Pablo García Casado: “Ser cordobés, como diría Valdano, es un estado de ánimo”

Pablo García Casado pregona el Mayo Festivo 2018 | ÁLEX GALLEGOS

Pablo García Casado no es un poeta al uso. Y tampoco iba a ser un pregonero cualquiera. Este martes, en el grandioso Salón de los Mosaicos del Alcázar de los Reyes Cristianos, Pablo García Casado dio por inaugurado el larguísimo mayo festivo en Córdoba con un pregón diferente, en el que se alejó de “las palabras jazmín, calleja y nenúfar” que “parecen haberse gastado con el uso, y a fuerza de repetirse van perdiendo poco a poco su color y su perfume”.

“Dicen que el primero que dijo las perlas de tus labios en vez de dientes maravilló a la concurrencia. Y quienes nombraron por primera vez el embrujo de la luna o el rumor del agua en la fuente invitaban a un caudal de infinito de sensaciones. Pero ahora no. Ahora todo eso nos suena a música de fondo”, arrancó García Casado, en un pregón en el que pasó sobre el verdadero mayo festivo, el del siglo XXI y el que vivió en los años ochenta, lejos de la corte oficial, cerca de la gente, y, sobre todo, “sin caer en el chovinismo”. Que es la mejor manera de reivindicar el lugar en el que uno vive. En el que uno nace o se hace.

“No creo que haya nada que nos haga diferentes a todos los seres humanos de la tierra. No tenemos un distinto ADN. Somos, como diría el gran actor José Luis Gómez, un pueblo amestizado. No hay un cordobés prototipo”, disparó. “Cada uno es cordobés un poco a su manera, ya sea por haber nacido o por elegir vivir aquí. Porque ser cordobés, es mucho más que un apunte en el DNI. Ser cordobés, como diría Valdano, es un estado de ánimo”.

“Tampoco somos un pueblo elegido, bastante tenemos con levantarnos cada día para ser lo que somos. Y sí, es verdad, a todos los aquí presentes nos reconforta la belleza singular de esta ciudad”. Pablo García Casado, pues, no fue un pregonero al uso, acrítico con la fiesta, con el lugar donde vive y trabaja, donde crea y escribe poesía y poemas así de directos. Cortita y al pie. Un disparo seco, colocado y gol.

No olvidó ninguna fiesta. Ni como la vivió, ni como la vive ni como la viven. Arrancó con las romerías, con esas donde en vez de caballos había landrovers y jóvenes en carrozas escuchando de todo menos sevillanas, donde llovía (porque en la primera cordobesa también llueve) y donde todas las mujeres se llamaban Evemaría.

Continuó con una cata que ha visto cambiar aunque siempre se planteó como algo ajeno a los jóvenes por los viejos que querían mantener los odres inalterables. Y el velo en flor. Para seguir por unas cruces que como los vascos nacen y se ponen donde quieren, que lo mismo da la Cuesta del Bailío que un solar donde los niños juegan al fútbol en la Letro.

Se preguntó a ojos de una turista qué son los patios de Córdoba y porqué la gente abre su casa, la llena de gente, cuida sus flores y mantiene una fiesta que ni un dossier tocho en la Unesco ha sabido explicar bien. Para concluir con la fiesta más plural y postmoderna de la ciudad, la Feria, donde es posible escuchar heavy, bailar sevillanas, añorar las hamburguesas Uranga y entrar y mezclarse con todos y en cualquier sitio.

Y brindó con todos, los que de una manera u otra son protagonistas de uno de los pregones más auténticos que se recuerdan.

https://www.slideshare.net/cordopolis/pregn-del-mayo-festivo-2018

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