El hombre que no quería salir en la foto

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“Estar todo el día en la foto, francamente, eso es ridículo. No me merece crédito ni respeto”.

Julio Anguita no quería salir en la foto. Cualquiera que haya tenido el placer que entrevistarlo lo sabe. La consigna era clara: nada de posados. No me moleste y no se moleste.

Nuestro responsable de fotografía en CORDÓPOLIS, Madero Cubero, recordaba este sábado la única vez que el exalcalde le permitió el capricho. “Solo me harás una”, le advirtió Julio ante su insistencia en un posado. Acto seguido, el exalcalde se colocó en mitad de la plaza de la Corredera y miró fijamente a la cámara en vez de hacia la izquierda, como casi siempre solía hacer.

El fotógrafo hizo un disparo. Y ya está. El modelo se movió. “Espero que te haya salido bien. Te dije que solo una”, acertó a escuchar el fotógrafo mientras Anguita se escapaba entre los arcos de la plaza.

Todos los fotógrafos y periodistas de Córdoba tienen una historia de suaves desencuentros con Julio Anguita. Porque a Julio, sencillamente, no le interesaba figurar. Por eso era muy común verlo en los mítines con los brazos cruzados mientras sus compañeros se rompían las manos aplaudiendo. El triunfalismo no era lo suyo. Y posar, tampoco.

Porque Julio no quería salir en la foto. Julio quería entrar en las cabezas.

Y no le gustaba la fanfarria. Solía decir “al grano”, a los dos segundos de que el periodista le estrechara la mano. No siempre aceptaba preámbulos, pues su tiempo era suyo. Sus opiniones, sin embargo, eran patrimonio nacional en el mismo momento en que se encendía la grabadora.

Quizá por eso su nombre siempre surgía cuando se hablaba de coherencia política, con independencia de las ideas de quien estuviera en la mesa. Por eso mismo su discurso acabó seduciendo incluso a quienes jamás convencería. Precisamente porque sus palabras siempre eran producto del convencimiento y no de la seducción.

Hablamos de un alcalde comunista y republicano que durante su mandato regalaba a sus conciudadanos un ejemplar de una constitución monárquica cuando estos cumplían la mayoría de edad. Y que acompañaba el ejemplar con una carta en la que animaba a su lectura “en la confianza de que un pueblo más culto, más conocedor de sus derechos y obligaciones, es un pueblo más libre”.

Con puño y letra firmaba aquellas cartas hace 35 años y con puño y letra firmó un manifiesto público contra la crispación política hace solo doce días. En él, Anguita volvía a aquella misma idea y recordaba a los ciudadanos “que el recurso de mirar hacia otro lado, obviando su participación, afectará negativamente a su vida y a sus libertades”.

Que quede constancia, por tanto, de que su discurso socrático no ha cambiado en los últimos 40 años: solo el conocimiento nos hará libres.

Julio Anguita ha muerto. El luto se queda en Córdoba. La pena es universal.

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