El empresario mojón

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Que conste que este artículo estaba escrito desde el miércoles de la semana pasada. Que sé que más de uno va a decir que soy un oportunista. Pueden dar fe los "supertacañones" de Cordópolis. El título surge a raíz de llegar a mis oídos una noticia en particular. Una noticia que estremece mis ideales como empresario.

No seré yo el mejor ejemplo de empresario, eso vaya por delante, pero sí tengo claros una serie de valores y aspectos que jamás romperé. Veréis, cuando uno se hace empresario pasa por distintas fases, algo que ya vimos hace algunos meses.

Si creamos una empresa, al principio casi siempre será autoempleo. La siguiente fase, la que más cuesta probablemente, es la de contratar por primera vez a alguien para nuestro proyecto. Esto es así porque en el momento en que incorporamos a alguien al equipo adquirimos una responsabilidad sobre ellos. Una responsabilidad de honestidad y ética profesional. Si ellos responden en tu proyecto tú has de corresponderles y cumplir con ellos con tu deber como empresario.

La noticia que llegó a mis oídos era la de un empresario, antaño ídolo de masas, que incumplía con su deber. Ya era sabido de su decadencia como profesional, pero ese día alcanzó cotas mínimas de calaña personal.

Sinceramente yo no sé cómo ha llegado a esta situación. Mira que lo conocí estrechamente y formé parte de aquellos que estaban a su lado. Pero poco a poco fue apartándonos (a mí y a otros) hasta convertirse en alguien irreconocible, capaz de arruinar su imagen y el mejor proyecto empresarial y sentimental de la ciudad de Córdoba.

(A partir de aquí, actualizado según hechos del pasado jueves 7).

Todos sabíamos que esto iba a pasar, aunque cierto es que no pensábamos que fuera a ser ya. Pero la verdad es que el reguero de penalidades, falta de ética y discurrir de los acontecimientos, había llegado ya a un punto difícil de imaginar meses atrás.

Da igual el nivel al que estemos hablando: un empresario ha de actuar como tal. Cierto es que ponemos nuestro patrimonio en juego, pero eso no nos exime de cumplir y jugar con las vidas de otras personas. Y sí, lo he dicho bien, las vidas. Porque si tenemos a gente en plantilla, estos no tienen culpa de que seamos malos gestores, sus familias no tienen por qué sufrir nuestras malas decisiones. Un trabajador no debe sufrir la falta de cumplimiento de la empresa en materia de pagos de su salario.

Pero, igualmente, no lo debe de sufrir un proveedor. Cierto es que se negocian condiciones y a veces hemos de decidir si trabajar con alguien o no según sus condiciones. Pero tampoco han de verse afectados.

Hace poco tenía una charla con un joven emprendedor que me pedía consejo. Durante dos horas estuvimos analizando su proyecto para ver cómo lo estaba planteando. Al finalizar la reunión me decía que jamás nadie le había hablado con tanta claridad sobre lo que era embarcarse en ser empresario. Nadie le había contado la realidad de afrontar un problema de liquidez, de pagos a proveedores, de problemas de personal y un largo etcétera. Ser empresario no es nada fácil, y habría que ser responsable de esa situación.

Porque ser empresario es cumplir con ciertas obligaciones. Si no, te convertirás en un empresario mojón. Y créeme, no todos son así ni eso es lo que todos hacen. No.

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11 de noviembre de 2019 - 23:24 h
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