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¡NO QUIERO!

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Isabel Galindo

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Más o menos a la edad de dos años, los niños comienzan una etapa tan crucial para ellos como estresante para los padres: la etapa del NO. Cualquier pequeña decisión del día a día se puede convertir en una lucha infinita entre hijo y progenitor, desde qué ropa se va a poner, que se coma un yogurt de fresa en vez de plátano hasta la hora de irse del parque.

Lo que antes se daba por hecho, ahora comienza a ser cuestionado por el niño, y tiende a reaccionar a todo con un rotundo “NO”, incluso en situaciones en las que saldría más favorecido si su respuesta hubiese sido afirmativa.

Durante esta etapa el niño, a su manera, está creciendo y empezando a ser más autónomo. Por ello utiliza esta táctica como forma de separación, de individualización. Quiere tomar él sus propias decisiones como forma de convertirse en una persona independiente.

¿ Por qué es crucial esta etapa? En este momento es cuando más se necesita la resistencia de los padres. No es bueno que se imponga siempre el criterio del padre o de la madre, creando, por así decirlo, una pequeña dictadura. Hay que tener en cuenta también la opinión del pequeño.

Pero también es muy necesario crear unos límites que le ayudarán, el día de mañana, a saber que no todo lo que quiere o hace está permitido, y se tiene que adaptar a un mundo que no está hecho para satisfacer todas sus necesidades. Estas pequeñas frustraciones que recibe el niño desde pequeño, le ayudarán también a crecer y desarrollarse, y le servirán para un futuro, donde inevitablemente se tendrá que enfrentar a unas frustraciones mucho mayores.

Déjale claro los límites que son incuestionables: si se tiene que ir a dormir a las 21, es a las 21, y punto. Está bien que expliques los motivos por los que lo has decidido así, pero que quede claro que no vas a cambiar de opinión.

Esta postura puede resultar muy molesta, ya que, seguramente, conllevará muchos llantos, berreos, salir media hora más tarde de casa porque le has dicho que se ponga el abrigo y no quiere ponérselo, pero es algo necesario. Puede resultar difícil mantenerse firme y no ceder ante el comportamiento del niño, pero es mejor armarse de paciencia y esperar. Poco a poco, cuando se dé cuenta de que, a pesar de sus protestas, tiene que hacer lo que dices porque no vas a cambiar tu forma de pensar, éstas se irán reduciendo en frecuencia y en duración.

Algo muy importantes es, lo que en psicología se denomina “ refuerzo”. Muestra al niño lo satisfecho que estás de que haya obedecido, incluso si le ha costado un poco y se le han escapado unos cuantos gritos y lloros. Siguiendo con el ejemplo anterior, cuando se haya puesto el abrigo, dale un beso, dile que estás muy contento, y cuéntale lo bien que lo vais a pasar ahora en la calle. Si él ve que recibe cariño y satisfacción obedeciendo, tenderá a repetir la acción que le ha hecho salir reforzado.

Evita también castigarle cuando se niegue a hacer lo que le pides. Es mejor (aunque mucho más cansado) repetir varias veces la orden y animarle a que lo haga, a enfadarte y castigar, ya que el niño solamente verá la parte negativa, y en situaciones futuras es muy probable que vuelva a repetirse lo mismo.

Pero también deja que decida él en algunos temas, sé flexible, y en lo que no es crucial ni perjudicial para él, es muy positivo que el niño empiece a tomar sus propias decisiones. Es beneficioso incluirle en algunas elecciones y tener en cuenta su punto de vista. Que vea que lo que él dice también es importante,y crear también así una responsabilidad adaptada a su edad.

¡Nos leemos la semana que viene! ( Es una orden, de las incuestionables)

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