paloma. Todo fue regocijo en una celebración que significó además la salida por primera vez de la provincia de Huelva del simpecado de la Hermandad Matriz de Nuestra Señora del Rocío. Éste acompañó al de las filiales de la provincia en una tarde que se prolongó hasta más allá de la medianoche. La temperatura no acompañó, pero el calor que faltaba lo aportaron los rocieros y todos cuantos quisieron estar presentes en un acto que difícilmente podrán olvidar.

“Córdoba, Cabra y Lucena han ‘venío’, con Priego y Puente Genil, pa´empaparse de Rocío junto a la Hermandad Matriz”. El estribillo de las sevillanas “Rocío de nuestra Fe”, con letra y música de Carlos Luis Quintero Martín, define a la perfección lo que fue la celebración con que se cierra el Año de la Fe en Córdoba. Una jornada que se inició en torno a las 15:20 con la salida de los simpecados de la Hermandad Matriz y la de la capital cordobesa desde San Pablo en su camino hacia la Mezquita-Catedral, hasta la que se dirigieron también los de las otras cuatro filiales de la provincia. En el más emblemático monumento de la ciudad tuvo lugar el Solemne Pontifical, que corrió a cargo del Obispo de Córdoba, Demetrio Fernández. Mientras, en la calle Torrijos esperaban las carretas de las distintas hermandades para acoger sus simpecados e iniciar una procesión extraordinaria que dejó estampas para el recuerdo.

Porque hubo algo, si no mucho, de Almonte en Córdoba y porque las calles del casco histórico de la ciudad quisieron ser Almonte por un día. Se unía entonces la caballería y comenzaba un desfile que debía llevar hasta la plaza de las Tendillas, donde había preparado un nuevo acto religioso y también festivo para las 20:00. El mismo tuvo un retraso importante, pues hasta más allá de las 22:00 no empezaron a aparecer las carretas de las hermandades filiales en la céntrica plaza, tras la caballería y antes de que también llegara el simpecado de la Hermandad Matriz, que se unió tras salir de la iglesia de la Compañía. Presentes las carretas ante el imponente altar levantado en el lugar y en que volvió a tomar la palabra Demetrio Fernández antes de que se pudiera escuchar la Salve, interpretada por el coro Amigos del Rocío. Fue este un momento emotivo e intenso del que disfrutaron todos cuantos allí se dieron cita y a los que poco importó la espera.

Tras este acto, la Hermandad Matriz regresó a la iglesia de la Compañía, mientras que las filiales de la provincia iniciaron un nuevo camino procesional. Las carretas tomaban rumbo a los Jardines de la Virgen del Rocío, al otro lado del Guadalquivir, donde tocaba bendecir el monumento a la Blanca Paloma allí erigido. El retraso vivido en la llegada a Tendillas se produjo igualmente para este acto, que no fue el último de una jornada que se cerró ya pasada la medianoche con una parada rociera en los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos. Comenzaba a alcanzar su final una celebración que estrechó los lazos entre Almonte y Córdoba, que respiró ese ambiente festivo que siempre existe en torno al Rocío, que en esta ocasión fue más especial que nunca, al menos para una ciudad que vio por sus calles el simpecado de la Hermandad Matriz. No todos los días se trasladan las marismas, aunque sólo sea en pensamiento, a rincones como los que guarda la Judería.

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