Los mayores descubren el alumbrado en taxi: “Es como empezar a vivir de nuevo”

Un grupo de mayores saluda antes de partir | TONI BLANCO

Las arrugas predominan en sus rostros. El tiempo tiene presencia en cada una de sus caras, o al menos en la mayoría. También en su condición física. Sin embargo, en esta ocasión desaparecen esas circunstancias y la realidad es muy diferente. Todos, ellos y ellas, regresan a la infancia durante una noche. Un viaje atrás en sus edades que es patente desde el primer momento. Mientras quienes van a convertirse en cicerones de la alegría por Córdoba aguardan para iniciar la marcha, desde los vehículos surgen cánticos, palmas, el sonido de alguna pandereta y, por supuesto, muchas risas. Es el resultado de una iniciativa que cumple su décimo segunda edición y que supone un magnífico regalo de Navidad. Se trata del Paseo de la Ilusión que organiza cada año la Asociación de Autónomos del Taxi (Auttacor) y que permite a multitud de personas mayores disfrutar del alumbrado que en estas fechas llenan de color y vida la ciudad.

La décimosegunda edición de esta bonita propuesta se desarrolló con la participación de un total de 70 taxis, en los cuales unas 280 personas de edad avanzada tuvieron ocasión de salir en horas no habituales de sus residencias -de 14 partieron- para vivir una experiencia que resulta realmente emocionante. También para los conductores, que este lunes la disfrutaron después de vivir un trago amargo: un par de horas antes habían despedido a un compañero fallecido. Un contraste que otorgó mayor valor si cabe al paseo, con una duración prevista de unas dos horas y con un recorrido de en torno a tres kilómetros. La caravana de vehículos arrancó su rodaje en la explanada del Palacio de la Merced y siguió por plaza de Colón, Ronda de los Tejares, República Argentina, paseo de la Victoria, Puerta Gallegos, Concepción, Gondomar, Tendillas y Claudio Marcelo antes de iniciar el regreso a cada uno de los puntos de partida.

Si rebosante era la felicidad de las personas mayores que vivieron el paseo, no menor era la agradable sensación que dejaba la experiencia a los taxistas. “Para nosotros es una gran satisfacción poder darle una alegría a estas personas que, por circunstancias de la vida, están en una residencia. Les damos su paseíto y para ellos es una vivencia muy bonita”, expresó Antonio instantes antes de arrancar su coche. Él recogió a cuatro residentes de La Trinidad y llegó a aseverar que el sentimiento que genera la iniciativa “es un poco inexplicable”. “Están muy contentos, porque como están muy mayores y no salen apenas, nada más salir les ha dado alegría ver las palmeras iluminadas”, señaló sobre la sensación de quienes conformaban su especial servicio.

Además, este Paseo de la Ilusión ofrece otras historias. Alguna inesperada y que hace mucho más intensa la experiencia. Es el caso de la situación que vivió Etelvina, una simpática señora residente en Los Dolores. A sus 89 años, y sin esperar que pudiera suceder, se reencontró con uno de los chiquillos a los que cuidara muchas décadas atrás en el Colegio Hogar Santa Rosa. “Para mí ha sido una alegría muy grande, pero más cuando me he dado cuenta de que el chófer que me traía había sido alumno mío cuando yo era joven”, narró entre sonrisas de indescriptible amplitud. “Mi alegría ha sido muy grande al verlo un hombre cabal, casado y con familia”, añadió antes de recordar antiguas vivencias.

A su lado, fuera del vehículo, se encontraba Javier, el otro protagonista de un relato único. “Yo coincidí allí (Hogar Santa Rosa) dos años y hoy la he reconocido. Me ha dado mucha alegría. Entré allí como un crío y qué curioso ahora poderla llevar”, apuntó. Un villancico comenzaba a sonar en el interior del taxi mientras su conductor afirmaba que esta iniciativa está cargada de emociones y provoca una gran felicidad compartida. “Es una experiencia impresionante, verles esa ilusión y que es como si empezaran a vivir otra vez”, comentó. Y así es, según confesó una sonriente Etelvina. “No sabemos cómo pagarle a los taxistas el esfuerzo que hacen por nosotros. Salir a esta hora es como empezar a vivir de nuevo, porque ya o podemos salir a ciertas horas, ni hacer ciertas cosas”, dijo la simpática residente de San Jacinto, que entre sus compañeras tenía a otras dos señoras de 93 y 95 años. A todas les brillaba la mirada, quizá porque siguieron la receta que dio Etelvina para alcanzar sus edades: “Procura ser feliz con todo y en todo, que no te amarguen”. Ellas, como muchas otras personas mayores no olvidarán ya este lunes. Ni las luces navideñas, ni los reencuentros para nada esperados.

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