Bretón no confiesa

FOTO: RAFAEL MADERO CUBERO
“Que se pudra en la cárcel”, reclaman sus vecinos

“Es una aberración”. Eso es lo que piensa José Bretón de los dos informes forenses que aseguran que quemó a sus dos hijos en una gigantesca hoguera el 8 de octubre de 2011. Esposado, tranquilo, a escasos cinco metros de los restos (ya casi invisibles) de la hoguera, José Bretón volvió ayer a su parcela de Las Quemadillas y, como el primer día, volvió a negar, a decir que no, que sus hijos no están allí y que es imposible lo que apuntan los dos informes forenses que han hallado restos óseos de dos niños de 6 y 2 años (la edad de Ruth y José aquel 8 de octubre) en la fogata.

“No ha confesado absolutamente nada”, aseguraba esta mañana José María Sánchez de Puerta, su abogado defensor, ante una nube de medio centenar de periodistas. “Piensa que es una aberración decir que los niños fueron quemados en la hoguera”, insistía.

A las 11.30, Bretón salía de la finca en un furgón policial camino de la prisión provincial de Córdoba. Según su abogado, esta “puede ser la última vez” que venga a Las Quemadillas. La Policía, con los dos informes forenses en la mano y a la espera de otros dos más, ya lo tiene claro. Para contrastar las conclusiones de estos documentos, esta mañana los agentes se han centrado en recoger nuevas pruebas de la hoguera (casi 11 meses después de que fuera prendida). La Policía ha excavado bajo los restos de la fogata y se ha llevado muestras de suelo, ha encontrado una mesa que estuvo en contacto con las llamas (y también se la ha llevado), además de palas y otros utensilios que pudo haber usado Bretón aquel 8 de octubre.

Al contrario de lo previsto, Bretón no ha sido interrogado ni por el juez ni por la Policía. Dentro de la finca y durante este último registro, solo ha hablado con su abogado para decirle que no tenía nada que confesar porque no había hecho nada. Sánchez de Puerta asegura que le ha pedido que “pase lo que pase esté siempre con él”. “No le voy a abandonar”, aseguró ante la masa de periodistas, visiblemente contrariado por las conclusiones de los informes forenses.

El furgón que transportaba a Bretón desde la cárcel llegó a la finca un poco antes de las 9 de la mañana. Desde la ventana podía leer las pintadas anónimas que inundan la fachada de su parcela y que le piden la pena de muerte, lo llaman “papito asesino” o lo califican de “monstruo”. Tranquilo (ayer salió al patio de la prisión a pasear como si nada tras conocer el resultado de los informes forenses que desmontan todas sus versiones), el padre de Ruth y José asistió durante cerca de dos horas al que ha sido el rastreo policial más rápido desde que arrancó el caso.

Dentro, alguno de los policías que ha dirigido la investigación respiraban y 'masticaban' su error. Tocados a la vez que aliviados, los agentes ya no estaban tan tensos como durante estos últimos 11 meses y se permitían, incluso, el lujo de bromear con algunos periodistas. El caso parece resuelto (es muy difícil que pese a que no se halle ADN Bretón pueda librarse de la pena de asesinato, al tratarse de huesos de dos niños de la misma edad que sus hijos) y eso es lo que cuenta para unos policías que no dormían tranquilos desde octubre del año pasado.

A las 12, Las Quemadillas volvía a la normalidad. Desaparecían los cordones policiales, las televisiones recogían sus antenas y los vecinos de los Bretón se recogían en sus casas. Eso sí, ya no lo defendían como el primer día. Ahora ya todos lo tienen claro: “Que se pudra en la cárcel”, maldecía la propietaria de una parcela trasera. “Maldito sea”.

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