El día que la Unesco lo cambió todo

Colas en San Basilio para entrar a los patios el año pasado. | MADERO CUBERO

Fue un trámite sin debate, pero no exento de suspense. El día previsto había pasado y, por un defecto de forma, la deliberación de la que Los Patios de Córdoba saldrían como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la Unesco tuvo lugar un día después, el 6 de diciembre de 2012, justo hace 5 años. Aquella mañana de jueves, en Cordópolis dijimos: “La elección de Córdoba se produce a la segunda. El año pasado se tocó con la punta de los dedos”.

Aquel día cambió todo un poco. Fue un día festivo, como lo son los patios de Córdoba. Se descorcharon botellas, en París y en Córdoba. En los patios también, por supuesto. “El hecho de que una institución tan internacional reconociera a una fiesta tan local supuso un aldabonazo al trabajo que han hecho tantas personas”, afirma Rafael Barón, presidente en la actualidad de la Asociación de Claveles y Gitanillas.

En aquel entonces, Barón no ostentaba el cargo actual. Sin embargo había estado ligado a la candidatura desde el principio y había visto como el cambio de los criterios en la Unesco demostraban que el Gobierno de España y del Ministerio de Cultura, entonces en manos de un recién llegado José Ignacio Wert, habían estado “cortitos” en la preparación del expediente. Aquel varapalo fue temporal y vino con un año de gracia dedicado a “buscar mucha información y hacer un esfuerzo de síntesis para entregar un trabajo satisfactorio”.

Satisfacción que halló respaldo en la Unesco. Y respaldo que dio un empujón a la fiesta. Para Barón, lo mejor de aquello fue que movilizó a muchas personas que eran reacias a abrir sus patios al público. Lo peor, la masificación y las colas. Aunque con matices. “Yo mantengo que es mejor esperar diez minutos en la puerta de un patio a que entren en manada agobiados y no puedan disfrutarlo”, reflexiona al respecto.

Contar la fiesta, para compensar la espera

“Cuando se declaró, toda la sala, los 170 países que están allí representados, hizo un aplauso clamoroso”, rememora Miguel Ángel Roldán, presidente de la Asociación Amigos de los Patios, que vivió la declaración en París y que hoy la considera “la guinda del pastel” a una fiesta que “ya se conocía mundialmente” .

Un espaldarazo que se celebró en un clima de comunión entre propietarios y vecinos de la ciudad que no se ha mantenido del todo 5 años después. Para él, lo primordial es que el cordobés de a pie tome una mayor conciencia sobre el papel de los cuidadores, a quienes considera “los grandes protagonistas de esta fiesta” y que hacen “una gran labor por la ciudad, atrayendo gente y beneficio a Córdoba y sus empresas”. De las ayudas públicas no tiene queja, sin embargo, aunque relata que “son las más complejas porque los patios son recintos privados”.

“Es un binomio que no cuadra muy bien, a pesar de que los Patios aporten una gran parte de la imagen y la economía cordobesa”, remarca Roldán, que cree que la inercia parece “más fuerte desde fuera de lo que ha sido en realidad”.

Lo que sí rechaza el presidente de Amigos de los Patios es la idea de masificación de la fiesta, ya que “colas ha habido siempre”, y quizá lo que habría que hacer es mejorar los controles en puerta para que “quien entre o quien espere, pueda disfrutar del patio” y se le pueda compensar la espera con lo que considera la esencia de la fiesta: “El visitante que se pone a hablar con el cuidador, que le cuenta cosas del patio”.

Mirar al futuro: educar, llevar la cultura y perpetuar la tradición

Para Virginia Molina, propietaria del Patio Vesubio, la clave está en mirar al futuro. De hecho, casi no recuerda aquel 6 de diciembre de 2012 salvo por la alegría que inundó al barrio de San Lorenzo, que empezó a vislumbrar unas ayudas que “ni fueron muchas más, ni llegaron de inmediato”. Molina me pide que mire dos noticias, ambas sobre los planes del Ayuntamiento de bonificar el IBI y bajar el precio del agua a los propietarios de los patios. Estamos en 2017, claro.

“Desde fuera no se ve igual. Yo cuando no tenía patio no me daba cuenta del trabajo que tenía cuidar las plantas todo el año, que hay que pintar, que muchos de los cuidadores son mujeres mayores, que para participar en el concurso hay que aumentar el número de plantas. Los gastos de agua son brutales”, señala la propietaria y cuidadora de un patio que es famoso por su visión moderna de la fiesta y sus actividades culturales.

Y es que, para Molina, el futuro de los patios pasa por educar en la tradición y por poner en marcha talleres y enganchar a la gente joven, y para ello cree necesario que los Patios sean escenario de las grandes citas culturales de la ciudad, como Cosmopoética o el Festival de la Guitarra. “Yo no necesito que a los patios vaya una primera figura, pero estaría bien que se permitiera que vayan artistas locales o gente del propio barrio”, apostilla esta propietaria, que echa de menos sobretodo la espontaneidad perdida de la fiesta. En su caso, lo tiene claro, eso se lo ha llevado la “masificación”.

Para limar esta y otras cuestiones, Molina propone la creación de mesas redondas en las que se estudie bien un plan para los patios, y en las que estén presentes los propietarios. “Todos. Hay que dejarlo claro. Los patios son de los propietarios. Nadie puede decidir por nosotros y hay cosas en las que deciden”, critica Molina.

Barón, por su parte, cree que la fiesta ya se ha estabilizado un poco y que lo mejor para los patios es “no hacer muchos experimentos”. “El atractivo está en la sencillez y la naturalidad”, asegura al respecto. La duda está en cómo mantener fresco, natural y sencillo algo que, para bien y para mal, se convirtió en un producto el mismo día en que la Unesco hizo realidad el sueño de muchos vecinos de Córdoba. Y ya lo decía Óscar Wilde: “Ten cuidado con lo que deseas, porque podría convertirse en realidad”.

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