Parcelaciones: una legalidad amoldada a la ilegalidad

Parcelaciones en la carretera de Palma del Río | FOTO: MADERO CUBERO
El Colegio de Arquitectos acogió anoche una mesa redonda sobre la carretera de Palma del Río y las naves de Colecor

Las parcelaciones ilegales son el gran quiste histórico en el urbanismo de Córdoba. El Colegio de Arquitectos acogió anoche una mesa redonda para tratar este espinoso y árido tema, centrándose en la extensión de parcelas de la carretera de Palma del Río y la joya de la corona de las ilegalidades más flagrantes: las cuatro hectáreas de naves construidas por Rafael Gómez Sandokán junto a Medina Azahara. El título, muy sugerente: 'Planificar el futuro o legalizar el pasado'. La mesa de tertulia estuvo compuesta por Ángel Rebollo Puig, gerente de Procordoba y Rafael Obrero Guisado, antiguo gerente de Vimcorsa, y fue moderada por Joaquín Gómez de Hita.

Los distintos puntos de vista se vertebraron en torno al último decreto de la Junta, lanzado hace un año, que tiende la mano a los parcelistas para regularizar su situación y que establece los mínimos de habitabilidad que deben reunir las viviendas que se quieran acoger al decreto, que el Gobierno autónomo aprobó en enero de 2012. En ella se incluyen condiciones de ubicación y accesibilidad de las edificaciones, el impacto generado por las mismas, sus condiciones de seguridad, las condiciones mínimas de salubridad y las características de habitabilidad y funcionalidad.

El futuro dibujado es más bien gris oscuro. Más tendente al optimismo, según Rebollo, mucho más deprimente, según Obrero. Fue este último quien ofreció la exposición más divulgativa y amena, a la vez que clara. En su opinión, el problema de las parcelaciones es un “problema de sistemas de referencia”. Es decir, de las normas que rigen y los elementos fuera de ellas que pueden aparecer violándolas. La solución que se ha adaptado hasta ahora es “cambiar el legítimo sistema de referencia, basado en la protección del medio ambiente, la gestión del territorio y la sostenibilidad” para “dar cabida a situaciones solo amparadas en intereses espurios”.

La visión de Obrero fue rechazada por Rebollo. “No podemos decir que en las laderas de la sierra nunca hubo ocupaciones, siempre ha habido pequeñas industrias”, dijo enfáticamente. Para Rebollo, el problemas de las parcelaciones es básicamente un problema urbanístico y judicial, mientras que para Obrero se trata sobre todo de un conflicto social, ya que la mayoría de las casas son las únicas viviendas de los dueños, lo cual dificulta el derribo, “solución dolorosa pero ejemplarizante y preventiva que apenas si se ha utilizado”.

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